La aburrida

Por Ana Cristina Bracho • @anicrisbracho / Ilustración Astrid Arnaude • @loloentinta

Nació en París, la escritora más caraqueña que ha tenido Venezuela, pues Teresa llegó allí cuando su padre cumplía una misión diplomática. Afrancesada, aburguesada, pasó la infancia en una hacienda que quedaba en Tazón. Sólo podemos soñar con lo que debió ser ese paisaje, en una casona, seguramente calmada, húmeda y fría.

¿Es Teresa de la Parra nuestra primera intelectual feminista? ¿Hay algún otro secreto sobre ella entre líneas y recortado de su correspondencia? La verdad es que la gente habla. Lo cierto es que Ana Teresa, como en realidad se llamaba, no tuvo una vida fácil pero su talento fue tan grande que no requirió escribir en demasía para ganarse su lugar definitivo en la historia de las letras, para saber poner el punto sobre las íes y construir el relato.

Es fascinante, en estos tiempos de tantas migraciones, ver en Teresa una mujer que nace y muere en el extranjero, que pasa varios períodos fuera del país pero que siempre defiende su condición de venezolana. Siendo para ella, ese vínculo con la tierra, ese sonido de la infancia, esa sangre que le calienta las venas, un asunto no negociable. Su éxito tampoco le hace dudar de su pertenencia pues más allá de la mujer que conocemos, la que escribió los libros que se leen en primaria, Teresa es una de las escritoras latinoamericanas más celebradas sino pregúntenle a Gabriela Mistral o vea las comparaciones que algunos hacen de ella con Virginia Woolf.

Aunque muere en España, sus restos son repatriados y luego, junto a su tocaya, Teresa Carreño, fue una de las primeras mujeres llevadas al Panteón Nacional. Ella nos deja un retrato de la Venezuela rural y conservadora, vista principalmente por las mujeres.

Decía Alejo Carpentier que la escritura embalsama la memoria y la libra de la muerte. Volver a lo que antes se escribió nos desnuda parte del alma que compartimos. Por eso, hay mucho de lo que hoy nos hace falta que se desprende de la historia de vida y de lo escrito por gigantes como Teresa.

ÉPALE CCS N°473