Enemigo mío

Urbaniloquio

Por Aracelis García Reyes • @aragar1 / Fotografía Alexis Deniz • @denizfotografia

Un amigo es el espejo donde tú eres él; no apagues esa luz y no le falles en cualquier oscuridad.

Orlando Araujo

Roco fue un perro Rottweiler que recuperé de una pelea callejera. Casi moribundo lo tomé en mis brazos y lo llevé hasta el patio de mi casa donde vivió por diez años. Nadie se le podía acercar sin recibir como mínimo un ladrido feroz. A mí misma, que le curé las heridas de guerra, que le di agua con gotero, que dormí a su lado mientras se curaba, que se lo había arrebatado a la muerte, me atacó unas cuantas veces. Nos fuimos conociendo y con los años procuramos administrar el territorio de nuestras comodidades. Roco siempre mostró un mal genio hasta con las moscas, no aceptó cariño de persona, ni animal a alguno. Solo aquella tarde en que la caja de latir quiso sacarme de este mundo, me mostró su agradecimiento, luchó contra la puerta hasta abrirla y me arrastró fuera de la casa, para que alguien más hiciera por mí, lo que hace años yo hiciera por él. Supe entonces que Roco era mi amigo y que no tenía que hacerme loas, ni saltarme encima llenándome de babas y pelos que con el tiempo solo me hubieran dado alergias.

¿En quién confiar?

Por estos días se habla mucho de la naturaleza humana, de cuánto y qué somos capaces de hacer para arremeter contra los de nuestra propia especie. Me llama la atención que comparamos nuestra humanidad con las acciones más deleznables. Sin embargo, quedan atrás los actos de afecto, de ética inclusive, como de debilidad. Se normaliza que alguien le pida un “porcentaje” a un teatrero para darle trabajo y se increpa si a éste se le ocurre denunciar. Se ataca a quien exige con energía en las calles, por la desaparición de un amigo y se cuestiona la inocencia que aún tenemos para identificar lobos y corderos, como de complicidad.En quién confiar si el perro dócil que duerme a mi lado está esperando solo un descuido para atacarme, para besarme en la mejilla, venderme y cobrar las treinta moneditas. Si quien comparte la almohada y sabe de mis ronquidos, me entrega nuevamente a Poncio Pilatos para que me mande a crucificar y luego se lave las manos.Quienes defendemos a los amigos, quienes buscamos a los compañeros, camaradas de siempre y preguntamos por su salud o su hambre, hemos sufrido traiciones, sabemos de traiciones, pero como Dante Alighieri ubicamos a los traidores y traidoras en el último círculo del infierno, porque a diferencia de otro tipo de crímenes, la traición roba nuestra confianza y el afecto.

No apagaremos la luz que nos permite encontrar a los nuestros.

ÉPALE 470

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