En el Valle la Ruta de las flores la hacen las comuneras

Un recorrido por el barrio dio inicio a una jornada donde las voces del feminismo comunal intercambiaron experiencias con la mexicana Karina Ochoa

Por Niedlinger Briceño Perdomo • @linger352 / Fotografías Alexis Deniz • @denizfotografia

Antes de empezar a leer este texto debo hacer la acotación que voy a generalizar en femenino, ya que fue una actividad organizada, dirigida y protagonizada por las comuneras caraqueñas, quienes con la consigna “sin feminismo no hay socialismo” dieron apertura al espacio. Ojo, también estaban los compañeros siendo parte del encuentro porque precisamente el “feminismo comunal se construye también con ellos”.
Ahora sí. Desde la construcción colectiva como todo lo bello, en la Comuna Socialista 5 de Marzo Comandante Eterno, ubicada en la parroquia El Valle, están convencidas que solo juntas serán capaces de la transformación cultural, ideológica y política del pueblo.

Esta semana recibieron en la comuna a la compañera Karina Ochoa, feminista descolonial y socióloga mexicana, quien desde su sencillez y humanidad les dice que son ellas quienes pueden demostrar al mundo la lucha que llevan por la equidad y la defensa de los derechos de las mujeres desde lo más cotidiano, y lo más interesante, es que la mirada no fue desde lo particular, fue desde lo colectivo en la voz de diferentes voceras comuneras. A esto le llamaron: Voces del feminismo comunal.

Arrancamos con un recorrido en el barrio, subiendo por la 5 de julio y escuchando detalles acerca de las características geográficas del territorio. Llegamos a la casa Morada y ahí estuvieron compartiendo la experiencia de cómo el Frente Cultural de Izquierda (FCI), la Colectiva Tejiéndonos Mujeres y la Unión Comunera llegaron a ese lugar, siempre desde un hecho cotidiano colectivo que las define como constructoras del “Comuna o Nada” como legado del Comandante Hugo Chávez.

Anaís Márquez es la principal dirigenta de esta comuna y nos cuenta que está conformada por 2270 familias, aproximadamente cinco mil habitantes, siete consejos comunales en una extensión de 11,8 hectáreas. Esto resulta que quienes viven en la comuna urbana barrial viven en hacinamiento.

 

Chaparrón en la Morada

En el corazón de esta comuna adquirieron una casa que, literal, está pintada de morada, y es que ese color simbólicamente es el que usan las mujeres del mundo que luchan por sus derechos. Una casa chiquita pero acogedora y que además cumple un papel fundamental en la construcción de la comunal despatriarcal.

En este lugar el cuento fue largo y extendido pues un torrencial aguacero nos detuvo, cosa que permitió seguir tejiendo la historia e intercambiando andares de cómo llegaron a donde están en este momento como organización e impulsar un proceso importante en varios territorios.

La casa llegó por medio de financiamientos de proyectos donde cada compañera puso de su salario y de un pote colectivo para poder contar con un espacio físico donde las mujeres pudieran sentirse cómodas para contar, hablar y expresar sus intereses, preocupaciones y agotamientos sin ser señaladas o juzgadas.

“Una de las cosas más maravillosas que me ha pasado es conocer a este equipo y ser parte de la construcción de la comuna, lugar donde vivo desde hace muchos años. Este es el lugar donde me siento feliz de construir”, expresó la comunera Rusmary Carrasquel.

Más de 300 escalones subimos hasta llegar a la Morada

Mandala de Mujeres Comuneras

“Un círculo de mujeres es el espacio donde nos sostenemos, ese mandala donde cada una, desde su lugar, aporta a formar un todo. Donde nos abrimos cual flor y nos soportamos como tallo fuerte para descubrir que nuestra raíz es común y que podemos volver ahí porque es seguro y firme”, definición de Diana Scheifes, comunera que es parte del Comité de Gestión Mujer y Equidad de Género, y quien dirigió toda esta actividad que les cuento.

Esta es una de las actividades importantes que se realiza en la Morada, pero también hacen cine foros, formaciones en maquillaje y manicure, talleres de sexualidad, etcétera. Tienen un pequeño taller de costura pensando en la economía feminista, pues está claro que uno de los pr incipales motivos del por qué las mujeres viven una y otra vez violencia doméstica tiene que ver con la independencia económica.

A pesar de contar con este espacio para y de las mujeres, ellas saben que la mayor convocatoria se genera en las actividades que hacen en el callejón, la escalera o el bulevarcito que está cruzando de un barrio a otro.

Para muchas fue una experiencia nueva sumergirse en un sector barrial

Llegamos a Somos Karive

Bajamos lloviznadas con la satisfacción de que el feminismo comunal está en pleno trabajo de parto, seguirá así un buen tiempo y estas comuneras, junto a los comuneros, lograrán parir el socialismo feminista. “La Revolución socialista debe ser feminista, defender a las mujeres que han sido explotadas, a ellas como a sus hijos e hijas”, dijo Chávez por allá en el 2011.

Al llegar a la Empresa de Producción Social Directa Comunal (EPSDC) Centro de Distribución y Comercialización Somos Karive, antiguo Mercal que fue entregado como una transferencia al poder popular por orden del presidente de la República Nicolás Maduro, el 25 de mayo de 2022 a la Comuna 5 de Marzo, ahí nos esperaban varias personalidades para escuchar más de la experiencia.

Entre otras estaban: Sofía González de comuna Miraflores, Lana Vielma de la comuna El Maizal, por la colectiva Calistenia Cultural, Yoseglis Cabrera, por la comuna 5 de Marzo, Mery Ortiz y Rusmary Carrasquel y por México, la compañera socióloga Karina Ochoa; además nos acompañó Francy Rodríguez, presidenta de Fonacit, en representación de Gabriela Jiménez, ministra de Ciencia y Tecnología y también en representación del equipo de investigación científica acerca del virus de papiloma humano.

Mientras recorríamos el barrio Anaís Márquez nos contaba datos geográficos de la Comuna

Anónimas

Entre cafecito y galletas siguieron tejiendo y sistematizando todo lo dicho. Así dieron lectura a diversos relatos de mujeres comuneras de forma anónima pero que, sin duda, reflejan las voces de las comunes.

“No somos sin las que vinieron antes y no andamos sin la de al lado. Soy la que salgo a las seis de la tarde corriendo después del trabajo, a la reunión de mujeres, luego a casa para darle algo de comida a los chamos e ir al liceo nocturno para sacar mi bachillerato. Esperando que el marido no se moleste al llegar y la comida no esté caliente”.

“Soy madre soltera de dos chamos de padres distintos, y quien nunca me negó el apoyo fue mi mamá, otra mujer abandonada a la buena de Dios conmigo”.

“Soy madre de cuatro, paso todo el día siendo mamá, estoy agotada. Mi hijo, un niño aún, me grita y maltrata como lo hace su papá. Hablo bajito y con temor porque creo que mi voz no tiene valor”.

“Soy la compañera de un líder comunitario y nuestras tareas no son las mismas. Atravesamos la discusión permanentemente”.

“Soy la que organiza el Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP) de mi consejo comunal pero no es lo único que hago, también estoy pendiente de las jornadas del gas, y soy madre de tres. A veces colapso pero no tenemos tiempo ni de eso”.

La presentación del cuento de la Ruta de las Flores cerró el encuentro

Bromelias, cayenas y coquetas

Nos sorprendieron con un cuento escrito por ellas mismas, un cuento llamado Ruta de las Flores, donde narran cada una de las flores que marcan la línea política feminista en el territorio.

La primera es la ‘Ruta de las Bromelias’, donde se enfocan en el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Con esta ruta hablan de patriarcado, de violencia y del marco legal venezolano que debería proteger a las mujeres, como lo es la Ley sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

La siguiente es la ‘Ruta de las Cayenas’, una ruta que tiene que ver con salud sexual y reproductiva. Educación sexual a niñas, niños, adolescentes y adultas, enfermedades e infecciones de transmisión sexual, trabajo que llevan de la mano con científicas que estudian el virus de papiloma humano y están implementando un trabajo en el territorio. Y por último pero no menos importante, la ‘Ruta de las Coquetas’ que tiene que ver con las actividades productivas que hacen las mujeres comuneras para buscar la independencia económica.

Así ellas continúan en proceso de parto “hasta que la justicia sea cotidiana…”

Los juegos cotidianos fueron parte del escenario

Épale 485