Juancho Domínguez: Un fotógrafo que busca lo que no se le ha perdido 

A sus casi setenta años mientras zigzagueaba entre la vida y la muerte, vio una cámara al final del túnel y con ella se dedicó a hacer algunas de las fotos más bonitas y dramáticas de Caracas

                                      Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                        Fotografía Maxwell Briceño@maxwellb_photoss

Con humildad conmovedora, Juancho Domínguez habla de los fotógrafos en tercera persona y sueña con “llenar de fotografías el último cuarto de hora” de su existencia. Se considera, más bien, un narrador visual que antes de dedicarse a la imagen se desempeñó durante treinta años como profesor de Economía Política Clásica y de Economía Marxista primero en la Universidad del Zulia (LUZ) y luego en la Universidad Central de Venezuela (UCV), hasta que tras la jubilación halló la posibilidad de dedicarse en cuerpo y alma a retratar su entorno, Caracas, como el summum de sus ambiciones creadoras.

Con setenta años encima decidió hacerse fotógrafo, se lanzó a las calles a recoger instantes y hoy es uno de los más sensibles exponentes de la estética capitalina, virtuoso del dramatismo del blanco y negro y un curioso de las esquinas remotas, las aceras domésticas y el movimiento espasmódico de los moradores de la urbe.

En Instagram, a través de su cuenta @juanchodominguez12, así como en Facebook, uno puede pasear por su manera sorprendente de congelar el celaje de las cosas y la embestida de la luz de Caracas con su cámara Sony A5000 y lente Artisan de 35mm, parte de su avituallamiento para la vida.

Dice la fotógrafa Mairelys González que Juancho se ha convertido en un maestro y referente para fotógrafos iniciantes y veteranos. “Ha mostrado un talento natural para transformar la cotidianidad de Caracas en una obra de arte. Usa la luz dura de la ciudad para hacer énfasis en los contrastes, mientras las fotos a color son producto de la luz dorada del atardecer caraqueño que es espectacular. Se la pasa acechando las esquinas de la ciudad después de las cuatro de la tarde, buscando momentos y persiguiendo a la gente, es muy cómico”.

—¿Por qué fotografías Caracas?

—Nací en Caracas, en la esquina de Negro Primero en La Pastora, pero fotografío Caracas porque vivo en ella. Yo creo que si viviera en Altagracia de Orituco sería un fotógrafo altagraciano, con esto quiero decir que lo que me interesa fundamentalmente es la gente en la calle sin importar dónde. Eso no quiere decir que no hayan ciudades con sitios más fotografiables y con climas más indulgentes que otros. Pero no conozco, fotográficamente hablando, otras ciudades. Al fin y al cabo Caracas me encanta.

—¿Te nutre más la gente o las fachadas?

—Antes de comenzar en la fotografía yo empecé a ver fotos en los grupos de Facebook que se dedican a reproducir imágenes de Caracas del siglo XX, su gente y su arquitectura, y me gustó tanto que al tener mi primera cámara salí a tomar fotos de fachadas y arquitectura antigua en la ciudad, casas viejas, sitios con historia, etcétera, además no me atrevía a fotografiar personas, les tenía temor, pero poco a poco la gente y su movimiento perpetuo me fue atrapando hasta convertirse en mi principal objetivo, aunque me encanta fotografiarla dentro de un contexto de formas.

—¿Qué época del año ofrece mejor luz?

—Me encanta la luz de Caracas todo el año. Es una luz preciosa y es tan cambiante e impredecible a veces que es un reto permanente, pero creo que los días que siguen a los solsticios de invierno y de verano, es decir, enero y julio, proporcionan una luz extraordinaria y bellísima, es como introspectiva y la otra es fuerte y extrovertida… una maravilla.

—¿Qué te puedes encontrar retratando la ciudad?

—La ciudad y su gente son una caja de sorpresas: te consigues con una cantidad de acciones y reacciones que pueden llevarte a la risa, la ternura, la arrechera o el miedo; todo eso está involucrado cuando sales con una cámara buscando encontrar lo que no se te ha perdido.

—¿Fotógrafo, aficionado, artista o artesano?

—No sé, creo que tengo eso que llaman una vena artística porque toda mi vida he sentido la necesidad de expresarme por medio de instrumentos o artefactos, por eso traté de hacerlo con los títeres, la música y ahora con la fotografía. Yo respeto mucho a los fotógrafos, su conocimiento, su técnica, su dedicación, etcétera, como para decir que soy un fotógrafo. Prefiero definirme como narrador visual.

—¿Por qué te decidiste por la fotografía y no por la repostería?

—Jajajajaja. Eso de la repostería se te ocurrió fue a tí, además soy muy elemental en la cocina. Poco antes de cumplir los setenta años y luego de una enfermedad por la que casi cruzo el páramo sin  escarpines, tuve que reinventarme y la fotografía sólo me pedía el esfuerzo de un dedo y un botón.

—¿Por qué la calle, por qué en blanco y negro?

—En la calle está todo, la calle es una cinta sin fin de imágenes que forman un pandemónium y a la que sólo tú puedes darle la coherencia necesaria. Estoy convencido de que todo depende de uno. Tu estado de ánimo es fundamental, eso te coloca en la jugada o te mantiene excluido. Si supieran la cantidad de escenas que me pierdo por fracciones de segundos y que constituyen una frustración que a veces puede durar días. Tu disposición, tu velocidad, tu capacidad de anticiparte a los acontecimientos, todo eso contribuye a tener aunque sea una foto buena entre cien que tomaste, y regresar contento a casa y dormir soñando.

—¿Tienes algo en contra del color? ¿Caracas no te parece brutalmente colorida?

—Blanco y negro o color, ese es un tema para debatir hasta el infinito, todo depende de los gustos de cada quien. Realmente el mundo es en color y uno ve en color. El blanco y negro no existe cuando hay luz, ya eso lo convierte en un factor de excepción y tal vez por eso me parece que le confiere a la imagen una dimensión distinta, que me encanta para la foto de calle, quizás le aporta cierto dramatismo. El color me gusta cuando hace que resalten los elementos que uno quiere destacar porque si no es así me parece que más bien distrae. Lo uso deliberadamente cuando le imprime fuerza a la escena. De todas formas esto no es nada definitivo y es tan subjetivo que mañana puedo cambiar de opinión.

—¿Se puede empezar de nuevo después de la jubilación?

—No sé, supongo que hay cosas que son imposibles de empezar a cierta edad ya que las facultades físicas cuentan a la hora de emprender ciertas actividades, pero en muchas otras, como en el caso específico de la fotografía, por supuesto que sí. En mi caso fue como una epifanía, una revelación maravillosa que se convirtió en un proyecto de vida, llenar de fotografías el último cuarto de hora de mi existencia.

—¿Dónde está el alma de Caracas?

—El alma de Caracas está en su gente, un alma tenaz y luchadora, solidaria y rebelde, sensible y alegre, con un detalle muy significativo: es libertaria.

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