El teatro se cocina en las aulas

Estudiantes y profesores de Unearte están exhibiendo sus montajes de egreso. Eufemismo para decir que se acabaron las clases y ahora empieza la guataca profesional

                                       Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                         Fotografía Mairelys González@mairelyscg27

Emily Morillo productora de Cariño malo

Dotados de los poderes extraordinarios que se adquieren con el entrenamiento forzado por la adversidad, la gente que hace teatro en Venezuela obra milagros cada día. No solo para llevar una obra a escena, también para elucubrar, producir, promocionar y más abajo aún, para estudiar.

Los chamos que cursan el Plan Nacional de Formación (PNF) de Teatro, mención Dirección Teatral, en la Universidad de las Artes (Unearte), saben jugar con el fuego, porque se forman durante cuatro años, pero también porque luchan contra los dioses de la venganza en una época, un mundo, un país, atravesados por los puñales malevos del infortunio.

Los chamos que cursan el Plan Nacional de Formación de Teatro, mención Dirección Teatral, en la Universidad de las Artes, saben jugar con el fuego

_

Lo bueno es que son chamos y chamas y andan por la vida desenfadados, ansiando tragar fuego, como un grupito de muchachit@s de veinte años que no le temen a la locura y con pandemia y todo se lanzaron desafiantes a cumplir una tarea: presentar su montaje de egreso, y así cumplir un requisito académico y a la vez desenmarañar una pasión que más temprano que tarde será su destino
profesional.

Eline Figueroa directora de El Motor

La carrera les propone, como exigencia para salir formalmente graduados, exhibir una obra y presentar un proyecto de investigación y un proyecto artístico comunitario, tres requerimientos. Pero el montaje es el más importante porque se trata de una producción profesional con la que el estudiante debe demostrar que de algo sirvió su paso por materias como Dirección I, II y III, Realización de musicales, Teatro infantil, entre muchas otras unidades curriculares que exigen aprendizajes en análisis del texto dramático, teatro universal, teatro latinoamericano, teatro venezolano, realización audiovisual, realización para nuevos medios y lenguajes audiovisuales, etcétera.

En esta ocasión, Cariño malo bajo la dirección del profesor y director teatral Guillermo Díaz “Yuma”, El motor de Eliné Figueroa y Y.U.T.M.A.N el inolvidable dirigida por Yilkry Martínez, son las piezas que muestran el vigor del teatro venezolano desde su cantera.

Yilkry Martínez y Yendi Vegas trabajan la creación de artes escénicas y no paran ni en tiempos pandémicos

Cariño malo

Díaz Yuma es, básicamente, una gloria del teatro venezolano. Director de teatro, fundador junto al maestro Eduardo Gil del Taller Experimental de Teatro (actualmente Centro de Creación Artística TET), y profesor en Unearte, nos explica que de lo que se trata es de que l@s chic@s hagan un montaje a partir de un proyecto de tesis con el que se gradúan, como parte de las exigencias del pénsum de estudio.

“Pero como los muchachos entraron ahí para aprender a hacer teatro, cuando hacen la tesis tienen dos opciones: o la entregan en papel, o con ese papel hacen un montaje. En épocas anteriores la Unearte te apoyaba con producción, personal, asistentes, todo lo que necesitas en un montaje final, pero desde hace cinco o seis años para acá, por las deficiencias presupuestarias, los muchachos se las tienen que ingeniar, pero casi todos prefieren hacer una tesis que tenga su expresión teatral”.

La carrera les propone, como exigencia para salir formalmente graduados, exhibir una obra y presentar un proyecto de investigación y un proyecto artístico comunitario.

_

Dirigió Cariño malo que se presentó el 10 y 11 de julio pasado en el teatro Luis Peraza, obra original de la peruana Inés Margarita Stranger, “una pieza muy melancólica sobre la nostalgia, el desencuentro, el rechazo, el pasado donde hubo alegría, dolor y tristeza, que estas mujeres rememoran dialogando acerca de eso. El montaje se hizo con tres personas, dos chicas y un chico, e hicieron una versión de la obra de Inés pero más experimental. A mí me tocó dirigirlas para que culminaran su proceso y la presentamos en el Luis Peraza para que pudieran terminar su formación en estos tiempos tan difíciles de pandemia, donde la universidad ha estado cerrada y a todos se les ha hecho difícil encontrarse y reunirse, y los espacios con problemas de habitabilidad o bajo la condición de zona bajo protección de covid. Al final los muchachos salieron triunfantes, se graduaron y ahora toca la parte administrativa y académica que estamos tratando de solucionar porque la universidad se quedó sin página Web, entonces no hay ni como ponerles la nota”.

Mostraron lo aprendido en pleno escenario             Foto Andrea Dickson

El motor

Estefany productora de El Motor

Eliné Figueroa entró a estudiar en Unearte en 2017 y luego de cursar con suficiente esfuerzo, como todos, se encontró con esta última asignación que no es sino una unidad curricular más en la que tienes que demostrar y aplicar todo lo que aprendiste.

“Primero hay que presentar un proyecto muy bien elaborado en el que se explica todo lo que se quiere hacer, la obra, la propuesta estética, a través de qué metodología se va a dirigir la pieza, la historia de la obra, y todo eso es una investigación amplia que se presenta por escrito y a través de una exposición frente a un jurado que aprueba, y un tutor”.

Su montaje fue aprobado y era obligatorio llevarlo a puerto feliz, es decir, su presentación,  la cual se realiza el viernes 13 de agosto en los espacios del teatro Nacional. Se trata de la pieza El motor, original del escritor venezolano Rómulo Gallegos. Obra que considera complicadísima y asumió como reto cuando estudiaba la materia Teatro venezolano.

“Es una obra escrita en 1910, montada en los años noventa y muy criticada en su momento pues daba miedo, aunque no tocaba temas políticos, ninguna compañía quiso montarla. Es muy de novela pues Gallegos, primero que nada, fue dramaturgo y esta es una obra que de una u otra manera refleja el teatro. Habla de un tema que fue, es y será. Nos demuestra que estamos en un círculo que inicia y termina en el mismo lugar”.

Cuenta la historia de Guillermo Orosía, un joven de 25 años que ha vivido toda su vida en el Pegujal, un pueblo fácilmente ubicable en la tendencia del realismo mágico, que sin embargo nombra a Lara y a los andes venezolanos. “El comportamiento de las personas describe un poco lo que son los pueblos hoy en día. Es importante saber esto: a pesar de que fue escrita en 1910, hago hincapié en que sigue pasando hoy. Incluso si uno va a los pueblos de Venezuela, encuentra que las mujeres van a misa los domingos, las vírgenes se colocan las faldas hasta los tobillos, etcétera. Hay énfasis en la religión a través de la madre de Guillermo, Esther, el verdadero obstáculo de su hijo. Ella es la única que está todo el tiempo criticándolo, porque él es un joven que quiere volar y al intentar hacerlo le disparan quince veces, aunque ninguno le da, cae desde un cerro y se parte una pierna. Desde entonces anda en una negativa, todo es malo y penoso, cree que el pueblo es su prisión y culpable de su situación. Hay muchos Guillermos, personas que están todos los días luchando por llevar a cabo un proyecto, y no hay un impulso, un motor que los empuje. Entonces él dice que tiene alas, pasión, pero le falta el motor, el impulso que lo haga volar, y el impulso es el pueblo venezolano. Si no progresamos, no es por un gobierno, no es por nadie en específico, es que somos todos culpables de no salir adelante. Pero asimismo nosotros tenemos las herramientas para hacernos volar”.

Como tesis de grado montaron la obra original de Rómulo Gallegos        Foto Andrea Dickson

Y.U.T.M.A.N el inolvidable

Yilkry Martínez afirma que los que participaron en su montaje enfrentaron auténticos desafíos. “Comenzamos con la pandemia, teníamos muchos problemas para encontrarnos, debimos empezar los ensayos vía WhatsApp, y así arrancó todo. Las chicas estaban asustadas, yo trabajo con puras mujeres en mi montaje. Teníamos abuelitos, gente en riesgo por el covid. Sin embargo fue un intercambio bien chévere y está registrado porque forma parte de mi tesis. Como todo el mundo, buscando cualquier momentico, cualquier semana flexible, con todo lo que es la bioseguridad para nosotras y nuestros familiares”.

Fue duro, asegura. “Al principio muchos nos sentimos agobiados por la pandemia. Con estrés, deprimidos por no poder salir, pero también fue enriquecedor pues gracias a ello logré todo este proyecto que está a punto de salir del horno”.

Y.U.T.M.A.N el inolvidable es de su autoría, se va a presentar bajo la modalidad de videoteatro por Youtube entre el 31 de agosto y el 15 de septiembre (no sabe con precisión la fecha) y se trata de un argumento que sale en defensa de la mujer al denunciar la violencia machista con cuatro casos que le marcaron en su vida personal: “El primero es el de una niña que era mi vecina y a quien un vecino metió a su casa con una amiga y les hizo de todo, lo cual me toca el alma todavía. El segundo es el de Mayell Hernández, una bailarina de Unearte que pasó por la misma desgracia. La tercera es mi prima, de 28 años, a quien su esposo mandó a matar para cobrar un seguro de vida. Y el último es un caso conocido y triste, el de Linda Loaiza, el famoso caso de los Palos Grandes, con muchas injusticias y trancas políticas para su resolución”.

Con broche de oro estudiantes culminaron su ciclo en Uneartes

ÉPALE 426