La negra Ugueto: soberana de la tendencia afro

Ugueto Ugueto viene ejerciendo una cruzada en favor del autorreconocimiento y en contra de los estigmas que ha sufrido en carne propia

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Fotografia Alexis Deniz • @denizfotografia

Parece engendrada por esa bravía estirpe de fundadores de pueblos “sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor” como escribe el poeta Rafael Cadenas, que se arraigó con su magia atávica sobre las costas venezolanas. Y lo es. Parece un huracán de fuego, de caderas atizadas por las aguas del Caribe y cabellos rizados de medusa azabache. También lo es. Parece una artista cimarrona que quiere comerse al mundo sin que medie el matiz del color de su piel. Eso también. Y quizás ha debido atravesar su vida de princesa carabalí esquivando los dardos de la observación que escudriña y califica, como síntoma de una enfermedad oculta de la sociedad llamada racismo.

Eileyn “La negra” Ugueto es eso y mucho más. Su artivismo y rebeldía vienen acompañados de la osadía con que insiste en imponer su identidad, su marca de agua como respuesta a las estigmatizaciones que aún rotulan al “pelo malo” o se espantan frente al baile liberador o condenan el orgullo de exhibir la fuerza natural con que se expresa el mestizaje y el arresto afro. Hasta que seduce por su impronta, como hizo ante la fundación ArtesanoGroup de Banesco que la incluyó en la portada de su libro Nuevo país de la danza, como referente femenino de la danza tradicional 2021.

Sus orígenes costeros la delatan: San José de La Sabana, Catia la Mar, Carayaca, Carenero, Ocumare de la Costa de Oro. Su apellido hace palanca para balancear su buena índole, los Ugueto, gente bella y buena de renombre en el quehacer cultural y en la militancia: Orlando, Poy, Norys, Zoheira, Zoraida, Liliana, Mireya, Aníbal, Miguel, Antonio, María Elena. Su madre Juana Esther Ugueto de Ugueto; su padre Jesús Rafael Ugueto Araguache; sus herman@s Jesús y Erika Ugueto Ugueto, Caridad y Carlota Ugueto Silva; sus hijas Zaire Kanem y Zahindra Kasai Ugueto Ugueto, son memoria y tributo de estirpe al patrimonio ancestral.

Se dedica a la danza tradicional venezolana desde el año 96 y a su pedagogía desde el 2003. Es investigadora y animadora sociocultural del hecho tradicional venezolano con énfasis en la afrovenezolanidad desde 2008 y se dedica al trenzado capilar artesanal desde 2005. También ejecuta percusión afrovenezolana y canto popular; bailarina y documentalista en la Compañía Nacional de Danza, dirige el grupo de animación sociocultural Ngoma, es miembro de la red de percusionistas afrolatin@s “tamboras libertarias”, lo que alterna con su proyecto Negra Ugueto Arte Afrovenezolano que es visible en todas las redes sociales a través de las direcciones @negra.ugueto, @negraugueto_trenzas y @grupo_ngoma.

—Estás en todos los espacios de la militancia cumbe: ¿cuál de ellos te llena más?

—Podría decir que todo lo relacionado con mi esencia, con lo que soy, me llena. Desde el arte promuevo la honra a la ancestralidad y la importancia del autorreconocimiento como motor que impulsa la vida de un ser individual y socialmente.

—¿Te has sentido estigmatizada, rechazada, objeto de racismo?

—Totalmente. Gran parte de mi vida transcurrió en un constante distanciamiento de mi genotipo, de mi raíz. De la cabeza a los pies fui pasando por procesos de búsqueda identitaria para encajar o seguir patrones impuestos desde lo estético, lo emocional e incluso en lo laboral. “Eres negra y solo eres buena para bailar tambor”, “péinate”, “tu aspecto es muy étnico, deberías vestir más formal”, “la tradición te matará de hambre” y como éstas tengo miles en un saco, que llevo conmigo para no olvidar nunca el camino transitado hasta hoy.

—¿Qué le dirías a la gente que aún habla del “pelo malo”?

—Que siento por ell@s un gran respeto y consideración. Vivir desde el odio, la negación y la ofensa es difícil, sobre todo salir de ese esquema representa un reto que poc@s superamos, ya pasé por eso. Espero realmente que este sentimiento de empatía en algún momento de nuestro andar sea recíproco, que puedan verme desde donde los veo yo: el respeto.

—En términos de estilismo ¿hemos avanzado en la aceptación del cabello rizado? 

—Considero que existen dos posturas muy claras: quienes siguen un patrón de consumo impuesto por la sociedad global donde utilizar mil productos es la única vía para “lucir bien” con el cabello “controlado” (esclavitud mental sistemática que doma al afro-rizado con cremas para peinar o se trenza para tener el pelo largo y/o manejable), y quienes despertaron su consciencia y emplearon las tecnologías nuevas y ancestrales para hacer visible su sentido de pertenencia, amor propio y dignidad. Avanzamos, sí, pero a paso de caracol.

—También en la danza hay una “separación” entre bailarina y bailadora. ¿Dónde entras tú?

—En ambas he tenido formación académica, en las técnicas del movimiento corporal escénico y en el ámbito de la vivencia popular tradicional. Podría decir que si hay un puente llamado “separación” entre la bailarina y la bailadora yo quedo en el medio, sujeta de ambos extremos.

—¿Tu acción como artivista proviene de un acto de conciencia, un grito ancestral, o una búsqueda personal?

—Considero que viene impregnada de todo eso y más, es mi propósito y el de cada Ugueto que se enorgullece de serlo. Intenté seguir las líneas impuestas pero el sentimiento y el arte hablaron más fuerte y ahora es complejo dejar de lado quién soy y cómo me conozco y reconozco en l@s demás.

Nací para bailar, hablar, vivir y promover la tradición venezolana, mi raíz del litoral central que mi padre Jesús y mi madre Juana pincelaron en estas facciones y acciones.

—¿Cómo es que hay tantos y tantas Ugueto haciendo cosas buenas y necesarias?

—Diría que está en nuestro ADN el pensar y actuar en función de la plenitud y el orgullo por lo que somos. Profundizando en mi árbol genealógico observo que rondamos por la pedagogía, las artes escénicas y visuales, la investigación, el deporte y en cada área apuntamos a la acción de liderazgo. Quienes comparten este apellido, que yo por fortuna llevo doble, Ugueto Ugueto, son negros y nacieron para creer y crear sin duda alguna.

—Haces uso consciente de RRSS donde la norma es la banalidad. ¿No te sientes abrumada por el reinado de la estupidez en esos espacios?

—Seguimos patrones y quien se muestre conocedor merece nuestra atención, para apoyar o repudiar sus acciones. Allí el meollo del consumo de las redes. Es un nuevo esquema de proyección que traslada lo que pensamos y deseamos a un universo controlado. Viendo lo positivo en todo, creo que ese exceso de banalidad es inherente al ser humano, la historia nos lo indica así, solo que ahora lo podemos ver masificarse. TikTok por ejemplo, me muestra que buscamos diariamente estar en comunidad, bailar, sonreír; el secreto está en redireccionar lo que desea ser expresado y entender la empatía inherente a las redes sociales.

—¿Lo afro llegará a ser tendencia en Venezuela algún día?

—Ya es una tendencia y yo agregaría que también #latradicionestendencia.

ÉPALE 464