El Waraira herido a pedal

El anuncio de un rally ciclístico abre las heridas del parque nacional más querido de Caracas. A sus males recurrentes, se suma la pretensión de convertirlo en pista de “rustiqueo”, a la que se oponen la mayoría

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Archivo

Al ulular de la montaña le acompaña una angustia. Son tres o cuatro, a decir verdad. Primero, el auge de la delincuencia moviendo sus tentáculos de terror entre el cortafuego y las trochas menos transitadas, que trae a la memoria el dramático caso de la modelo Marisol Da Silva, asesinada entre sus intrincados pasadizos en febrero de 1993. A mediados de marzo varias mujeres denunciaron el acoso y violación por parte de un sujeto que se movía a sus anchas en las inmediaciones de la ruta Gamboa, Papelón, Corta Fuego y Lomas del Viento, del Parque Nacional El Ávila (Waraira Repano), hasta que fue finalmente capturado por una comisión de la Guardia Nacional Bolivariana.

Algunos caminadores habituales, trotadores y guardaparques despliegan con fertilidad de rumor la hipótesis de que se están extendiendo construcciones ilegales en Galipán, viviendas de uso personal y nuevos establecimientos comerciales que han traído consigo la incorporación del pillaje criminal en los alrededores de esta tradicional comunidad agrícola.

El uso de bicicletas en todo el Parque Nacional está expresamente prohibido, según el artículo 28.b numeral 9 del Plan de Ordenamiento.

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También se habla de la deforestación originada sobre un tramo de montaña contiguo al trayecto del teleférico, donde al parecer se construye un ramal VIP del sistema de transporte turístico y cuya huella de residuo terroso marca una larga cicatriz hasta bien elevada la montaña madre.

Por último, un asombro incomoda a la ciudad: la posible realización de un rally ciclístico de alcance internacional, con participación de más de 150 competidores, sobre un ecosistema de alto interés por su flora y fauna y cuyo cuidado quedó claramente establecido en el Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso (PORU) del parque nacional de hace 28 años y que prohíbe, taxativamente, el uso de bicicletas por el impacto ambiental que implica sobre el suelo, algunas especies animales y la vegetación.

Flora y fauna del parque nuevamente se ven amenazados.

Delito ambiental

Ecologistas, caminadores, ciclistas y hasta el Sindicato Unitario Nacional de Empleados Públicos de Inparques (Sunep), se han pronunciado por distintas vías ante lo que consideran actividades de “rustiqueo” en el parque.

Sunep, mediante un largo comunicado, dice haber demostrado ampliamente la participación de la empresa Enduro Series Venezuela y las máximas autoridades del Instituto Nacional de Parques (Inparques) en la autorizaron y realización de actividades expresamente prohibidas en el Waraira en 2019 y eventualmente este 2021, por lo que el pasado 24 de marzo consignaron ante la Fiscalía General de la República las pruebas que demuestran la responsabilidad penal y administrativa de ambos.

Los propios ciclistas de Caracas se oponen al rally

Se trata de la 2° Válida Enduro Series Venezuela del Waraira Repano, que se realizó El 19 de octubre de 2019 con la anuencia oficial, y la reprogramación de una nueva válida que se tenía prevista para el viernes 19 de marzo de este año, que fue suspendida abruptamente por la agudización de las medidas sanitarias en el país.

Para la edición anterior se utilizó un camino habilitado previamente entre el mirador Boyacá y el cortafuego del parque, que había sido restringido por ser una pica sin autorización legal y por el nivel de inseguridad que implicaba para los usuarios habituales.

La mayoría de los usuarios está en contra también, remarcando que no se trata de una actitud hostil contra los ciclistas.

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Es un evento claramente patrocinado por la empresa privada, que promueve la instalación de vallas publicitarias, remarcado de rutas, disposición de puentes colgantes y locales turísticos, sonido con alto volumen, venta de productos comerciales como alcohol, etc., contraviniendo lo que establece la ley que regula el uso de este espacio natural tan querido por caraqueños y caraqueñas.

La empresa organizadora, por su parte, argumenta que su documentación está en regla pues se han cumplido todos los procesos administrativos, por lo que la actividad va tarde o temprano, según una investigación de eldiario.com.

El uso de bicicletas en todo el Parque Nacional está expresamente prohibido, según el artículo 28.b numeral 9 del Plan de Ordenamiento, Reglamento y Uso del Parque y en la Resolución N°00012 del 04 de marzo de 2011, emanada del despacho del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente.

El uso de bicis en el Waraira está expresamente prohibido.

La mayoría de los usuarios está en contra también, remarcando que no se trata de una actitud hostil contra los ciclistas sino de una posición que intenta resguardar el respeto por la ley. Así lo advierte el Comité de usuarios del parque (Cupnea) en la voz de uno de sus fundadores, Jorge López, quien considera que aunque la norma es vieja, es la que está vigente y con sus disposiciones evita la degradación de la biodiversidad de uno de los parques nacionales más importantes del país.

Para otros, la razón es clara: si se autoriza un rally ciclístico, pronto vendrán torneos de motocross, funrace y cazadores -actividades deportivas federadas en Venezuela-, lo que podría abrir una grieta ingobernable para el futuro de la vocación natural del parque.

Por  lo pronto, el uso de bicicletas en el Waraira Repano se ha multiplicado, y hoy es cada vez más notoria la “competencia” por el espacio entre los viandantes y los ciclistas que ruedan con sus bólidos a toda velocidad practicando el clásico downhill, no siempre exhibiendo respeto por los de a pie.

La válida anterior trajo consigo ruidos, vallas, intervención humana y contaminación.

Los ciclistas no son el problema

El gremio de ciclistas de Caracas, cada vez más vigoroso, no expresa solidaridad automática. Por el contrario, alientan al diálogo frente a esta actividad deportiva “no permisada”, “que deforesta el principal pulmón vegetal de la ciudad para un grupo mínimo y elitesco” como expresan -en un comunicado- los del movimiento BiciCultura. “Hay muchos espacios para la bici de montaña y muy pocos para caminar, que la visión carrocentrista de unos pocos privilegiados no quede impune por lo menos en lo moral” rematan.

Vanessa Vargas, fundadora de WELab, una organización que, entre otras cosas, reflexiona sobre la movilidad suave que ofrece la bicicleta como modo de transporte sustentable, manifiesta desacuerdo ante el uso de los parques nacionales protegidos, que no tienen la infraestructura para recibir esta clase de impactos por ser reservorios de especies animales que pueden llegar a ser afectadas.

“Lamento profundamente que los ciclistas deportivos que practican esta categoría no cuenten con espacios para su desarrollo, pero, el bien común priva ante los intereses de las minorías, y, la conservación de nuestros parques nacionales es para todos y cada uno de los venezolanos”.

Apoya “las acciones legales y sociales que promocionen la bicicleta, conversando y negociando con las autoridades locales y nacionales para una actualización de las ordenanzas para el uso y circulación de bicicletas así como, la organización de rodadas frecuentes que visibilicen su uso no solo como un deporte, sino como un modo de transporte”.

Está entre quienes consideran que el poder mercantilizado de las compañías que impulsan este tipo de acciones, que dañan la flora y fauna de nuestros parques nacionales, se antepone a la “voz de la conciencia”.

Por lo pronto, todo parece indicar que solo la presión pública podría detener una actividad a todas luces ilegal y contraproducente para la conservación ambiental del primer reservorio ecológico de Caracas. Apenas la ha impedido la cuarentena, único saldo positivo de la pandemia.

Los cauchos parecen generar un efecto corrosivo sobre los suelos.

ÉPALE 408