¿Existe eso de competir contra uno mismo?

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Muchas veces escucharás a gente que trota e, incluso, a corredores de cierto nivel, decir que no compiten contra los demás, sino contra sí mismos. Tal vez tú mismo lo has dicho. Claro que es un giro metafórico porque al fin y al cabo, la competencia, como tantas otras facetas de la vida, requiere de al menos dos personas. Pero tiene su lógica, no te creas.

En esencia, competir contra uno mismo es posible si se utilizan parámetros como los tiempos y las distancias. Verbigracia, si este domingo le diste dos vueltas al parque en veinte minutos, el próximo puedes proponerte la meta de dar tres vueltas o de hacer las mismas dos en 19 minutos. ¡Ya está, si lo logras puedes decir que te ganaste a ti mismo! A los que prefieren fajarse durísimo con otro ser humano, esta modalidad tal vez les parezca un poco onanística, un yo-con-yo atlético que, como su equivalente sexual, siempre dejará dudas y quien quita, frustraciones. Pero los individuos que se han metido en esto del trote precisamente por ser un deporte realizable de manera unipersonal, lo ven de un modo muy diferente. Acá te lo explico porque yo soy uno de estos.

Lo primero para lo que sirve competir con uno mismo es para no estancarse. Si de vez en cuando no te retas a mejorar los tiempos o las distancias puedes sentirte hastiado, desanimado, aburrido y, eventualmente, perder todo interés.

La segunda utilidad es que al superar tus propias marcas, por modestas que estas sean, tienes la posibilidad de compartir positivamente con quien fuiste hace un año, dos o diez. Esto es algo prodigioso, pues no son muchos los campos (al menos en la esfera del cuerpo físico) en los que uno pueda desempeñarse mejor con el paso de los años. Lo habitual es exactamente lo contrario. ¿O no?

Y una tercera utilidad (que yo no he experimentado, pero sé que existe) es que “competir con uno mismo” permite superar la vergüenza de participar en una carrera y no terminarla o llegar horas después del ganador. En esos casos, uno respira profundo y dice: “No me importa, yo compito conmigo mismo… ¡y acabo de ganar!”.

ÉPALE 409