En La Hoyada resucitó Babel

Luego de casi dos años de cuarentena, el centro de la ciudad revela de nuevo el rostro caótico y multicultural de siempre con su oferta de todo, incluso del perdón de los pecados 

                                            Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                             Fotografías Maxwell Briceño@maxwellb_photoss

Uno no sabe si comisionado por dios o por el diablo, pero el pastor Nemesio Bolívar (clásico de la plaza El Venezolano) ahora gobierna con poderes plenipotenciarios desde las llanuras de la plaza Francisco Narváez, esa inexplicable tierra de nadie que se ubica inmediatamente después de salir de la estación La Hoyada del Metro de Caracas.

Debieron transcurrir un diluvio universal, varias cruzadas evangelizadoras, dos guerras mundiales y casi dos años de pandemia, para que el predilecto del señor anidara con su inmenso altoparlante portátil y una biblia ruinosa sobre el enclave más vivo y osado de la ciudad, pugnando contra los pecadores a su modo heterodoxo, ataviado con un traje azul claro de falso lino ceñido hasta los tobillos, a juego con mocasines de ocasión, pañuelo de seda con estampado de bacterias, lentes oscuros tipo Ray Ban de mototaxista y una inconfundible bufanda de tejido en punto de cruz, a tres tonos, suspendida sobre su cuello como una serpiente cansada de intentar aniquilar su pose de pachuco mexicano.

Desde ese púlpito efímero, el predicador amenaza a los más díscolos de Caracas, es decir a todo el mundo, pues nadie es inocente según las disposiciones de los dogmas de la fe. A su vez, como un padre protector, nos convoca a seguir esa extraña senda empedrada de misterios que va divulgando con vocación de benefactor para que todos ingresemos por la puerta grande al Paraíso.

Comenzando la cuarentena, la plaza Francisco Narváez parecía una maqueta

“Oh mai gad”

Seis pares de medias tobilleras por un dólar parece la razón justa para que un vendedor ambulante ingrese directo al Edén sin pasar por el purgatorio, pues si algo promete el festival de ofertas de mercadería de todo tipo que se consume en La Hoyada, es la multiplicación de los panes y los peces en el ocaso aparente del coronavirus.

Algo distintivo está pasando en el corazón de la ciudad, además de la beata presencia de Nemesio: la comercialización de sombreros

_

Algo distintivo está pasando en el corazón de la ciudad, además de la beata presencia de Nemesio: la comercialización de sombreros confeccionados a partir de fibra de moriche y bora que trasladaron a Caracas los waraos desde el delta del Orinoco y que le están dando una nueva identidad a la gente que hace negocios en el centro, con aire entre campechano y citadino que podría desplazar la moda foránea de cachuchas de peloteros o sombreros de pescador sobre nuestras acaloradas cabezas. Se ofrecen por 5$ la unidad, pero si uno regatea con el buen decir del caraqueño promedio que se afinca en que necesita el billete de 1$ nuevecito para el pasaje, es posible que el sombrero te lo dejen en 4$ y salgas ganando.

Nemesio no cree en ofertas de ocasión y sus acólitos tampoco: todos están allí como testigos sumisos de una apuesta segura, contando los minutos que faltan para ser testigos en primera fila del advenimiento del juicio final, donde nadie saldrá ileso de la razia del espíritu.

Tamos viviendo tiempos peligrosos según el apóstol Pablo, segunda de Timoteo. Oh mai gad, tiempos rudos, donde la circunstancia, no solo el covid, acabó con un poco de empleos. Ahora la guerra, la delincuencia, la inflaxión. Todo se traga la economía, ¿cómo vivir en eto tiempos? ¿Cómo hago siquiera para comer? Viento contrario. Gloria a diooooo. Bendigo su nombre”.

Nemesio Bolívar, un orador que conmueve y confunde. Foto Marlon Zambrano

Los tentáculos de la supervivencia

Entre las avenidas Universidad y Fuerzas Armadas con su irracional tejido de filigrana y esmog, el Nuevo Circo, el mercado de la economía popular, la ruta del BusCaracas, la neogótica iglesia Sagrado Corazón de Jesús y ese perfil fragoso de metrópoli confusa erigida con parches de concreto, este lado de la ciudad ofrece el cielo y el infierno entre las cuatro esquinas que rodearon la comarca fundacional.

Durante el período crítico de la cuarentena nacional que arrancó por orden presidencial en marzo de 2020, la plaza y los alrededores de La Hoyada volvieron al sosiego de su estampa diáfana de antaño, como una maqueta de arquitecto. Mientras la ciudad fue recuperando vitalidad, los tentáculos de la supervivencia se fueron extendiendo hasta que un buen día arrojaron sobre las aceras a cientos de operadores de la economía informal y nuevos emprendedores que desplegaron sus manteles para ofrecer chores sexis, pintalabios, papelón con limón, combos de chuchería, platanitos, zapatos, tequeños gigantes, y casi todo lo que usted pueda adquirir a partir de 1$, siempre que el billete no tenga ni un rasguño ni un doblez.

Bajo sus propias medidas de bioseguridad, los vendedores no caben en La Hoyada

“Estamo aviendo el tema trilogía existenciar. ¿Cuál es la trilogía? Repito, va caminando Pedro, está Jesús y está el viento contrario. O sea, Jesús tiene que formar parte de la vida porque el viento contrario sí forma parte de la vida. Si tú no tiene a Jesús, ¿quién va a detener el viento contrario? Ojo con este beta que te estoy lanzando…”, advierte en aparente arameo el iconoclasta Nemesio mientras seguidores y espontáneos se juntan sobre los bancos que aún no han sido ocupados por los informales como mostrador o perchero, suerte que no vivieron los conjuntos escultóricos Armonía de volúmenes y espacios del propio Narváez y Amistad de Ana Ávalos, que hoy sirven más de estantería que de exaltación estética a la salida del Metro.

Casi dos años después, la misma plaza estalló en vida

La amenaza del Génesis

La Babel bíblica con las que nos amenaza el Génesis es la de la torre que pretendía alcanzar el cielo bajo el mandato de un monarca mesopotámico de nombre Nimrod, quien fundó el primer reino luego del diluvio universal. Tal afrenta fue castigada por Dios creando diferentes idiomas entre sus constructores para que se confundieran y cayeran en el despelote, como al parecer efectivamente sucedió dando como resultado la elaboración de una estructura defectuosa que no prosperó.

La lección aparente es que donde no se obedecen las reglas del Señor reina el desorden y el desconcierto, ecuación en la que se mueven imperturbables todos los intercambios de Caracas como capital del caos de los poetas y los locos, que es como decir de los buhoneros y sus potenciales compradores, ungidos por el lenguaje universal del chalequeo.

Donde no se obedecen las reglas del Señor reina el desorden y el desconcierto, ecuación en la que se mueven imperturbables todos los intercambios de Caracas

_

“Escuche esto –insiste Nemesio-. Lo vientos contrario vuelvo y te repito, son parte de la vida. Yo no puedo luchar contra ellos primero porque son más fuerte, y segundo porque no se ven, pero son mortales, letales, destructores. Mire, usted no puede ni siquiera convivir con su mujer. Porque la mujer es contraria al hombre. La mujer es sentimientos, emociones. Al hombre lo que le gusta es… Por lo menos la esposa mía tiene los hijos que se fueron a Colombia. Pero entonces ella está empeñada que tiene que ir a visitar a los hijos. Entonces yo pienso que cómo va a visitar a los hijos si tenemos un hijo preso. Esos reales que tú vas a conseguir para ir a visitar a esos muchachos, lo necesitamos para enfrentar esta situación. Las emociones a ella la llevan, pero a mí me lleva es preguntar cómo hacemos con la economía”.

Una feria renovable de la supervivencia

Unos pasos más allá una ecuatoriana broncínea ofrece Toblerones colombianos, “primo-hermanos” del original. Carteras Gucci, cornetas portátiles USB de la curiosa marca Sorny, perfumes Chanel, zapatillas BNike, bluyines Lee americanos, pendrive Samsung, y tantos otros artilugios sin ninguna reputación se exhiben sobre la vitrina improvisada del vocear a bocajarro, cuando dominicanos, colombianos, barloventeños, guareneros, caraqueños, cristianos, ateos, chavistas y adecos improvisan la oferta de los productos “originales” más baratos del mercado, mientras la ciudad entera bulle intentando alcanzar el cielo de diamantes que se frustró cuando las lenguas de aquella Torre de Babel entorpecieron el acuerdo que en Caracas es un pacto de cada día.

Remata Nemesio con deslenguada misoginia: “La mujeres son contraria a nosotros. Los hombres son contrario a la mujeres. En la vida tenemos que acostumbrarnos a caminar con ese viento contrario. Tenemos que acostumbrarnos a caminar… sabes cuál es el problema, tener un hogar es terrible, fuerte, son caracteres. Por eso es que lo amas ahorita, te pone siete muchachos y después el tipo se va y tú lo odias. ‘Ay yo no puedo vivir sin ese hombre’, pero él se te fue con otra. ¿Ahora qué vas a hacé?… vientos contrarioooos”.

Se oferta de todo, y lo demás también

ÉPALE 453