La espada de Bolívar rompió el yugo

Por Gerardo Blanco • @Gerardoblanco65 / Ilustración Justo Blanco

Una atípica coincidencia del tiempo quiso que los venezolanos Rubén Limardo Gascón y Yulimar Rojas ganaran sus respectivas medallas de oro olímpicas un primero de agosto, solo que con nueve años de diferencia entre la conquistada por el espadista guayanés en Londres 2012, y la obtenida por la triplista en Tokyo 2020.

De la inolvidable hazaña de Limardo se cumplió una década, y nunca sobra recalcar que se trata de una de las gestas más deslumbrantes de la esgrima en su centenaria historia de los Juegos Olímpicos. Desde que este deporte se incorporó al calendario de los Juegos Olímpicos de la modernidad, en la segunda edición celebrada en París 1900, han competido 1.280 espadistas de ochenta y tres naciones, y veinticinco de los veintinueve medallistas dorados han sido europeos.

Es tan difícil que un esgrimista no europeo llegue a la final de la espada, que Estados Unidos, la principal potencia dominadora del olimpismo moderno, solo tiene en su haber una medalla de plata y una de bronce en esta arma, ambas ganadas en 1904, cuando Charles Tatham perdió la final con el cubano Ramón Fonts, el primer latinoamericano en ganar oro en espada.

En su camino a la medalla de oro, Limardo libró ante el estadounidense Seth Kelsey, el mejor espadista de ese país desde los Juegos Olímpicos de San Luis, el combate más electrizante de las semifinales. Kelsey, de 1.93 de estatura (diez centímetros más que Limardo), y con mayor alcance para las estocadas, logró empatar a cinco toques en los tres asaltos.

Fueron a muerte súbita y en una acción suicida, Limardo apeló a su veloz ataque en flecha. Esquivó el hierro, alzó su mano como un cohete para tocar el pecho del gringo y ganó el punto de oro para llegar a la final.

Después de ese triunfo infartante, la medalla de oro fue coser y cantar ante el noruego Bartosz Piasecki. En ese combate decisivo, Limardo controló el primer round 4-3, duplicó la ventana 12-6 en los tres minutos siguientes, aguantó la reacción del nórdico que sumó cuatro toques para acercarse 14-10, pero con otro flechazo sentenció el careo, y reescribió la historia olímpica por acabar con 118 años de yugo europeo en la espada individual masculina.

Nueve años más tarde, el mismo primero de agosto pero de 2021, en medio de la pandemia, Yulimar Rojas, también entró en la historia como la primera atleta femenina del país en obtener una presea dorada en los Juegos Olímpicos. Y lo hizo estableciendo récord mundial con su último vuelo de 15,67 metros en Tokio. El mes de agosto debería ser de fiesta para el olimpismo nacional.

ÉPALE CCS N°473