Élites y vanguardias

Por Aracelys García Reyes• @aragar1

En meses recientes, escuché la vomitiva conversación entre dos mujeres, explicándome el por qué nuestros hijos debían estudiar en colegios como el Francia, San Ignacio, Humboldt, Internacional, Caracas, entre otros, una larga lista cuya existencia desconocía. Basaban tal idea en la necesidad de promover a nuestros hijos para que se codearan a temprana edad con quienes en el futuro asumieran el poder, meterlos en las élites. De la conversa, me llamaba poderosamente las expresiones: “codearán”, “meterlos”. Confieso que con la arrogancia de negra que me caracteriza y luego de haber escuchado cosas peores de las que acá no les contaré, me despedí y las dejé entendiéndose entre ellas. Lo que desde mi punto de vista considero grave, no es que alguien quiera educar a sus hijos en un colegio privado. Lo que me molesta sobre manera es que quienes apostaban por esta educación, son “revolucionarias”.

La diferencia que estas mujeres establecían entre ellas y la élite a la que le entregarán las capacidades de sus hijos e hijas, es casi imperceptible. No busco juzgarlas. Sí, por el contrario, advertir la falsa conciencia de quien se sitúan en la esfera de la vanguardia, pero que su accionar es elitesco y distanciado de los sujetos de quien pretende comandancia.

Desde distintos campos de estudio, el fenómeno de las élites ha sido analizado. Muchos de esos estudios no hacen sino justificar a través de la pirámide del poder la presencia de la superioridad, encarnada por hombres y mujeres que nacieron con accesos a los recursos materiales y que bajo la más “objetiva” selección Darwiniana son escogidos para la toma de decisiones, con ello se aseguran el dominio político, económico, cultural, social, científico. Toda élite representa desigualdad, dominación, concentración de poder, imposición de modelos, sobre todo aquellos que homogeneizan y pretenden un criterio único. Los que a su alrededor se “codean”, no son, si no, adalides técnicos, mediadores de las creencias del pueblo y pseudo creadores de la narrativa cultural.

Para nada niego la necesaria existencia de un liderazgo que, junto a la masa pueblo, como lo define la CRBV, dispute el sentido de poder de quienes históricamente lo han ostentado, no para asumir de forma grotesca los privilegios de la que ha combatido, sino para producir el quiebre histórico que está planteado en la democracia participativa y protagónica.

Sigue…

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