Hablemos de viejas glorias: Rafael Romero

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Sigamos hablando de los “Superdotados” del atletismo venezolano, esa generación que floreció en los años cincuenta y sesenta. Hoy le toca a Rafael Romero, otro zuliano, en este caso de Mene Grande.

El chico tenía eso que en materia de caballos se llama pedigrí, pues fue hijo de José Encarnación “Pachencho” Romero, emblema deportivo del estado occidental. La herencia y su entrega en los entrenamientos lo elevaron a la élite histórica del atletismo venezolano. Participó en todas las citas del ciclo de alta competencia, incluyendo las Olimpíadas de Melbourne 1956, Roma 1960, y Tokio 1964, tanto en competencias individuales como formando equipo con los otros bárbaros de la época: Arquímedes Herrera, Lloyd Murad, Hortensio Fucil, Horacio Esteves y otras refulgentes estrellas.

El expresidente de la Federación Venezolana de Atletismo, César Eulogio Prieto Oberto afirmó que “entre 1955 y 1961 se tituló campeón nacional en 200 metros planos siete veces, cuatro veces en 100 metros planos, además de campeón suramericano en Santiago de Chile; medallista de oro en 200 metros planos en Kingston, Jamaica, en 1962, competencia en la que ganó medalla de plata en 100 metros planos. También fue ganador de la medalla dorada en los Juegos Deportivos Bolivarianos de Barranquilla en 200 metros planos y medalla de plata en 100 metros planos. Notable fue su gran triunfo en los IV Juegos Deportivos Panamericanos en Sao Paulo, Brasil 1963, en 200 metros planos, con registro de 21”3, mismos de Allan Cassel (Estados Unidos) y Arquímedes Herrera, competencia en la que logró medalla de plata en el relevo 4 x 100”.

“Mis investigaciones arrojan como resultado que, en competencias oficiales nacionales e internacionales acumuló 38 medallas doradas y un total extraordinario de 78 de todos los metales –continuó Prieto Oberto–. No conozco otro venezolano con ese palmarés en sus quince años de actividad en las pistas de atletismo”.

Una instalación deportiva de Maracay lleva su nombre desde 2014. En eso ha igualado a su padre, epónimo del gran estadio de fútbol de Maracaibo. Puro pedigrí.

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