José Javier Sánchez, poeta: “La lectura no debe ser una especie de catecismo popular”

Define a la literatura actual como un territorio conquistado por la identidad, con las mujeres como grandes protagonistas

                                        Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                          Fotografía Mairelys González@mairelyscg27

Podemos ceder a las convenciones y escribir: José Javier Sánchez (1970) es docente, poeta, especialista en promoción de lectura, tallerista de expresividad literaria, editor, fundador de la Red de Promotores de Lectura de Venezuela, fue coordinador del Proyecto Nacional de Promoción de Lectura del Ministerio de la Cultura, Gerente de Promoción en Monte Ávila Editores Latinoamericana, promotor cultural en La Pastora, Los Eucaliptos y El Calvario, ahora mismo es periodista del semanario Ciudad Caracas y columnista de esta revista, etcétera.

Si marcamos distancia de los pruritos, bastaría decir que José Javier es humanidad.

Pero tampoco es suficiente, ni es todo. También es padre de Gabriela Valentina y Miranda Sophia, hijo de Carmen Elena, marido, y espíritu non sancto, bohemio, díscolo, cegato, radiodifusor por Oyeven 106.9fm con su espacio Cuéntame Aquiles, y un incansable buscador de tesoros de entre el ramaje que germina en la literatura venezolana y que muchas veces no encuentra los caminos adecuados para florecer, hasta que llega él, con su tumbao y una intuición casi infalible para hallar prodigios entre tantos “escribidores”.

Su obra poética es extensa. Sus libros (Fragmentos para una memoria, Hasta que el recuerdo lo permita, Código postal 1010, etcétera) testimonian el sabor herrumbroso de la ciudad, y siempre resulta placentero escucharlo disertar sobre cualquier tema, pero fundamentalmente de literatura, como el pasado 30 de julio cuando fue seleccionado como orador de orden durante el 1er Encuentro Municipal de Escritura, la Escritora y el Escritor en Caracas instituido por el Consejo Municipal de Libertador.

—¿Venezuela es un país con mejores narradores o poetas o cronistas?

—Somos un país con mejores escritores. Tenemos una amplia y reconocida gama de escritores de distintos géneros, algunos pioneros de estilos de búsquedas que luego fueron inmortalizadas por escritores latinoamericanos y universales. Nuestra poesía, nuestra narrativa, nuestra ensayística y esa forma de crónica cada día crece más, agudiza mucho más su relato, su poética, su registro. Somos un paraíso de escritores en constante eclosión desde el lenguaje.

—¿Se está publicando con justicia, pertinencia, coherencia?

—Nunca hemos sido lo suficientemente justos en la publicación. En los momentos de mayor masificación de la literatura muchos autores se quedaron en lista de espera en imprenta. Sin embargo, no podemos desconocer la variedad que hubo en una época. Hace pocos años la imprenta de la cultura y editoriales como El Perro y la Rana y sus imprentas regionales abrieron un boquete amplio para mostrar a nuevos y buenos autores. Creo que lo más acertado en los últimos años ha sido el reconocimiento a los historiadores silenciados que han logrado palpar la otra cara de la historia. En este momento es imposible decir que se publica con justicia. La crisis lo hace imposible. Sin embargo se está migrando con gran rapidez hacia los libros digitales y quizá allí hay un respiradero para mostrar a nuevos y buenos autores, a buenas obras, pero el estado no debería bajar la guardia en su aporte a esta industria cultural y a los centenares de proyectos de editoriales alternativas.

—¿En Venezuela se lee? ¿Qué se lee? ¿Qué deberíamos leer?

—En Venezuela se lee, pero debemos seguir insistiendo en ampliar esa política de lectura desde todos los flancos. El estudio del comportamiento lector no garantizó que se leyera de una manera profunda, crítica y amplia. Debemos ir hacia esas posibilidades. La lectura no debe ser una especie de catecismo popular. Hay que ampliar las ofertas y el acceso a la literatura universal. Tenemos que leer al que nos ataca, con sentido crítico. Tenemos que leer a nuestros escritores. Nuestras cifras se tienen que elevar desde la lectura crítica, colectiva, diversa. Seguir profundizando la lectura crítica de nuestra historia.

—¿El Estado está haciendo suficiente o llegó el momento del emprendimiento particular?

—El emprendimiento particular se vio frustrado en un momento en que el Estado dedicó toda su fuerza y presupuesto a publicar desde las editoriales del mismo Estado y abandonó el apoyo a las editoriales alternativas. Aunque trató de recompensarlo con las imprentas regionales. Los editores alternativos, que son la fuerza que mueve a la extensa literatura venezolana periférica, no ha detenido su empeño en seguir aportando. El Estado debe volver a sentarse con las editoriales alternativas y con las editoriales privadas y establecer convenios de estímulo, apoyo y promoción para la producción editorial en este momento. Muchas editoriales alternativas que han migrado hacia el mundo digital ya muestran frutos significativos y ha llegado el tiempo de asumir esos espacios desde la creatividad.

—¿Parte de nuestro maleficio viene dado por la falta de identidad, el desarraigo y la colonización cultural?

—Somos una ciudad en resistencia, insurgente. En nuestros barrios convive el vallenato con la Cruz de Mayo, la Paradura del Niño, los niños que van a la sinfónica, los marihuaneros, la gente que reza el rosario y las décimas a la cruz, los jugadores de caballo y el bingo y la burguesía, el capital, la publicidad ha hecho mellas y hemos tenido momentos tristes con grandes sonrisas. Nuestra clase media, que por muchos años se creyó burguesía, ha sido golpeada y quizá es la más maltratada en ese campo. Nuestro maleficio ha estado marcado en que las bonanzas petroleras nos han desclasado muchas veces y luego las crisis terminan derribándonos y llevándonos al lugar preciso al que pertenecemos.

—¿Un pan o un libro?

—Siempre un pan. Trabajado con dignidad. Garantizado como derecho. Solo con nuestros derechos fundamentales garantizados. Un libro debe ser un elemento vital al servicio del ser humano. Pero un pan no debe ser mendigado, es merecido. No quiero darle un libro a un niño, a un hombre que esté muriendo de hambre o enfermo, prefiero darle un fusil. Un ideal. Un sueño libertario. La lucha por el pan, por la independencia, por la descolonización traerá buenos libros.

—¿Caracas, una ciudad para poetizarla, narrarla o cronicarla?

—Amo a esta ciudad profundamente con todos sus bemoles. Con sus gestas. Sus amores. Su juventud y su memoria. Amo sus silencios y su bulla. A sus viejos y a todas las jovencitas que vienen desarrollándose. Esta ciudad es movimiento permanente para la creación, la poética, la acción. Esta ciudad exige cada vez mejores registros literarios y ese es el reto de los que queremos escribir desde cualquier género. Una ciudad que no ha sido aún con plenitud. Es una ciudad virgen que desea ser escrita, bailada, cantada, dramatizada. Una ciudad que en cada momento está por nacer con una memoria milenaria que sigue resistiendo a ser dominada por monarquía por imperio o caudillo.

—¿Qué está pasando de interesante en el panorama de la literatura venezolana?

—Nuestras mujeres cada vez ganan más premios literarios. Nuestras poetas, narradoras y ensayistas se alzan en bienales. Estamos escribiendo el país del siglo XXI y reescribimos nuestra historia para descolonizar quinientos años de mentira. Cada vez el debate es más amplio. Cada vez la población está más politizada y se le mete menos chirimbolos. Nuestros poetas, narradores y ensayistas caminan hacia una nueva estética de nuestras letras que se parece más a nosotros. Cada vez somos más auténticos. Cada vez hay mejores registros desde la literatura en todos los flancos. Estamos desacralizando el lenguaje no para prostituirlo sino para convertirlo en un camino de descolonización, de creación, de transformación, de la realidad.

ÉPALE 425