Honorable por siempre

Por Esmeralda Gordillo 

Fue en enero de 2006, cuando recibí la llamada de mi querida y respetada profesora Asalia Venegas, con quien trabajé cuatro años cuando la designaron Directora de la Escuela de Comunicación Social de la UCV, mientras simultáneamente yo estudiaba periodismo.

Me preguntó: ¿te gustaría trabajar como asistente de mi esposo, el diputado Earle Herrera? Me sorprendió, pero muy emocionada y al mismo tiempo con temor, le dije: sí. Mi trabajo era asistir tan ilustre periodista, escritor, poeta, cronista y profesor titular jubilado de la UCV, pero asumí el reto.

Desde entonces, transcurrieron 15 años y 11 meses, apoyando su gestión como Asistente Parlamentario en la Asamblea Nacional. Siempre puntual, dispuesto y organizado, se presentaba en la oficina para dictar sus lineamientos y planificar la agenda, dar respuesta a los requerimientos del parlamento y atender las solicitudes del pueblo. Ese pueblo noble que lo admiró y lo saludaba con emoción por donde pasaba, porque sabían que se encontraban frente a un intelectual y un hombre de letras que jamás perdió la humildad, el humor y la sonrisa, ni siquiera en momentos tan difíciles de su vida.

Earle Herrera no abandonó su vocación de profesor y narrador, a diario nos brindó muchas enseñanzas y anécdotas de su vida. Incorruptible, honesto, justo, íntegro y respetado hasta por quienes militan en los partidos políticos de oposición, pero por sobre todas las cosas fue un leal revolucionario.

Despertar cada mañana sin esa llamada telefónica para confirmar su agenda, para expresarnos de alguna manera que estaba bien, no será nada fácil. Extrañaré con profunda tristeza, compartir a través de redes sociales su crónica diaria El Kiosco de Earle, sus artículos, entrevistas, conferencias, poemas, los micros del Kiosco Veraz, discursos y derechos de palabra ante la plenaria de la Asamblea Nacional, los cuales en su mayoría recibieron aplausos de pie. ¡Earle Herrera, sin lugar a duda, será honorable por siempre!

ÉPALE 443