En el juego de la vida

Por Humberto Márquez / Ilustración Erasmo Sánchez 

De las canciones rocoleras más filosóficas del arsenal musical del Caribe, nada como ésta, En el juego de la vida del autor puertorriqueño Mundito Medina (entrenador del boxeador cubano Kid Gavilán, Gerardo González), inmortalizada por Daniel Santos “El inquieto anacobero” y el cantante cubano Orlando Contreras; todo un canto nutrido de la azarosa vida del pueblo latino que creció en las cantinas y botiquines populares, donde la muerte es casi siempre una carta segura: “En el juego de la vida/ juega el grande y juega el chico/ juega el blanco y juega el negro/ juega el pobre y juega el rico/ en el juego de la vida/ nada te vale la suerte/ porque al fin de la partida/gana el albur de la muerte”.

En la página La palabra abierta nos cuentan lo que pasa en bares y cantinas, donde siempre apostamos a la desgracia, ¡dígalo ahí!: “…la rocola ya ha tomado la palabra… Entonces la noche se puebla de traiciones, de mujeres perdidas, de cuchilladas, de promesas eternas, de crueldades y dolorosas presencias: la cárcel, el alcohol, el juego prefigurado siempre como una apuesta a la desgracia. Hay pues, en esa música, de alguna manera, toda una sabiduría que busca su propia coherencia. Dicen que se trata de un arte primario y fácil. Más, en el fondo, este cumple con el propósito de todo arte: la aprehensión emotiva de un fragmento del mundo”.

En estos días anduve “cambimbeando” por la Guajira en busca de Río Hacha para tomar un avión a Bogotá, y al fragor de los hermosos recuerdos de mi tesis de grado, volvió a mi pensamiento aquello que para los wayuú, nacer es comenzar a morir, al decir de mi hermano Ramón Paz Ipuana, pero en la cultura bohemia, vivir es un juego, pero también es un camino directo hacia la muerte, a veces con escalas largas y hay vuelos directos también, en cualquier caso: “Juega con tus cartas limpias/ en el juego de la vida/ al morir nada te llevas/ vive y deja que otros vivan/ cuatro puertas hay abiertas/ al que no tiene dinero/ el hospital y la cárcel/ la iglesia y el cementerio”. ¡Guillo!

ÉPALE CCS N°477

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