Héctor Rondón: Pulitzer por casualidad

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

Héctor Rondón era, según muchos, un hombre llano y obstinado. Tras el inesperado privilegio de catapultarse al estrellato del reporterismo gráfico con su célebre foto del sacerdote asistiendo a un soldado moribundo en una calle de Puerto Cabello en 1962 durante El Porteñazo, se le vio ascendiendo a la fama cuando en realidad aspiraba a sumergirse en una finca llanera donde criar ganado y sembrar.

Según Luis L., uno de los pocos discípulos entrenados por el propio Rondón durante su estadía en la revista Élite, su verdadero sueño era convertirse en hacendado. Lo recuerda peregrinando constantemente hacia tierras apureñas en un Ford Conquistador, con botas y sombrero pelo ‘e guama al estilo de un veguero recio.

Dicen que venía de prestar sus servicios para algún cuerpo de seguridad en aquellos difíciles años de la represión contra la izquierda y el movimiento armado, hasta que entró en el diario La República (afecto a Betancourt) donde se le asignó la fuente de sucesos.

El día de El Porteñazo tenía una cita con el presidente del Instituto Agrario Nacional porque le iban a dar un crédito agropecuario. “¿Por qué no mandaron a otro?” dicen que se preguntaba mascullando por el camino, hasta que llegó a Puerto Cabello y debió deponer su rabia para dedicarse a lograr una imagen que narrara el inesperado intento de golpe que mantenía al país en vilo. “Lo primero, antes que la vida, era lograr una buena foto” cuenta su pupilo.

Tras hacer la foto, que también logró desde el mismo ángulo pero a menor distancia el recordado reportero gráfico José Luis Blasco, de Últimas Noticias, Rondón se enteró de lo que acababa de conseguir con su Leica sino a los días, pues lo normal en aquella época era que el rollo saliera adelante mientras el fotógrafo se mantenía en el sitio, disparando su cámara sin cesar el tiempo que fuera necesario.

En un tiempo en que pocos en el país sabían lo que era un Pulitzer, la foto no solo fue de primera plana sino que la distribuyeron las agencias internacionales hasta que alguien decidió enviarla al reconocido premio internacional, donde mereció la más alta distinción y el reconocimiento universal que la mantiene como una de las mejores gráficas de la historia. No solo se adjudicó el reconocido galardón sino que también obtuvo el World Press Photo y el Premio Nacional de Periodismo que compartió, por cierto, con Blasco, de quien se dice logró una mejor fotografía del mismo suceso no solo por su calidad técnica sino por la cercanía a la que le obligó su cámara Rolleiflex.

Además del renombre, el Pulitzer le concedió a Rondón un portentoso anillo que más nunca sacó de entre sus dedos y que exhibía, según cuentan, con vanidad. También dicen que el dinero que agarró por el reconocimiento lo invirtió en una cochinera.

ÉPALE 460

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