Julio Linares: El arte debe ser un instrumento de liberación

El joven artista plástico sostiene que todas las disciplinas culturales deben emancipar la mirada y el pensamiento

                              Por María Eugenia Acero Colomine  • @mariacolomine                                    Fotografía Michael Mata • @realmonto

La calle es una escuela para muchos, que nos forma para ser dignos ciudadanos de la selva de cemento. De sus muchos alumnos, hay quienes desarrollan una verdadera pasión por el arte. Las paredes se convierten en los lienzos naturales para la expresión, y de ahí la formación artística se profundiza. Así le pasó al muralista, artista plástico, y grafitero Julio Linares, mejor conocido como Murdok. Conversamos con él sobre su trayectoria y lo que ha representado crecer como artista visual proveniente del arte urbano.

Conozcamos parte de la vena creativa de Murdok o Julio Linares.

—¿Cómo se define Julio Linares?

—Siempre me he mantenido alejado de una definición que pueda encerrar mi proceso o mi persona dentro de un solo concepto. Una diversidad y un cúmulo de experiencias, pensamientos, ideas, concreciones, tanto de la obra, como lo que estoy desarrollando, como el artista en que me convierto. Siempre mi interés ha sido encontrar un espacio donde el arte sea un instrumento de liberación de la mirada y del pensamiento. No solamente las artes plásticas, sino todas las disciplinas del arte y la cultura en general, que han dado un sentido a Julio Linares dentro de mi vida y mi experiencia profesional.

—¿De dónde vino tu pasión por el arte?

—Desde niño siempre me había gustado el dibujo. Mi abuela Carmen fue costurera, y tenía dibujos muy interesantes. Mi hermano mayor es diseñador, artista, fotógrafo, modelo. También mi papá y mi mamá siempre me llevaron a los espacios culturales desde temprana edad. De alguna forma esto pudo estimular el interés por el arte. En el desarrollo de mi vida siempre me mantuve en una búsqueda. Muchos profesores me acercaron antes de llegar yo a la universidad. Guillermo Pinto fue uno de ellos. Parte de esas pequeñas experiencias consolidaron mi fe, mi visión y mi pasión por el arte.

—¿Cómo ha sido tu trayectoria?

—Yo creo que ha tenido diferentes facetas. En un primer momento, mi interés por el arte era muy intuitivo. De niño hacía fotogramas. Me gustaba la narrativa y la construcción de mini guiones dentro de mis ideas. Mis dibujos no eran solamente dibujos, sino que estaban acompañados por historias.

Luego en el liceo dejé una serie de murales en la escuela. En 2011, ya tenía rato haciendo grafiti en la calle. Otro gran detonante que me motivó a ver el arte desde la intervención del espacio público y desde el tema cultural.

Llego a la Unearte, y el año pasado me gradué de Artes Plásticas, mención Pintura. Creo que dentro de todo, he tenido la oportunidad de representar en varios espacios artísticos. Expuse en el MBA, en Ciudad Bolívar, en la Bienal del Sur del año pasado. El año pasado participé con un mural en el Teleférico de Caracas que fue todo un impacto interesante a nivel nacional.

Todo esto estuvo enmarcado en madurar un pensamiento artístico, un lenguaje plástico que todavía está en construcción, pero que se ha paseado por diferentes áreas de la vida social, del conocimiento, del pensamiento crítico. Es interesante, cómo esa diversidad de espacios estéticos y sociales, donde he podido colocar mi obra o pensamiento creativo, donde ha habido una simbiosis de la creación de algún lenguaje. Siempre ha sido el interés de generar algo en la realidad, que trascienda a algo más allá, el mundo creativo del ser humano que de por sí tiene esa virtud.

—¿Cómo es la vida de un grafitero?

—Yo creo que todos los que hemos estado atraídos por el grafiti, que es un personaje que construyes y le das identidad, giramos en torno a lo mismo. Es interesante el tema contestatario y de rebeldía. El tema del arte urbano ha sido la disputa del espacio público. Muchas veces el espacio tiene cabida para la propaganda o el comercio, y pareciera que los ciudadanos se convierten en consumidores de esos mensajes. Se ha generado toda una serie en torno de ese pensamiento, pero también diversos nombres y grupos. Siempre va a tener una intención contracultural. Se opone a una visión establecida poniendo algún nombre, seudónimo, un personaje. En ese marco, todos los que venimos del grafiti tenemos esa esencia de lo que fue y lo que es. Toda esa experiencia histórica se deriva de una experiencia social. Movimientos sociales como el hip hop también inspiran a la movida. Nuestro grupo se llama WSK. El gesto de mi pintura, y de toda mi expresión plástica está impregnada del arte urbano. Es evidente, porque vengo de ese mundo y esa cultura.

—¿Qué temática abordas en tu trabajo?

—Es diversa la temática. En mi trabajo de grado abordamos el Arte como herramienta Liberadora, recreando las imágenes de lo local y lo ciber espacial. Yo generé un diálogo entre esos dos conceptos. La visión de lo humano y la visión de la máquina está cada vez más presente en la cotidianidad. Me interesó crear un pensamiento crítico en la conciencia de esa realidad: tener un pensamiento más profundo, y el interés en el arte. El arte no se ha escapado de la tecnología. Varios autores hablan de la muerte de la obra de arte, como Walter Benjamín, con la época de la reproductividad de la imagen. Es un tema que me ha interesado, teniendo en cuenta que vengo del arte urbano, y vengo de la discusión del arte en el arte en el espacio público. He visto, cómo la mirada cada vez puede verse más cuestionada por los medios digitales o la misma comunicación que se ha visto alterada por diferentes procesos, haciendo que sea menos profundo, mas impresencial. Esto incide en la forma de ver al otro y a la vida. Es un tema interesante, y he venido desarrollándolo en los proyectos Viajes Locales y, Tiempo Urbano (en pleno desarrollo).

—¿De dónde viene tu apodo?

—Murdok es un personaje de Gorillaz, que es una banda de hip hop europea. Cuando uno comienza el grafiti uno no piensa en darle un concepto al nombre. Me inspiró porque me gustaba esa visión futurista de sus animaciones. La premisa era jugar con las letras. Hoy día lo mantengo, porque fue mi génesis que me sensibilizó a muchas historias: Murokwsk.

—¿Qué mensaje deseas darle a la comunidad de Épale CCS?

—A la comunidad de Épale CCS le doy gracias por el espacio. Seguir apoyando y fomentando el compartir del pensamiento de artistas desde su revista. Es muy importante sistematizar el pensamiento de la sociedad artística de nuestro país. Apoyen a los artistas, que tenemos ganas de hacer cosas.

ÉPALE 463