Historiador Alexander Torres Iriarte: “Lo que ocurrió hace 200 años nos sirve de pábulo para la resistencia de hoy”

En el bicentenario de la Batalla de Carabobo, el espíritu heroico de la población civil aviva la llama del orgullo. Se trata del pueblo en lances sorprendentes

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Mairelys González@mairelyscg27

La historia tiende a reducir. Empezando porque la resumen los triunfadores, pero además, suele ser contada con ciertos matices de espectacularidad para darle más dramatismo narrativo. Alexander Torres Iriarte, presidente del Centro Nacional de Historia, hace lo propio pero desde la oralidad, y no minimiza nada. Al contrario, le da cabida a los invisibilizados.

En este caso, Iriarte pondera el peso de la población civil que participó decisivamente en la Guerra de Independencia, fundamentalmente de la campaña y la batalla de Carabobo que arriba a sus 200 años, haciendo la salvedad de que no había distinción entre pueblo y ejército en una maraña que contenía en sí lo más sagrado de un país: su libertad.

El ejército español temió la valentía y el riesgo de los ciudadanos y ciudadanas alzados en armas, en acciones civiles y facciosas, que contribuyeron decisivamente al triunfo de Carabobo. Sobre todo, a partir de una estrategia bélica prácticamente desconocida por los venezolanos: la campaña de diversión que ideó Bolívar desde casi un año antes para distraer al enemigo, desmoralizarlo y en algunos casos quebrar su cohesión y fuerza.

—¿Qué papel jugó la población civil en la Guerra de Independencia?

—Esta pregunta encierra un conjunto de connotaciones de lo que eran los civiles y lo que significó la guerra misma. En última instancia la Guerra de Independencia no fue un enfrentamiento de ejércitos regulares, salvo honrosas excepciones, sino expresiones de guerra de guerrillas, muchas veces, sobre todo después de 1814, bajo el liderazgo de algún caudillo de turno. También es bueno decir que en última instancia, el ejército era el pueblo en armas. Siempre hubo participación civil, porque llegó un momento en que en la dialéctica de la guerra, había una confusión entre el militar y el civil. Todo aquel que cerró filas por la defensa de uno y otro bando, terminó siendo un militar, no de carrera ni de formación, pero sí por lo menos de una milicia organizada, o poco organizada, que tenía una intencionalidad que era vencer al enemigo y la toma del poder. En el caso de la Batalla de Carabobo, es riquísimo el proceso previo al gran desenlace que ocurre el 24 de junio de 1821, en el marco de la campaña desde junio de 1820, previo al armisticio de ese año.

—¿Después del Tratado de Armisticio, cómo intervino ese pueblo en la guerra hasta llegar a Carabobo?

—El análisis de la batalla, a veces muy sesgado por el enfoque belicista, minimiza la participación del pueblo. Pero cuando con detenimiento uno revisa las fuentes primarias, asombra la participación del pueblo en el marco previo, posterior y en el desarrollo de la campaña y la batalla. Basta ver que cada vez que se refieren al pueblo, sobre todo las autoridades realistas, lo hacen de manera peyorativa, acusándolo de insurgente, ladrón, bandido, facineroso, y muchas veces esa manera de descalificar, impide visibilizar nombres en particular. Sí hubo protagonismo de pueblo, pero si hacemos un ejercicio rápido, por ejemplo, con los documentos presentes en el archivo mismo del general Miguel de la Torre ubicados en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, nos asombramos. Cartas y oficios donde dicen, por ejemplo, que en el pueblo de Montalbán, el 18 de abril de 1821, se ha levantado un grupo de facciosos cuyo número no baja de sesenta y que se han replegado a los montes donde pueden interceptar la comunicación de esta vía y Puerto Cabello. Ahí hablan entonces de cómo gente del pueblo se va sumando a la causa de la Independencia y va haciendo fuerza para minimizar el efecto del ejército realista que va a desembocar en Carabobo maltrecho y desmoralizado. Otro ejemplo muy notorio ocurre el 29 de mayo de 1821, en una carta de Correa a Miguel de la Torre, donde le participa haber llegado a Caracas y le da noticias de las actividades de ciertos jefes, hablando de cómo hay animadversión del pueblo de Caracas frente a la presencia de los españoles. Ellos acusan al pueblo de indolente, de aumentar las filas enemigas y no cerrarse a favor de la opción realista. Es muy interesante una carta, veintiún días antes de la Batalla de Carabobo, que califica muy bien al pueblo venezolano. Es la que le manda Pereira a Miguel de la Torre y donde participa la difícil situación que enfrenta con respecto al enemigo. Palabras más, palabras menos, dice que no tiene auxilio ni dinero, que la cosa está muy triste, y que la gente no le está sumando vítores a favor del rey, y al final dice que “estos pueblos son más insurgentes que Bolívar y los que no siguieron a los rebeldes se fueron a los montes, del que no los saca ni el buen trato ni ofertas. No cuento con hombres que den noticia de la posición del enemigo, ni menos que hagan el menor servicio en favor…”.

—¿Ese pueblo heroico de la Independencia, legó realmente su espíritu al pueblo que resiste hoy?

—Creo que los pueblos, sin mitificar su imagen, tienen también una vocación no para suicidarse sino para edificar. Decía Alí Primera que el pueblo es sabio y paciente. Yo creo que a veces se impacienta, a veces erra, a veces se extravía, pero generalmente si nos remitimos a la historia, sabe encontrar la salida efectiva y eficaz para su autoelevación y progreso. Yo creo que sí se aprende mucho de la Batalla de Carabobo, hay una herencia en el imaginario popular y también hay una carga espiritual en pasar por el corazón este acontecimiento. Creo que sí, somos un pueblo heroico, creo que mucho de lo que ocurrió hace 200 años nos sirve de pábulo para la resistencia de hoy y creo que, como nuestros mayores, tenemos una responsabilidad histórica, que ellos y ellas pudieron superar en un momento más aciago. Son muchos los elementos a tomar en cuenta, que dieron la posibilidad del triunfo ayer y dan la posibilidad del triunfo hoy. Sin lugar a dudas la conciencia, darnos cuenta del amor y el compromiso que tenemos por la patria y la tierra que pisamos. También el símbolo de la unidad: en Carabobo convergen no solamente llaneros sino también andinos, sureños y norteños, centrales y orientales, y por si fuera poco, no solo venezolanos sino gentes de otras latitudes.

—¿Cuál es la importancia de las otras batallas, estrategias de distracción, que facilitaron el triunfo en Carabobo?

—Bolívar sabía de las características del enemigo y que cualquier enfrentamiento habría sido suicida. En ese marco busca crear un conjunto de maniobras que pasaron a la historia como “las diversiones”. Conforma tres grandes ejércitos: el del sur en Apure que le deja a José Antonio Páez, el de oriente a Carlos Soublette, y el del norte a Rafael Urdaneta. Lo que buscaba era la concentración de fuerzas en el bloque Barinas, Guanare y San Carlos, y sabía el poder de Miguel de la Torre en todo el centro y la provincia de Caracas. Una de la más importantes es la toma de Caracas, mediante el liderazgo de José Francisco Bermúdez con un ala del ejército del norte. Es en el marco de la diversión de Bermúdez en mayo de 1821, que va a ocurrir una confrontación en un lugar cercano a Guatire, la Batalla de El Rodeo, que facilita la toma de Caracas, fundamental para lograr la fractura del ejército español.

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