¿Fulanas?

Por Ana Cristina Bracho • @anicrisbracho / Ilustración Astrid Arnaude • @loloentinta

Sanna Marin es la primera ministra de Finlandia, una, cuyas posturas han sido diferentes a las de sus predecesores. En estos tiempos de guerra en Europa, todos quieren ir al frente, incluso algunos países que lo evitaban como Finlandia, cada día se acercan más a la OTAN. Son estas decisiones las que deberían preocuparnos porque cada vez caminamos más hacia la guerra total que hacia la paz positiva. Probablemente no haya debate más importante que este, porque puede ser la diferencia de tener un mundo que legar a nuestros nietos, o, por el contrario, perecer.

Sin embargo, las noticias han estallado y no por esto. Quizás esto estaría en el centro si la autoridad nórdica fuese un hombre. Ahora parece que nada es más importante que la vida privada de Marín, y una fiesta parece ser mucho más pesada para ella que los jolgorios para Boris Johnson, o los entramados que unen al reino de Gran Bretaña con tramas de trata y pedofilia.

¿Puede una mujer que hace política ir a una fiesta? ¿Qué relevancia tiene que sepa bailar para el buen gobierno? ¿A cuántos centímetros de la rodilla debe estar la falda según el límite que impone su rol? ¿Es esto el problema de una lejana autoridad finlandesa o de todas nosotras?

El tema de las mujeres en la política es un asunto complicado. La elemental regla de igualdad nos sugeriría que, si la mitad de quienes son gobernados son mujeres, también deberían ser la mitad de quienes gobiernan. Pero no es así. En las asambleas del país, no subimos del 30% y a veces ni llegamos. En los roles ejecutivos muchísimo menos, y parece haber alguna conformidad con ello. En todo caso, la lucha por la paridad es poco visible y procurarla ha sido tema de alguna decisión del Tribunal Supremo de Justicia o de una resolución del Consejo Nacional Electoral y no de las mujeres.

Pese a eso, las señoras llegan. Abren la puerta y se sientan en la silla. Al hacerlo se les exige no pelarse nunca y se les examina siempre, como a la finlandesa y peor. Un tema que pensar, abolir y cambiar.

ÉPALE CCS N°476

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