Hablemos de viejas glorias: Arquímedes Herrera

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher /  Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Sigo con esta serie dedicada a las viejas glorias del atletismo. Para aclarar de una buena vez, este deporte no tiene mucho que ver con lo que hacemos algunos, que es pegarnos un trotecito dos o tres veces por semana. Pero, ya que estamos en tiempo de Olimpíadas, es bueno recordar a los venezolanos que han brillado en las pistas de atletismo.

No a todos les pasa, pero tal vez a ti te inspiren un poco estas historias de nuestros grandes exponentes de unas especialidades que, como la velocidad, en años más recientes nos han sido esquivos en cuanto a éxitos internacionales.

Otro de esos fenómenos fue Arquímedes Herrera, parte del cuarteto de los “Superdotados” de los años sesenta. En los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, junto a Rafael Romero, Lloyd Murad y Hortencio Fucil, formó el equipo de relevos de 4 x 100 que llegó a la gran final y terminó como la sexta del mundo. No es poca cosa.

Herrera tenía el fenotipo que se ha revelado ideal para los velocistas, pues era un negro de 1,78 metros y en su época de corredor activo rondaba los 75 kilos. Había nacido en Bobures, la zona afrodescendiente del sur del Lago de Maracaibo.

En Tokio 64 también participó en las pruebas individuales de 100 y 200 metros planos. Ese año igualó la marca mundial de los 200, con 20,5 segundos. Además fue doble campeón suramericano e implantó marca panamericana en Sao Paulo 1963 para los 100, con 10,2 segundos. En esa cita conquistó tres medallas: plata en 100 metros, bronce en 200 metros y plata como parte de la posta de 4 x 400.

Su cosecha de éxitos en 1963 fue tan impactante que, pese al carácter popular del beisbol, logró vencer al también zuliano Víctor Davalillo en la lisa por el título de Atleta del año.

Después de cerrar su brillante carrera como atleta activo, fue entrenador y juez nacional e internacional de atletismo. En 2009 lo elevaron al Salón de la Fama del Deporte Venezolano y en 2011 se le rindió homenaje al ponerle su nombre a la Villa Deportiva de Maracaibo. Dos años más tarde, falleció a la edad de 77 años.

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