Fiestas de consonancias

Por Rodolfo Porras / Ilustración Erasmo Sánchez

De tanto decir que los venezolanos somos valientes, solidarios, sobre todo dignos y libertarios, la afirmación comienza a sonar a consigna, entre otras cosas, porque no todos los venezolanos somos así. De hecho, si nos examinaran uno a uno se evidenciaría que de alguna pata cojeamos. Por otro lado, si exploramos el recorrido histórico pasado y reciente, la frase comienza a adquirir visos de verdad.

Por ejemplo, en estos días en Caracas hemos estado de Festivales: San Agustín celebró su primer Festival Nacional de Cine, casi inmediatamente se celebró el Festival de Artes Escénicas Universitarias, en conjunto con varios estados del país. No se había terminado la celebración de despedida cuando arrancó el Festival Internacional de Teatro Progresista. Se estaban recogiendo los peretos, despidiendo a los invitados internacionales, cuando se comenzaron a levantar las tiendas que recuerdan a un campamento beduino, que luego se llenaron de libros y de gente para celebrar la 13a Feria del libro de Caracas.

En todos estos festivales hubo conversatorios, reuniones que iban entre disertaciones académicas, homenajes, exposiciones. Allí surgieron propuestas con cara al futuro. Se evidenció la necesidad de reconstruir, de seguir enfrentando las condiciones adversas. Lo que se expuso se dijo con gallardía, con énfasis, a veces con molestia, pero siempre con la irrenunciable determinación de arrimar el hombro, de estar dispuestos a construir y mejorar las condiciones de vida. Expresado con el carácter acendrado y la fluidez de quien siempre se mueve en los asuntos que encabezan este artículo. Los venezolanos somos un conglomerado humano, con un territorio, unas lenguas, una historia común.

Gozamos de una sonoridad que va más allá de la mera música; nuestra escritura expresa una consonancia, un pensamiento que alberga buena parte de nuestro idioma y nuestro espíritu; contamos con una teatralidad que se construye en el cotidiano vivir; con una gastronomía que le ronca el mango, con una práctica política siempre en ebullición, con una alegría que se expresa hasta en las tristezas. Damos cuenta de ser un país inusual y extraordinario.

En estos festivales, entre otros espacios de la vida, dejamos brotar las ganas de un futuro más libre, cada vez más digno, dispuestos a sobreponernos -como siempre- a los asedios del poder económico, a las traiciones, a los ataques arteros.

Es entonces cuando es innegable que somos una nación valiente, libertaria. Es mirándonos reunidos cuando la solidaridad aparece como una forma natural de ser. Lo cotidiano se afirma en una trama compleja, profundamente verdadera, urdida con mucha dignidad, convicción de justicia y una enorme vocación de ser felices.

ÉPALE CCS N°475