Juguetes diabólicos

Por María Eugenia Acero Colomine • @mariacolomine | Ilustración Erasmo Sánchez

Los niños son el mejor negocio. Cualquier miriñaque con lacito puede servir para generar una tendencia viral, y desatar en los chamos euforia para poder tener el juguete de moda. Así, la industria juguetera no escatima en ideas para lanzar al mercado diferentes juegos y muñecos que exacerben la compulsión consumista de la infancia. Para lograr esto, los medios son el mejor canal que manipula las mentes frágiles de los infantes con canciones, videojuegos, videoclips, series y películas, incitando a comprar cada vez más juguetes. Así, vemos en los salones de clases a muchachitos pegados a dispositivos electrónicos y con diferentes muñecos y carritos.

Sexo y violencia

El problema está en que esta seducción en masa incita al consumo de juguetes y contenidos que cada vez más apuntan hacia la violencia, la pornografía, el consumo de estupefacientes y demás valores para la muerte. Muchos animes japoneses muestran un contenido explícito de índole sexual y de violencia, así como otras comiquitas que los niños ven en la televisión por cable o Internet. En tiempos pasados, comiquitas como Beavis and Butthead y la animación de plastilina Celebrity Deathmatch nos mostraban escenas sangrientas y grotescas como una novedad de los años noventa. Ahora pareciera que los extremismos son la regla en el entretenimiento infantil.

¿El nuevo chucky?

Hoy en día, un peluche es el epicentro de la polémica por incitar al suicidio y la violencia. Se llama Huggy Wuggy (el nombre que proviene de hug, ‘abrazo’ en inglés), un muñeco con una gran boca y dientes afilados protagonista del videojuego de terror Poppy Playtime. El original es de color azul pero debido al éxito que está teniendo entre los niños su familia ha crecido y ya hay uno de color rosa, que se llama Kissy Missy (proviene de kiss, ‘beso’ en inglés), o de los colores del arcoíris, entre muchos otros. Su misión en el videojuego, que transcurre en una fábrica de juguetes abandonada y donde el participante se tiene que ir escapando de juguetes malvados, es abrazar hasta dejar sin aliento. Tanto en los videos como en el juego, el muñeco amenaza a quien lo vea con abrazarlo hasta asfixiarlo.

Nuevamente se hace imperioso que los padres vigilen de cerca el material que ven sus chamos en la televisión y el Internet, y que mantengan muy abiertas las líneas de comunicación, para que sus hijos no sean presa de la manipulación. En tiempos de incitación al mal, el abrazo en familia es la única protección que funciona.

Épale N° 481