La Ceiba

Por Ana Cristina Bracho • @anicrisbracho / Ilustración Astrid Arnaude • @loloentinta

Contar una ciudad es una cosa maravillosa y mucho más sabrosa si se piensa en escribir para la gente que la sufre y que la goza. En eso, Epale tiene 10 años dando la talla y moviéndose tanto como lo ha hecho esta urbe. Sintiendo la música, los colores, las vibras e incluso la economía y esa mirada que sabe conjugar la nostalgia con la esperanza.

Así que escribir por sus diez años sólo es un placer menor que leerla. En este contexto, sólo podemos pensar en dedicarle estas líneas a alguna figura que bien merezca el homenaje. La selección es difícil porque cuesta simplificar tanto esta ciudad, punto de llegada y de partida, feliz como solo es feliz el caribe, con su cantaíto que intercala las frases del béisbol con expresiones de las carreras de caballos.

Una ciudad que nos cuesta imaginar cuanto ha cambiado, pero antes se iba a vacacionar a Sabana Grande, Los Caobos era una Hacienda de cacao y los terrenos de la Universidad Central eran sembradíos. Sin embargo, en su esencia, sigue teniendo la misma eterna primavera, la paleta de Cruz Diez y un sentido del humor que sabe afrontar con dignidad las horas menguadas.

De todos los temas, permítanme que les hable de una de las caraqueñas más importantes, que tiene, como dijo de él Miguel Otero Silva, la desdicha de haberse pasado siglos en una esquina donde tanto se habla y se conspira. Pues sí, entre el Palacio Federal Legislativo, una iglesia y la bolsa, vive, el ser con más paciencia de toda la República; la Ceiba de San Francisco sbobet.

Nadie se pone de acuerdo cuando llegó allí exactamente, fue cuidada por una niña hija de un policía, y le sobrevivió a tener un busto de Guzmán Blanco que le pusieron al lado para luego quitarlo. Este árbol ejemplar, nos ha demostrado su valentía pues salvo por las tardes lejanas de la antigua universidad, ha soportado el tiempo entre las oscuridades de la bolsa y las sampableras de las tareas legislativas y allí está, dividiendo dos canales, echando sombra y agarrando altura.

ÉPALE CCS Nº 479