Escribir y correr: el trote en crónicas

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Jade Macedo • @jadegeas

Jorge Orellana Lavanderos es un ingeniero chileno que corre y escribe. Más de 30 maratones en diferentes lugares del mundo y un libro titulado Crónicas de un trote atestiguan su doble pasión.

“Se trata de las sensaciones experimentadas durante ocho o diez años, sensaciones que se producen cuando troto, lo que pienso y cómo logro una armonía, un equilibrio, entre los componentes de mi ser: el espíritu y la mente”, dijo en una entrevista.

Orellana es un veterano. Tiene más de 60 años, y corre desde los 35, cuando usaba el trote como compensación atlética en los días en que sus compañeros de fútbol-baby (algo parecido al futbolito, pero diferente) lo embarcaban. Para no irse sin hacer ejercicio, corría de regreso a su casa.

Le agarró el gusto y pensó, además, que sería una buena forma de encontrar tiempo para pensar, robándoselo a su trabajo de ingeniero y su condición de empresario de la construcción.

De hecho, se pone filosófico y poético cuando habla del tema. Su trote es una búsqueda reflexiva, piensa en el paso del tiempo, se interroga sobre el destino del ser humano; cuál es su esencia y dónde se ubica el alma. “No sé si el trote me ayuda a tomar mejores decisiones pero sin dudarlo me convierte en una mejor persona”, dice.

Entre la racionalidad de la ingeniería, el pragmatismo del patrono y la emocionalidad de la literatura, el trote tiende un puente. En ciertos momentos, la actividad deportiva se convierte en un refugio de todos esos avatares y los textos que escribe, el reflejo de sus escapes.

El libro que escribió contiene  esas reflexiones, así como las vivencias de los maratones corridos en Tokio, Nueva York, Chicago, Estocolmo, Moscú, Praga, Buenos Aires y otras grandes urbes. “Trato de correr en ciudades que tengan alguna relación con un autor literario”,  explica y asegura que no por ese propósito tan poco común entre participantes en una carrera, él se conforma con cualquier desempeño, sino que  “en cada carrera siempre  trato de cumplir con alguna meta, un tiempo determinado”.

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