Escribir y correr: herencia peripatética

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Jade Macedo • @jadegeas

Es bueno pensar antes de escribir, aunque es claro que no todo el mundo lo hace. Es más, si uno lee lo que sale en Twitter llega a la conclusión de que muy pocos piensan antes de elaborar sus trinos. Pero demos por cierto que escribir exige pensar antes y, ya con esa premisa, hablemos de qué es mejor: ¿pensar en reposo (acostado o sentado) o pensar en movimiento?

Es un tema absolutamente antiguo. Tanto que podemos remontarnos a los tiempos de Aristóteles, considerado el primero de los peripatéticos.

Esta palabra ha ido mutando de significado para terminar siendo sinónimo de extravagante, descabellado y absurdo, de modo que no es raro oír que ciertos personajes de la política o la farándula son peripatéticos. Pero su significado original era algo así como “persona que piensa caminando”, y deriva de que, según parece, Aristóteles daba sus clases deambulando, lo que obligaba a los estudiantes a seguirlo de un lado para otro.

Pues bien, a lo largo de los miles de años que nos separan de esa época, son muchos los pensadores que han utilizado la técnica de caminar para poner en claro sus ideas y luego decirlas o escribirlas mejor.

En tiempos mucho más recientes, digamos que a mediados del siglo XX, se estableció la costumbre de trotar para mejorar la salud, bajar de peso y otros propósitos. Entre quienes adoptaron ese “estilo de vida” hay unos cuantos que lo emplean como una nueva forma de peripatetismo, es decir, que corren para pensar.

Y, claro, cuando se dice pensar se abarca un espectro amplísimo de opciones que van desde resolver un problema matemático, decidir una jugada de ajedrez o (y es aquí donde quería llegar, luego de tantos metros de texto recorridos) escribir algo técnico, científico, literario o lo que sea, según las áreas de interés del dueño de la cabeza y de las piernas.

En lo personal debo señalar que luego de que uno se acostumbra a caminar o trotar para pensar en lo que va a escribir, el hábito se hace obligatorio y, entonces, ya no pares ninguna buena idea estando sentado. Advertido.

ÉPALE 467