La canchita de Pedro Camejo

Por Gerardo Blanco • @gerardoblanco65 • Ilustración Erasmo Sánchez

Hay un lugar muy especial en Caracas al que siempre acudo cuando la vida apremia. Es una humilde cancha de baloncesto, que en un pasado no tan lejano era el ombligo de mi pequeño mundo y que hoy está herrumbrosa, carcomida por el tiempo y el olvido.

Al principio, la cancha no era cancha ni nada, solo un terraplén donde los hermanos Macías hacían acrobacias y practicaban para las carreras de motocross con sus máquinas nuevecitas que rugían con estruendo.

Pero un día, el plan Rotival llegó a Pedro Camejo y se hizo la modernidad, Aparecieron maquinarias de construcción, camiones y un montón de ingenieros del Ministerio de Obras Públicas que construyeron el tramo faltante de la Cota Mil, que unió a Maripérez con San Bernardino, y también dejó un regalo inesperado en la urbanización de bloquecitos para los obreros, construida por el general Pérez Jiménez al norte de la ciudad.

En la improvisada pista de motocross de los Macías surgió un parque infantil con columpios, subibajas, toboganes y pasamanos que entonces nos pareció Disneylandia. Un poco más abajo del reluciente parque de diversiones, los ingenieros construyeron una extraña pista de cemento, cuya utilidad resultaba indescifrable para todos los niños del año setenta y cinco que habitábamos allí.

Era una rectángulo de cemento, repleto de líneas y círculos, con sendos tubos que sostenían dos tableros de metal y una especie de aro por el que debía atravesar una pelota. En Pedro Camejo nadie sabía para que servía semejante instalación hasta que días después de la inauguración del parque, se presentó Francisco “Paco” Diez con un montón de balones y empezó a enseñar el ABC de un nuevo deporte que nos enganchó para siempre.

Paco, era en esos días el coach más prestigioso del país. Después de graduarse con honores en Educación Física en el Pedagógico, había realizado una especialización en baloncesto en Estados Unidos, y a su regreso a Venezuela fue el primer entrenador venezolano que comenzó a jugar con sistemas y movimientos tácticos al iniciarse la novedosa Liga Especial de Baloncesto.

De vez en vez, Paco se presentaba en la canchita de Pedro Camejo con jugadores estrellas de la Liga Especial. Así que un sábado inolvidable nos tocó enfrentar al quinteto de criollos de Guaiqueríes de Margarita con el mismísimo “Diablo” Cruz Lairet en acción. Y el alero margariteño nos enseñó su movimiento más emblemático. El truco estaba en recibir de espaldas al aro, muy cerca de la línea de fondo. Cuando el defensor salía a presionar, había que fintar hacía la derecha y luego girar como un rayo hacia el canasto para dejar la bandeja. El único que pudo aprender esa jugada endemoniada fue nuestro amigo Luis, al que comenzábamos a apodar “Diablito” en honor a Cruz Lairet.

La cancha de Pedro Camejo sigue en pie, pero pocos recuerdan ya que por allí pasaron las más grandes figuras del floreciente baloncesto nacional de los setenta. Ya no hay un Fermín Pérez Junior narrando los partidos con un megáfono, ni un Paco Diez que forme con devoción a los jugadores. Solo quedan las memorias desvaídas de quienes algunas vez fuimos felices en ese rectángulo de cemento.

ÉPALE CCS Nº 479