En un bar de Petare

Por Humberto Márquez / Ilustración Julietnys Rodríguez

En un bar de Petare de cuyo nombre no quiero acordarme, la encontré sentada en una mesa tomando cervezas con su amiga, el disparo de catecolaminas fue mortal, mi angelito malo solo dijo: “Allá rodó el otro”, mientras que el bueno comentó, para mis adentros, ¡qué muchacha tan preciosa!, ojalá Humberto se enamorara para ver si por fin se nos enseria este viejo loco. De verdad que era preciosa, una mujer extremadamente bella, una caballera desmelenada como desafiando al mundo, una boca de labios carnosos pintados de un rojo intenso, que me sonrieron con picardía cuando de payasito siempre me llevé histriónicamente la mano derecha al lado izquierdo de mi pecho, picándole el ojo. De sus ojos, debajo de unas cejas misteriosas, pobladas a lo Frida Kahlo, tan fuertemente mirando, brotó un rayo dulce que me partió el corazón, en eso sonó en la rocola un bolerazo de Manuel Corona que fue como un chorro de combustible al fuego de amor de la gran fiesta de mi vida que ya se aproximaba: “En el lenguaje misterioso de tus ojos / hay un tema que destaca: sensibilidad / En las sensuales líneas de tu cuerpo hermoso / las curvas que se admiran despiertan ilusión”… No joda, me acordé de Macbeth: “Sopla, viento. Ven destrucción, moriremos al menos”, mientras que con el dedo de revolver el ron dibujé un círculo en el aire, invitándola a bailar.

¡Vergación!… Cuando tuve en mis brazos aquella ricura de mujer casi me da una verga… llevaba una hermosa blusa blanquinegra con el hombro a la descubierta, con el tirito negro del sostén Victoria´s  Secret, y al ver su teta izquierda acribillando mi alma, ya locamente enamorada, me atreví a adivinar: 38 copa C. Me metió un pellizco con una sonrisa aguantada y abrió su boca de carmín a minutos de enrojecer la mía clamando de pasión, me dijo: “Tú eres así de “pasao”, pero sí, adivinaste”… Aquel aliento de diosa terminó de escoñetar mi sistema inmunológico sentimental… la rocola me echó una ayudaíta: “Y es la cadencia de tu voz tan cristalina / tan suave y armentada de ignota idealidad / que impresionada por todos tus encantos / se conmovió mi vida y en mi la inspiración”. Le puse mis dedos en sus labios y luego al oído para responder con Longina, la canción inaugural de nuestro hermoso amor.

Catalina la O, se llama el bar, me sopló Matute.

ÉPALE PETARE (403)