Hablemos de viejas glorias: Héctor Thomas

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

¿Tú sabes lo que es un decatlón? Bueno, si no lo sabes, te diré que es una disciplina del atletismo en la que cada competidor debe ejecutar diez pruebas de pista y campo: 100 metros planos, 100 con vallas, 400 y 1500 metros planos; salto largo, salto alto, salto con garrocha; lanzamiento de bala, lanzamiento de disco y lanzamiento de jabalina. Me perdonarás la expresión, pero para quienes apenas trotamos un poco de vez en cuando, esta especialidad es una vaina loca.

Pues bien, uno de los grandes atletas venezolanos (a quienes les voy a dedicar varias entregas) fue un as de esa alucinante prueba combinada: Héctor Thomas, un afrodescendiente de El Callao que deslumbró al país a finales de los años cincuenta, a lo largo los sesenta y a principios de los setenta.

Thomas fue uno de los apodados “Los Superdotados”, un club glorioso para el atletismo nacional. De los miembros de ese trabuco te iré contando las próximas semanas.

Por lo pronto te diré que Thomas era un deportista nato. Sobresalía en fútbol y voleibol, pero lo llevaron al atletismo nada menos que el ejemplo de Brígido Iriarte y los consejos de dos entrenadores legendarios: José Encarnación “Pachencho” Romero y el húngaro Ladislao Lazar.

Desde que entró a las disciplinas combinadas (solo aptas para súper atletas) se elevó a los máximos niveles. Estuvo en las Olimpíadas de Roma (1960), Tokio (1964) y México (1968) y en todas las demás citas del ciclo olímpico: Juegos Bolivarianos, Suramericanos, Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos e Iberoamericanos.

Cuando le preguntaban, Thomas decía que su mejor momento habían sido los Panamericanos de Winnipeg (Canadá, 1967) porque obtuvo la medalla de plata escoltando al estadounidense Bill Toomey, quien al año siguiente, en México, se convertiría en campeón olímpico.

Considerado uno de los atletas venezolanos más completos de todos los tiempos, Héctor Thomas era, según sus mejores amigos, un amante de la poesía, gran declamador de Neruda, García Lorca, Machado y Andrés Eloy Blanco, así como un empedernido melómano coleccionista de música afrocaribeña y jazz.

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