José Garcés psicólogo budista: “La muerte no existe”

Para el terapeuta existe una relación indisoluble entre la vida y la muerte, que debemos aprehender para vivir con plenitud y sin temores a pesar de la pandemia

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Archivo

La muerte de la periodista Enza García, querida profesional del territorio radiofónico que nos dejó en días pasados pese a su juventud, no solo abultó la estadística de caídos por el coronavirus y los males recurrentes de los últimos dos años, sino que removió ese susto esencial que llevamos por dentro al notar sin filtro la fragilidad de la existencia, ostensible gracias a la pandemia.

Estamos un poco en vilo, con expectativas de los que se van y los que permanecen, pues nunca antes había sido tan trivial decir adiós en el vaivén de esa ecuación dialéctica que incluye a la vida y la muerte.

Por suerte, en un acto especial en homenaje a la combativa comunicadora que se destacó en emisoras como YVKE Mundial y Alba Ciudad, un personaje atípico e imprescindible desplegó su vocación artística y terapéutica al mismo tiempo: José Garcés, quien además de psicólogo con presencia permanente en los medios, es cantautor, poeta y practicante de los conocimientos del budismo como religión y como tratamiento para sanar el alma y la conciencia.

En medio de su actuación, versionando guitarra en mano a autores de la canta latinoamericana, soltó una revelación tajante, para algunos cuestionable, para otros cardinal: “la muerte no existe”.

—¿Quién no le teme a la muerte?

—Todos le tememos a la muerte, pero yo pienso que es un miedo cultural. Nos enseñaron a temerle a la muerte. No todas las culturas le han temido; para los vikingos y para los griegos era un honor morir en batalla y era una deshonra morir en una cama. Ese miedo que ha sido inculcado por la cultura dominante tiene un beneficio para la dominación.

—¿Por qué la sociedad occidental le huye tanto? 

—Manejar a toda una sociedad logrando que haga lo que una clase social dice, ha sido una práctica utilizada por la iglesia católica para el ejercicio del poder. Metiéndole miedo a la gente y haciéndole creer que luego de muerto va a ir al infierno a quemarse por toda la eternidad si no hace lo que la dominación dice, ha sido usado por siglos. Recordemos cómo El Vaticano vendía las indulgencias como perdón de los pecados, logrando que la iglesia llegara a poseer el 75% de todas las tierras de Europa.

—Nos ha tocado percibir la muerte como una inmediatez durante la pandemia. ¿Crees que eso trastocará nuestras prioridades existenciales?

—Si el covid vino a ayudarnos a eliminar el miedo a la muerte, pues bienvenido sea. Tuve un paciente que desarrolló un miedo patológico al covid, (yo en un artículo llamé a este síndrome el Psico-Covid) y le dije: “Con ese miedo estás haciendo un muy mal negocio, porque te vas a morir. Ahora, no sé si te vas a morir de covid, pero en algún momento te vas a morir. Si logras salir del covid con éxito, igual vas a tener ese pánico a la muerte después por alguna otra cosa. Es más sensato que comiences a manejar ese miedo a la muerte”.

—¿A qué te refieres cuando afirmas que la muerte no existe?

—Un gran maestro del budismo tibetano, Lama Jimpa, explicaba: “La muerte es la propia vida interrumpiéndose a sí misma”. La muerte forma parte del proceso de la vida. Se trata de un binomio vida-muerte. Viene una a continuación de la otra, pero siempre en un proceso continuo. Esta noción lleva implícita la idea de la reencarnación, que ha sido ampliamente estudiada por las disciplinas orientales como el hinduismo y el budismo, y otras tantas filosofías. Por ejemplo, Platón afirmaba que el alma era indestructible.

—Los apegos vitales, las perspectivas de trascendencia, ¿nada de eso vale para darle sentido a la vida?

—La saga de ficción medieval titulada Canción de hielo y fuego, que fue llevada a la pantalla con el título de Juego de tronos, hizo popular entre sus fanáticos el saludo de la tierra mítica de Essos: Valar Morghulis que significa: todo hombre debe morir. Este saludo era contestado con Valar Dohaeris que significa: todo hombre debe servir. Una vida de servicio a los demás, una vida dirigida a generar alegría y felicidad a los demás sí es una vida trascendente. Para servir a los demás y proveerles felicidad no podemos irnos por la vía de los apegos a las cosas materiales. Eso solo sirve a la sociedad de consumo.

—Rumbero, acabatrapo, acelerado y hedonista. ¿Es posible enseñarle al caraqueño que también va a morir?

—Los antiguos egipcios cuando coronaban a sus faraones los sacaban en procesión con todos los dignatarios del reino, y delante de todos, en primer lugar de la procesión, llevaban un gato negro que simbolizaba la muerte. Era para decirle al faraón: “eres un dios hecho hombre, pero al ser hombre, igual te vas a morir”. Se dice que los reyes magos llevaron a Jesús como regalo oro, incienso y mirra. El oro, como símbolo de riqueza material, el incienso como símbolo de elevación espiritual y la mirra, se le aplicaba a los cadáveres. El significado oculto es que al ser hombre, ya se está dirigiendo hacia la muerte. Ahora pienso, si se le enseñó a los faraones y al mismísimo Jesús ¿Por qué no al caraqueño?

—¿También se puede enseñar a vivir?

—He tenido pacientes que de tanto miedo a la muerte dejan de hacer cosas de la vida. Entonces no van a la playa porque se pueden ahogar, no van a la montaña porque pueden tener un accidente, no bailan porque se pueden caer, etcétera. Entonces no viven. El miedo a la muerte por lo general es miedo a la vida. Si se conoce la inevitabilidad de la muerte, entonces podemos vivir la vida más plenamente. La enseñanza budista nos dice: “La muerte es inesperada, pues entonces hagamos de la vida también una sucesión de eventos inesperados”. Pero nosotros nos encargamos de tener una vida previsible, planificada, rígida y fastidiosa, en donde todos los días son iguales.

—Entonces, ¿la muerte no es el final?

—No, y definitivamente no. La película sigue. La idea que nos han inculcado es que con la muerte se apagan las luces y se acaba la película. Las investigaciones de la Dra. Klübler-Ross con respecto a las experiencias cercanas a la muerte dan cuenta de que la conciencia sigue funcionando después de que el cuerpo deja de funcionar. El budismo tiene una larga experiencia en este respecto y ha generado enseñanzas. Sobre este hecho se estructura toda una gran cantidad de prácticas, rituales y aprendizajes en el budismo y en el hinduismo. Algún sacerdote católico podría decir que esas religiones y disciplinas son cosas del demonio. Pues eso nos lleva directamente a la primera pregunta de por qué tememos a la muerte. Ya vemos cuáles son los responsables de este miedo.

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