La diversión de oriente 1821

                                     Por Luis Peñalver Bermúdez • Red de Historia Monagas                                      Ilustración Erasmo Sánchez / Fotografías Archivo

Para alcanzar la victoria en Carabobo, fue determinante un conjunto de acciones decididas por Simón Bolívar, que involucraron al ejército de Oriente.

Iniciado el año de 1821, Maracaibo se plegó al pronunciamiento republicano, decisión que De la Torre calificó como violatorio del Armisticio, suscrito en noviembre de 1820.

La avanzada estratégica se fue forjando en puntos, con la visión puesta en los movimientos del ejército realista. Juan Bautista Arismendi, José Antonio Páez, Cruz Carrillo, Juan de los Reyes Vargas, Rafael Urdaneta, Juan Gómez, Francisco de Paula Avendaño, Francisco Bermúdez, entre otros, comenzaron el despliegue y los enfrentamientos.

En el final de marzo se habían tomado las previsiones para iniciar la campaña, prevista para el 1° de mayo, responsabilidad que estaría bajo el mando de Bermúdez. Mientras tanto, en espera que se incorporaran de las de Cumaná, el resto de la tropas del ejército de Oriente, incluyendo las de Barcelona, se dirigieron hacia los valles de Capaya. Por ausencia involuntaria de Bermúdez, correspondió a Monagas el mando de la división. Insistió Pedro Briceño Méndez:   “… que las operaciones del ejército de Oriente tienen por único objeto la ocupación de Caracas por la espalda del ejército español”. Dadas las circunstancias de movilización de fuerzas, pudiera cambiar el propósito del ejército de Oriente, limitándose “… solo a molestar el enemigo y distraerlo vivamente, sin comprometerse en función de la guerra con fuerzas superiores.”

En otra acción distractora, Zaraza iría sobre Calabozo y valles de Aragua, para mantener en vilo la división de José Tomás Morales.

Para mediados de abril, Bolívar continuaba con el trazado de las operaciones relacionadas con el ejército de Oriente, pues hay que, “… aprovechar los primeros momentos, que son sin duda los más favorables, por los temores que inspiraba al enemigo nuestras fuerzas de occidente, hacia donde ha convertido y fijado su atención”, todo en aras de ocupar Caracas.

El propósito siempre estuvo definido. No aventurarse en una batalla abierta contra el ejército monárquico concentrado, “pudiendo obligarlo antes á diseminarlas, o estrecharlo a que pierda el país sin batirse, o perezca de miseria si persiste en su proyecto de concentrarse en Valencia ó San Carlos” (Briceño Méndez).

Si de antemano lograban tener el ejército de Oriente en Caracas, Valles de Aragua u Ocumare y, además, tener sobresaltado al enemigo, “la campaña está decidida a nuestro favor, porque el resto del ejército español no puede resistirnos”. (Briceño Méndez). El 24 de abril, el Libertador ordenó: “1°. Que el ejército de Oriente debe tratar de ocupar a Caracas a todo trance y a costa de cuantos sacrificios sean posibles hasta conseguirlo.

2°. Que… exime al señor General Bermúdez, o a cualquiera otro Jefe que mande el ejército de Oriente, de toda responsabilidad por el buen o mal suceso que tenga en la empresa, con tal que acredite haberla conducido y ejecutado con audacia y valor”.

No había vuelta atrás. Desde Barinas el 25 de abril, el Libertador expresó a los españoles, que ante las acusaciones que los venezolanos son ajenos a la paz, que han infringido el armisticio, no cabe duda que han sido presa del engaño. A España, por vía diplomática en Londres, se le ofreció la paz, sin embargo, “responden que es absolutamente inadmisible; vosotros -expresa el Libertador- habéis convertido en horrorosa soledad nuestra afligida patria, y nuestro más ardiente anhelo es volveros a la vuestra”. Con Bermúdez en acción cerca del objetivo, la estrategia central agarraba cuerpo y el tránsito hacia la meta estaba
consolidado.

La conjunción de fuerzas, la presencia del liderazgo con reconocimiento, la disciplina, la claridad en el ámbito geo-territorial; el estudio, seguimiento y registro de los movimientos del enemigo, la presencia de una fuerza armada con objetivos precisos y cadena de mando cohesionada, el alerta permanente para imprevistos, las estrategias alternativas y el propósito de libertad e independencia, fueron, ayer como hoy, fundamentales para la victoria de Carabobo, que hay que consolidar en el presente y para el futuro.

ÉPALE 409