La liberación de los esclavizados,  una demanda pendiente desde Carabobo

Por José Caldera / María Zambrano • Red de Historia de Guayana / Ilustración Erasmo Sánchez

Después de la liberación de la provincia de Guayana por las armas patriotas y constituida la Tercera República de Venezuela en Angostura el 15 de febrero de 1819,  ante el 2do Congreso Constituyente, el Libertador presenta su proyecto Constitucional en un grandioso discurso donde solicita con mucho énfasis la confirmación de la libertad a los esclavizados.

Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o la revocación de todos mis estatutos y decretos; pero yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República. 

Esta solicitud no tuvo receptividad y se argumentó la necesidad de darle a los esclavizados, primero educación para luego liberarlos progresivamente; estaban de por medio los intereses económicos de los dueños de haciendas y de esclavizados.

La firma de los tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra, en Santa Ana de Trujillo, entre Bolívar y Morillo, el 26 y el 27 de noviembre de 1820, le permitió al Libertador, a la vez que se consideró la paz, obtener también el tiempo suficiente para preparar la batalla de  independencia de Venezuela, organizar las logísticas de sus tropas, y abrir diferentes frentes, para  impedir la concentración de las fuerzas realistas en un solo lugar. Finalmente en Carabobo triunfa el ejército Libertador, sellando la libertad de Venezuela y viabilizando la existencia de Colombia.

Carabobo fue un triunfo de la unidad de los ejércitos patriotas, clamor que siempre hizo el Libertador, así se demostró, después de diez años de sacrificios, de lucha constante, de vencer dificultades inimaginables, que la unidad era posible, era eficiente, era mejor. Pero para Bolívar se logró la independencia, ahora faltaba la igualdad y la justicia social. Entonces solicitó del Congreso un decreto para que después de Carabobo, se otorgara la libertad a todos los hijos de esclavizados que nacieran después del magno acontecimiento, y en Valencia el 14 de julio de 1821, hizo una Comunicación dirigida al presidente del soberano Congreso de Colombia:

Los hijos de los esclavos que en adelante hayan de nacer en Colombia deben ser libres, porque estos seres: en efecto no pertenecen más que a Dios y a sus padres, y ni Dios ni sus padres, los quieren infelices. El Congreso General, autorizado por sus propias leyes, aún más, por las de la naturaleza, puede decretar la libertad absoluta de todos los colombianos al acto de nacer en el territorio de la República. De este modo se concilian los derechos posesivos, los derechos políticos y los derechos naturales.

Sírvase V. E. elevar esta solicitud de mi parte al Congreso General de Colombia para que se digne concedérmela en recompensa de la batalla de Carabobo, ganada por el Ejército Libertador cuya sangre ha corrido solo por la Libertad.

Ni siquiera la manumisión de los esclavizados, compromiso que contrajo Bolívar con Petión, encontró apoyo ni interlocutores inmediatos en quienes, como demostraría la historia, se cuidarían, una vez consumada la independencia, de adquirir, velar y acrecentar más hacienda que Patria. Habrían de transcurrir treinta y cinco años para que se aprobara el decreto de abolición de la esclavitud en 1854, por el presidente José Gregorio Monagas.

ÉPALE 417