La fauna regresa

Quizás el único saldo positivo de la pandemia: la fauna silvestre reconquistó el planeta. Un fenómeno que también experimentamos en el país y nos permite disfrutar cotidianamente de animales que se daban por huidos

                                                         Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                                      Fotografía Michael Mata@realmonto y Archivo

Las guacharacas andan por casa

Con sorpresivos dotes de Jacques Cousteau, mi madre estableció las conclusiones de su observación empírica sin exagerados rebuscamientos de método científico: “están volviendo los bichos”.

La deducción fue más que comprobable cuando las guacharacas, con su parloteo escandaloso, se adueñaron del cerro aledaño al patio de casa, y un día de estos se pudo observar -luego de años de ausencia-, a un querrequerre desplegar su colorido plumaje mientras chillaba cantos ininteligibles. Una noche, cual niños sorprendidos, los rabipelados se dejaron encandilar por los focos de una lámpara al interior de la habitación principal.

El querrequerre se deja ver con su colorido

En otro extremo de la ciudad, los gavilanes en banda despliegan su vuelo amenazante sobre un paisaje de edificios vanidosos que hasta hace poco habían ganado la ilusión de arañar las nubes. Las guacamayas, pericos y loros son casi una epidemia que contagia los cielos de Caracas con su dispersión de matices tropicales. Los alacranes pululan; en el Waraira se pavonean la tigra mariposa, mapanares, cascabeles y cazadoras y algunos afirman que las dantas de vaina se pasean de shopping por el cortafuego, aunque a la par se despliega una depredación humana alarmante con ambición de imponer el concreto habitacional sobre Galipán, o pretendiendo encausar un rally de bicicletas montañeras -a pesar de estar taxativamente prohibido- sin medir las consecuencias sobre la flora y fauna renacidas.

Peces a estribor 

En los mares, que nos besan durante más de 4000 kilómetros de costa caribe, cardúmenes gigantes, ballenas, delfines embochinchados y tiburones ceñudos mantienen sorprendidos a los pescadores que, por ahora, son los privilegiados observantes del edificante retorno de la fauna que se creía condenada a la lejanía o las profundidades.

Sin duda, un año de pandemia y su consecuente cuarentena, ha permitido que no solo en Venezuela, sino en el resto del mundo, las especies esquivas ante el maltrato humano, vuelvan a asomar su bella estampa en la delicada sinfonía de la biodiversidad.

Cardúmenes gigantes coronannuestros mares

La degradación de los ecosistemas ha amainado por razones obvias. Con ello, el desfile de animales que habían huido de sus territorios naturales, al contraerse la expansión urbana y las actividades humanas, se volvió recurrente. Las redes sociales -como ya es habitual- se han convertido en el summum de avistamientos generalizados y de falsas noticias también. Reportes de pescadores en Cumaná, estado Sucre, inquietos por la presencia de un tiburón ballena en el Parque Nacional Mochima, que un imbécil aprovechó para usar de bestia domada al montarla por algunos minutos. El video de los habitantes de Choroní durante la repartición de más de 1500 kilos de pescado luego de capturar 12 toneladas de catacos y sardinas. Y la captura del monstruo del Lago Ness, que lógicamente nadie se creyó.

Las rutas migratorias

Algunos expertos señalan que no se trata de un fenómeno sobrenatural sino de procesos migratorios habituales de las especies que, al encontrarnos los humanos retenidos en casa, logramos observar con más detenimiento, a la par de que dejamos en paz el espacio natural para el desplazamiento de fauna silvestre.

La pandemia ha obligado a los gobiernos del mundo a limitar la libre circulación con medidas severas. Entre ellas, el aislamiento preventivo y el uso extremo de medidas de bioseguridad, lo que aletarga la movilidad humana. Para la economía mundial, una tragedia. Para la biodiversidad, una bendición.

Animales como pumas, zorros, zarigüeyas, jabalíes, monos, patos, pavos, han propiciado un espectáculo bienaventurado, casi de portada de revistas como Despertad y La Atalaya. Es el regreso de la fauna a los lugares que el humano les arrebató.

Ciervos sobre el paisaje urbano de la ciudad de Nara, en Japón; monos ocupando las calles en India; jabalíes aprovechando la casi nula actividad humana en las aceras para acampar a sus anchas en ciudades como Haifa, Israel; cabras en Reino Unido; cerdos salvajes en el norte de España. Un caso sorprendente fue el puma de aproximadamente un año de edad que aterrorizó, sin querer, a los mirones de balcón de Santiago de Chile.

Son animales que han vivido siempre muy cerca de las ciudades y que ahora han decidido echarse una paseadita, solos o en manada, sobre las calles más céntricas de pueblos y ciudades, confiados en que el medio ambiente hizo el trabajo de equilibrar las cargas y diezmó a la especie enemiga de casi todos: la humana.

Especies liberadas

Una bióloga de la Universidad Nacional de Costa Rica y experta en vida silvestre, Grace Wong, dijo a la prensa de su país que los animales perciben que algo está pasando en su entorno, y que no hay tanto riesgo en salir a explorar. Aseguró que estos fenómenos pueden darse, o más bien percibirse, con mayor facilidad en medio de las medidas restrictivas a las que ha obligado las normativas impuestas por la Organización Mundial de la Salud.

Otro experto, José Fernando González-Maya, del proyecto de conservación de aguas y tierras de Colombia (Procat), considera que “cuando le damos un respiro al planeta, este nos da ese tipo de regalos; es impresionante que todavía tengamos estas especies viviendo cerca de nosotros”.

La recolonización de los espacios urbanos por parte de la fauna silvestre puede que sea una ilusión, que al menos, se mantendrá por espacio de un año más. Por los vientos que soplan, y por las especies realengas, es posible que en los próximos meses la recuperación del ambiente en términos de proliferación de la vida, sea el sorpresivo saldo positivo del Covid-19.

ÉPALE 407