Gente empeñada en la belleza de vivir

Ramón Pimentel y Sofía Saavedra pintan Caracas

Dos jóvenes artistas plásticos están intentando, con la ayuda de Fundarte, reanimar el espíritu festivo de la ciudad en medio de los días que corren. Lo hacen con un recurso muy poderoso: estampando sonrisas

                                               Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                               Fotografía Kirlam Medina y Mairelys González

Sofía capitalina

¿Los planos de la ciudad no deberían dibujarlos los niños? Sus montañas verdes, filas de pajaritos amarillos, casitas colgadas en el aire bordeadas por araguaneyes floridos y autopistas que se dirigen al cielo, deberían constituir el dogma de los despachos de arquitectos e ingenieros, bajo las órdenes insobornables de un consorcio de muchachitos menores de 6 años que sí saben dónde va cada cosa en el Universo.

¿No aseguraba Aquiles Nazoa que la nueva Caracas iba surgiendo como una ciudad improvisada, hecha para satisfacer pequeños caprichos y ambiciones? ¿No se asqueaba el escritor Mariano Picón Salas del muestrario caótico de fachadas de todo el mundo en dos cuadras de la capital?

Caracas, la ciudad negociada, la que surgió de la depredación, la especulación y el pillaje, tiene el derecho sagrado de que la “desplanifiquen” los gestos espontáneos de sus gentes, que todo vuelva al principio evocador de la palabra cuando primero era el verbo y el verbo era con Dios, y el desconcierto apocalíptico de los días iniciales vertebró el nombre de las cosas, sus olores, sus sabores, sus formas y le dio paso al mundo nuevo.

Solo lo pueden los niños, los creadores, los locos. Contra la burocracia ¿quién puede? El milagro es cuando esa simbiosis es posible: la administración pública (la Alcaldía de Caracas) y gente de paz (Ramón Pimentel y Sofía Saavedra). Juntos le han devuelto la sonrisa colorida al centro de la ciudad, en un gesto maravilloso y milagroso que solo es posible en medio de la desfachatez del trópico, capaz de hacernos alucinar con la misma luz que enloqueció a Armando Reverón.

A los dos artistas plásticos se les ocurrió un concepto andando la ciudad: La Belleza de Vivir, un fuego que reanimara la necesidad de ofrecer desde el arte una respuesta amorosa para Caracas y su gente, a través de intervenciones urbanas comprometidas con la ternura, la infancia, el imaginario y la memoria. “De alguna manera, hacer puntos de reencuentro con lo humano y la simpleza de los momentos de la belleza de la vida”.

Son puntos de reencuentro con lo humano

Un guiño de color

Armaron su estructura, afinaron la propuesta y la presentaron a Fundarte donde fue bien recibida y financiada. Hasta ahora, en una primera etapa, han fraguado seis intervenciones en la ciudad, y una segunda avanzada contempla hacer ocho murales más, de cara a otra fase de toda la iniciativa con la idea de generar La Belleza de Vivir en las comunidades organizadas, que plantea el rescate de espacios públicos de la basura y otras circunstancias caóticas del entorno citadino.

Son, para el viandante descuidado, un guiño de color, un parche luminoso que atrapa y perturba a simple vista. Para quien se detiene a observar, es una sonrisa identitaria, una mueca de idiosincrasia y pueblo, arrumacos sorprendentes bordeando las esquinas, asomados desde una pared de la avenida Universidad, Bellas Artes, Parque Carabobo o el boulevar Panteón.

“Han fraguado seis intervenciones en la ciudad, y una segunda avanzada contempla hacer ocho murales más”

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En medio del colapso, la inercia y el hastío, producto de una época medio apocalíptica atravesada por la pandemia de Coronavirus y el bloqueo económico contra el país, La Belleza de Vivir es prácticamente un prodigio. Ramón y Sofía plantean que se trata de una serie de intervenciones urbanas de medianos formatos, dónde poder representar libremente  la infancia como lugar de reencuentro humano, volver a la inocencia como elemento fundamental, el juego, la imaginación y la memoria libre de prejuicios. “También queremos desarrollar el tema de la mujer, el imaginario y el despertar de la interpretación simbólica y perceptiva de los transeúntes”.

“La Belleza de Vivir salió para pintar encuentros, besos, alegría y memoria. Es un esfuerzo en medio de la situación, pero lo hemos propuesto como una acción social y política”.

Recibieron todo el apoyo de Fundarte

Militantes de la sonrisa

Sofía Saavedra es una “animala inconforme que hace arte para vivir. Mi única religión es la diversidad” como ella misma se describe en su cuenta de Instagram. Caraqueña nacida en 1979 y egresada de la Universidad Nacional Experimental de las Artes de Venezuela (UNEARTE), ha expuesto su obra plástica fuera y dentro del país, planteando temas como la identidad, la militancia y el feminismo como parte de sus leit motiv.

Ramón Pimentel, barquisimetano nacido en 1984, forma parte también de la brillante generación de artistas surgidos de los talleres del antiguo Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón de Caño Amarillo. Su obra se ha paseado igualmente por varios países y expresa, como línea discursiva, el retrato y la sonrisa en gestos espontáneos.

“Me gusta la expresión en las calles como el grafiti por su característica rebelde, política y desobediente, diceSofía Saavedra”

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Sus murales también apuntan al feminismo

Reflexionan en torno a la intervención urbana, la reapropiación del paisaje con colores a través del arte, mediante el grafiti y el mural:

Ramón: “Creo que el muralismo y las intervenciones urbanas hoy día deben estar de forma armónica con el contexto social, sirviendo como dispositivo para la reflexión, encuentro o posibles soluciones. Siempre apuntando a ser realizada con la mayor de las calidades artísticas que podamos aportar. A veces queremos hacer algo y no se logra por falta de compromiso artístico con los espacios y lamentablemente no se logra el mensaje”.

Sofía: “Me gusta la expresión en las calles como el grafiti por su característica rebelde, política y desobediente. El plano estético es un goce y se agradece, pero no puede ir antes que la necesidad de comunicar lo urgente. El muralismo es otra cosa y lo relaciono con la gente, por eso es un proceso que requiere compromiso sobre las calidades de lo que se busca expresar. Las paredes de la ciudad siempre estarán contando cosas que pueden embellecer o no. No es controlable”.

Caracas querida

Decía el escritor argentino Tomás Eloy Martínez, coincidiendo con los artistas:

“… los caraqueños han aprendido a querer a su ciudad aun en los rincones donde es fea y desatinada”. Se asombraba el también el periodista durante su estancia en la ciudad, de nuestra fascinación por el marroncito, el atardecer entre ardillas y palomas en la Plaza Bolívar, las caries de los cerros, el raspado con los colores del arcoíris, el regateo en las quincallas de El Silencio, las flore de María Lionza, los carros montados sobre las aceras, un licor de guayaba fermentado en Catia. “La ciudad es como es, desordenada y absurda, pero si fuera de otro modo, los caraqueños no podrían amarla tanto”.

Ramón es guaro

“Sigue siendo una bondad nuestro sentido del humor, lo más complejo, difícil, aparatoso, la gente en la calle, en las redes, le busca el sentido humorístico, lo cual desacelera muchas de las veces, las angustias, los sufrimientos, la rabia” apunta la antropóloga y docente Teresa Ontiveros.

“Caracas necesita que se escuchen las propuestas de diferentes jóvenes y organizaciones que están amando la ciudad y tienen mucho trabajo que aportar. Creemos firmemente en el poder transformador del arte” afirman Ramón y Sofía. “Necesita (la ciudad) que la amemos, la respetemos, sembremos, cuidemos, pintemos, que resolvamos el tema de la basura, que nos miremos como humanos que se respetan.”

Su propuesta lleva consigo un abordaje ideológico. Tiene el acento de una mirada de la ciudad y su entorno: “es política, es para y por la gente, no requiere reafirmación ni provocación, es un dar es dar. Creemos que es feminista porque es la corriente más coherente y revolucionaria desde donde nos enunciamos, nos interesa que podamos vernos y estar en permanente reencuentro amoroso, reflexivo y humano. Eso es el feminismo”.

En ese acercamiento romántico, les preguntamos si hemos amado suficientemente a Caracas o realmente es una relación de amor-odio que ha incidido en su deterioro y desarraigo: “Siempre necesitamos volver a amar” contestan.

Y quienes la han gobernado, ¿la han sabido querer?: “Creemos que faltan políticas coherentes en el desarrollo de los proyectos direccionados a Caracas, es importante que las instituciones responsables de recursos tengan políticas culturales integrales, respetuosas y humanistas”.

Amén.

Llevan 6 murales y aspiran 8 más

ÉPALE 413