La fuerza telúrica de una estatua

La emblemática efigie de María Lionza, del artista Alejandro Colina, se salvó de su encierro y ahora ilumina a sus seguidores desde Sorte, a donde llegó entre tropiezos.

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Fotografías Michael Mata • @realmonto

Desde el 9 de octubre pasado, la estatua de María Lionza que condensa la idea de la madre reina en el imaginario de los caraqueños desde hace setenta y un años, reposa de su prolongado letargo sobre el pedestal de una placita que se erigió para acogerla en el municipio Bruzual del estado Yaracuy, a las faldas del monumento natural Montaña de Sorte.

No fue fácil ni exento de polémicas su largo periplo, acompañado siempre por actos de devoción y misticismo de manos de sus adoradores, practicantes de un fervor extraído de la religiosidad popular que la tiene por deidad superior. Elevada a los altares de los “marialonceros” como una de las tres potencias del espiritismo, se deja cortejar por el Negro Felipe y el Cacique Guaicaipuro, en un culto que tiene como origen nuestro acervo natural, afrodescendiente y aborigen, con una elevada dosis de respeto por las expresiones de la cultura ancestral.

Dejó de ser escultórico para formar parte del imaginario popular

Gran simpatía cosechó la diosa en el pueblo llano. Foto Luis Berrizbeitia

 

Cuenta Rubén Blades que rodando por la autopista Francisco Fajardo (hoy Gran Cacique Guaicaipuro) que atraviesa de este a oeste la ciudad, a finales del año 77 del siglo pasado, reparó en la broncínea efigie instalada en la isla central de la pista. Le consultó al taxista que lo conducía y éste se encargó de aclararle cualquier duda: le explicó al cantante y compositor los rituales que se escenifican a su alrededor, tanto en Caracas como en Sorte y el resto del país, y la gran simpatía que cosecha la diosa en el pueblo llano. Apenas llegó a su hotel Blades completó la información con algunas lecturas y escribió la letra de la canción que al año siguiente incluiría en el disco Siembra junto a Willie Colón; María Lionza, pieza emblemática de la salsa que rápidamente se convirtió en un himno universal por reconocer nuestros actos de fe más domésticos como hechos maravillosos, vinculados a un tipo de religiosidad que no encuentra límites entre lo pagano y lo profano.

Una cruzada por las raíces

La historia comienza en los preludios de los III Juegos Deportivos Bolivarianos que se escenificaron en Caracas en 1951, para los que el presidente Marcos Pérez Jiménez en uno de sus arrojos mesiánicos, le encomendó al artista plástico Alejandro Colina (1901-1976) la elaboración de una imagen que refrendara el evento desde un pedestal ubicado entre los estadios de la Universidad Central de Venezuela (UCV) desde donde iluminara la llama olímpica.

El artista plástico Alejandro Colina (1901-1976)

En 1920 y por ocho años Colina se internó en La Guajira venezolana, donde se dedicó a convivir con las etnias indígenas radicadas en esa región y a conocer sus rasgos culturales más profundos. Ya tenía fama de comunista y como consecuencia fue internado por el general Juan Vicente Gómez en el castillo Libertador de Puerto Cabello, donde compartió celda con el poeta Andrés Eloy Blanco. En los años cuarenta el escultor encabezó un movimiento de creadores que se dio a la tarea de mitificar a la divinidad como esencia de nuestra idiosincrasia y mantuvo siempre la temática dedicada a nuestros valores indigenistas, tanto en su aspecto civilizatorio como ambiental. De allí que gran parte de su legado al conjunto escultórico del país gira en torno a leyendas y personajes aborígenes: Tiuna, Caricuao, Chacao, Yaracuy, Manaure, el piache Yarijú, además de otras representaciones de nuestro mestizaje como el Negro Primero de San Fernando de Apure y el Sanjuanote de San Juan de los Morros, estado Guárico. Se trata de Yara, hija del cacique Nirgua de la etnia Nívar que fue secuestrada por el dios de las aguas, simbolizado por una inmensa anaconda sumergida en uno de los pozos de la Montaña de Sorte, quien decidió anegar a todos los pueblos de Yaracuy para mantenerla cautiva como reina de la naturaleza y símbolo de la fertilidad. No es más que la reiteración de la leyenda de la madre exótica representada en casi todas las mitologías paganas como hembra voluptuosa y sensual, poderosa y lista para la procreación, que Colina alza sobre la danta que pisa a una serpiente mientras eleva la pelvis de una mujer por encima de su cabeza. En 1964 fue movida a la autopista donde permaneció erguida hasta 2004. Durante cuarenta años de rituales de yerba, tabaco y ron, también absorbió el desgaste del tiempo y las consecuencias del monóxido de carbono y la vibración del profuso tráfico automotor que encuentra un embudo de voluminoso caos justo en el punto exacto donde se hospedó la figura que inspiró a Blades y removió los cimientos de la fe de la calle, hasta que el moldeado no aguantó más y se arqueó a la altura de la cintura hasta casi caer de la danta.

La propuesta paisajística de la autopista Gran Cacique Guaicaipuro (antes Fajardo) es afín con la recuperación del acervo indigenista

“Yo lo que soy es brujo”

Durante dieciocho años permaneció en manos de la UCV, alojada en un galpón donde supuestamente recibió tratamiento de recuperación, para no salir más, mientras una réplica de poca monta mantuvo a desgano las esperanzas de los seguidores de María Lionza en la autopista, quienes la visitaban a regañadientes esperando a la original. Aunque las autoridades universitarias argumentaron que permaneció allí para su preservación bajo el amparo de la Ley de autonomía universitaria, el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) decidió intervenir definitivamente y rescatarla de su encierro amparado en medidas administrativas de protección y conservación de la escultura, con el fin último de albergar nuevamente los anhelos de una feligresía que se diluyó entre las extensas travesías hasta los actos sacramentales de Sorte y en los rituales domésticos, que como cualquier gesto espontáneo de fe, se alojan entre las rendijas de la ciudad creyente, que transita de una parroquia a otra con absoluta informalidad.

Dinorah Cruz, presidenta del IPC, ventila argumentos incuestionables a favor de una estatua que además es bien de interés cultural, patrimonio de la nación y desde octubre Monumento Nacional por decreto presidencial: “Dejó de ser escultórico para formar parte del imaginario popular y de la creencia y el culto alrededor de María Lionza. Entonces de un objeto eminentemente escultórico y artístico, se transformó en un objeto sagrado. Los creyentes la llenaron de significado y valor, y se convirtió en un objeto sagrado” señaló en el programa Al aire de VTV el pasado 7 de octubre.

Los marialonceros no caben de la emoción al ver la estatua de Colina en una plaza de Quibayo. Foto Luis Berrizbeitia

Para los practicantes del culto preocupa que además del tinte político, haya quienes pretendan señalar el episodio de su movilización como responsable de los desastres naturales de los últimos días. “A la reina ahora le están echando la culpa hasta del cambio climático que es a nivel mundial, no solamente aquí. En todas partes vemos esos fenómenos meteorológicos por el calentamiento global, la cuestión de la capa de ozono, pero yo no soy científico yo lo que soy es brujo” afirma Jesús Hernández, espiritista, tarotista, santero, palero y médium desde hace más de treinta años. “Realmente el espíritu de la reina es de todos los marialonceros, todos los que practicamos el culto, y si llevaron esa imagen para allá (Sorte), pues en qué mejor sitio puede estar que no sea que en su lugar, en su montaña” puntualiza. Así lo pidieron los religiosos agremiados en la Federación Venezolana de Espiritismo (FVE), asegura.

Ante nuestra insistencia de por qué no se le buscó ubicación pública nuevamente en Caracas, Dinorah responde: “La colocación de María Lionza en el sitio de Sorte responde a una petición popular. En principio la escultura original que había sido restaurada entre 2004 y 2006, si bien fue restaurada, está sumamente sensible y colocarla en el mismo sitio en que ya estaba la somete al mismo nivel de estrés a que estaba sometida cuando ocurrió el colapso. En este sentido, se hace un estudio para decidir dónde colocar la pieza, y el presidente instruye que la misma sea trasladada a Sorte donde está el pueblo que la venera”.

Épale 483