La dimensión política de Earle Herrera

Por Teresa Ovalles Márquez • @candanguita3

No debe ser fácil para un poeta asumir funciones políticas. Pero Earle fue tan valiente que le metió el pecho a esta tarea en la que terminó  comprometido como en sus oficios principales: poeta, escritor, docente, ensayista, coplero…

Digo esto porque la política muchas veces es pragmática, temeraria, es un lugar para negociar, para tranzar. Creo que la política, como dice mi hermana Diana, “esta ubicada en los espacios del poder incorregible”. En una entrevista con Ernesto Villegas el profesor afirmó que para ser escuchado en las instancias del poder tenía que recurrir al Kiosco Veraz, para que sus denuncias llegaran al lugar a donde tenían que llegar. Desde el Kiosco ejerció el papel de político y analista.

De seguido, las palabras del poeta Pereira, con quien compartió importantes espacios políticos:

¿Earle político?

Si bien la dedicación plena a la política no fue el centro de nuestras vidas, porque él tampoco la asumió como destino, Earle y yo finalmente nos pasamos seis meses en activo ejercicio de la misma en la Asamblea Constituyente de 1999. Y sobre esto sería muy largo hablar.

Ambos habíamos aceptado la postulación presumiendo que de salir elegidos, tendríamos que acostumbrarnos estoicamente a capear avalanchas de fatua retórica y de denuestos por cada discurso enjundioso, pero a sabiendas de que nuestro papel, más allá de nuestra condición de oficiantes de la poesía, era también y sobre todo, político. Político  en su alcance cultural. Se trataba de contribuir a establecer en la nueva Constitución normas acerca del verdadero sentido que la tradición bolivariana asigna a la política: transformar una realidad social inicua y humillante. Pero transformarla sobre todo en sus valores transcendentales: la moral y las luces, cabe decir, culturalmente. Las normas constitucionales se establecieron y siguen allí, aunque sabíamos que ninguna normativa por sí misma cambia nada (Pero esto es otro tema para largo).

En aquella Constituyente Earle participa activamente en comisiones afines a su vocación  y formación de escritor, poeta y periodista (y este orden podría comenzar por el de poeta, que prefería, aunque fue el periodismo su otra pasión inexpugnable).

El curso de los acontecimientos lo llevó después a formar filas en la primera Asamblea Nacional y las siguientes y allí hubo de explayarse en afanes netamente políticos y discursivos (acaso con mengua del poeta y del narrador, aunque no del periodista, siempre atento a los destellos y desaguisados de la cotidianidad, alentando todo esfuerzo positivo al servicio de las causas justas y defender la recién iniciada revolución bolivariana atacada y vilipendiada interna y externamente con o sin razones. Su sentido de la justicia jamás claudicó, ni siquiera ante las falsías perpetradas en nombre del proyecto revolucionario, como tampoco la precisa refulgencia de la prosa y el humor que cada día nos regalaba a diario en sus columnas periodísticas.

Si es cierto que activa o pasivamente políticos somos todos porque la política ronda cada acto de nuestras vidas, querámoslo o no, Earle lo fue a plenitud.

En su obra como periodista, poeta y narrador está, como en un estanque bajo el cielo, reflejada su vida.

ÉPALE 443