Julio no es por Iglesias

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

Muy lejos de lo que la marabunta nos quiere hacer creer, el séptimo mes del año, ese que fue instituido por el calendario gregoriano en honor al emperador romano Julio César y dura 31 días, no tiene nada que ver con Julio Iglesias, un baladista español de mucha fama en los años 70-80 del siglo pasado pero actualmente en franca decadencia generacional, que parece señorear en estas fechas a instancias del ejército de activistas de las redes sociales y su avalancha de memes disruptivos.

Julio, el Iglesias, fue famoso por su voz empalagosa y sus canciones románticas, y ciertamente cosechó glorias gracias en buena medida a su proyección internacional, haciendo dúo con Frank Sinatra, Willie Nelson, Diana Ross, Plácido Domingo y Charles Aznavour, entre muchos otros, además de ganar Grammys, recibir su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, retratarse en la Casa Blanca con Ronald Reagan, aparecer en el programa de Oprah Winfrey y cantar en casi todos los escenarios del planeta, incluyendo a Sábado Sensacional junto a un emocionado Amador Bendayán y en pique silencioso –pero ostensible– con El Puma José Luis Rodríguez, a quien siempre combatió en el territorio del delirio sentimental.

Iglesias ni siquiera nació en julio sino en septiembre de 1943, en el Madrid de la posguerra, y fue portero juvenil de un equipo subsidiario del Real Madrid donde acreditó cierto talento que le hizo acariciar la esperanza de hacerse profesional. La vida lo llevó por otros derroteros hasta que en julio de 1968 se presentó en el Festival Internacional de la Canción de Benidorm del que se hizo ganador con la canción La vida sigue igual. Después fue todo “coser y cantar”.

Mucha gente se pregunta: ¿y por qué no Julio Cortázar? Quizás porque el argentino fue un portento intelectual, poeta y narrador consumado, alistado en las filas del pensamiento crítico y la insumisión ideológica, mientras que el otro engoló lo suficiente como para dejarse envolver por las mieles de la fama y los millones de dólares y hacerse acreedor, según el imperio de los “likes”, de un mes del calendario.

El julio gregoriano es tan sustancioso: se celebra la Declaración de Independencia de Venezuela, el Día Mundial del rock, la toma de la Bastilla, el Día Nacional de Puerto Rico, el asalto al cuartel Moncada con el que se da comienzo a la Revolución Cubana, el Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares, etcétera. Pero, ¡ah malaya!, nos toca acordarnos de Julio Iglesias y su pop momificado.

ÉPALE 468