Ese oasis llamado “vacaciones”

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

Habiendo acabado de crear el mundo, Dios se echó a descansar el séptimo día. Esta imagen del lapso que se toma para salir de la rutina diaria de trabajo y estudio, sin embargo, no es tan antigua.

En la antigüedad, la gente vivía y moría como esclavos, entregándoles a los patronos prácticamente todo su tiempo y talento. Se dice que era común ver morir a las trabajadoras y los trabajadores en plena faena. De hecho, Rockefeller se ingenió el término de las relaciones públicas para poder lavar su imagen como explotador y asesino de sus esclavos mediante la construcción de hospitales y creando obras benéficas.

En el mundo indígena, el concepto de vacaciones no existe, ya que los pueblos originarios tienen un profundo respeto por los ciclos naturales, al punto de que no se matan trabajando como en el mal llamado “mundo civilizado”. Se dice que los griegos fueron los primeros que vieron la necesidad de disponer de períodos de descanso para rendir más laboral e intelectualmente, pero son los romanos los que se puede decir, inventaron las vacaciones.

Las vacaciones y el comunismo

Un gran triunfo del comunismo a nivel mundial son las vacaciones. Igual que el derecho al trabajo, a la jornada de ocho horas y a los dos días de descanso semanal, la clase obrera socialista contaba con una cantidad de días libres destinados al descanso anual. El número de días dependía del tipo de trabajo que desempeñaban, de su dificultad o peligro para la salud, del nivel de responsabilidad del trabajador dentro de su unidad de trabajo o de su posición en la jerarquía del partido. Con esta premisa, a partir de los años cincuenta, los nuevos gobiernos socialistas empezaron a crear la red de establecimientos vacacionales para los obreros y a fomentar el interés por el turismo entre las masas populares.

¿Un derecho en peligro de extinción?

Sin embargo, esta conquista social parece estar corriendo el riesgo de desaparecer. La sociedad mundial está dominada por el esquema del “progreso” capitalista, que ofrece empleos más esclavizantes con sueldos más bajos. El teletrabajo constituye una amenaza inminente contra el derecho a descansar por unos días.

Tal parece que las trompetas de la evolución atentan cada vez más con la posibilidad de que nuestro cuerpo se relaje por un tiempito. Así que si aún cuentan con unos días libres, aprovechen al máximo el pequeño oasis que nos legó el comunismo.

ÉPALE 423