La ola del Waraira Repano

Por Nathali Gómez • @laespergesia / Fotografía Alexis Deniz • @denizfotografia 

Es posible que haya unanimidad al considerar que la máxima representación de Caracas es el Ávila o el Waraira Repano, como sería más justo llamarlo por esa denominación de origen Caribe que podría significar “la ola que vino de lejos” o “la mar hecha tierra”. Su nombre serpentea en el oleaje de nuestra identidad y retumba contra la piedra de la memoria.

La vastedad de la cadena montañosa, perteneciente a la cordillera de la costa, hace imposible abarcarla, incluso con la mirada. Por ello, quienes vivimos en la capital tratamos de estrechar la relación con el cerro y terminamos escogiendo el lugar más habitual y recorrido, como una pequeña representación del todo.

Quienes vivimos cerca de San Bernardino hemos establecido una conexión fuerte e inexplicable con el sector Gamboa, que queda a la altura de la avenida Boyacá, conocida como la Cota Mil. Su entrada, boscosa, oscura y húmeda, es una forma inversa de nacimiento que nos lleva kilómetros arriba, donde ocurre un segundo alumbramiento cada vez.

La cuesta que lleva al Cortafuego, a la Cruz del Ávila, a Papelón, o incluso al Humboldt, suele parecer más empinada para quienes llegamos ahí tratando de escapar de la ciudad y de nosotros. Allí se abre un espacio, sin lugar ni tiempo, bajo las hojas de los árboles y con el canto de los pájaros de fondo. Todos los que subimos por la calzada llegamos buscando algo nuevo cada día.

El esfuerzo, para los que no somos atletas, es recompensado por la llegada y el descanso en el lugar donde nos detenemos a mirar toda esa ciudad minúscula que queda atrás, sabiendo que en poco tiempo volveremos a ella. La sensación de bienestar en ese punto es finita pero duradera.

Más allá de lo anecdótico, y sin tener ningún respaldo científico, podría decir que recorrer la montaña es una de las mejores maneras de liberarse de eso que pesa como cemento en la ciudad y que flota y se pierde en el Waraira. A veces hay que dejar que la “ola que vino de lejos” nos revuelque.

ÉPALE CCS Nº 479

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