¿La panacea?

Se dice que la enfermedad es un maestro. Tanto así, que de las dolencias fue que surgieron diversas formas de curar. Así, surgieron menjurjes, potingues, guarapos, sahumerios, cantos, oraciones, bailes, y un montón de técnicas para restablecer la salud y la calidad de vida.

Con el pasar del tiempo, la tecnología fue avanzando para pasar del uso de sanguijuelas y cámaras de vapor a usar técnicas más sofisticadas y efectivas. En el pasado, la mayoría de los medicamentos eran purgantes; los problemas de piel se afrontaban con baños sulfurosos y administración de aceite de hígado de delfín. Comer poco era un consejo saludable muy frecuente entre los griegos. Se dice que el medicamento más antiguo aún es el etopóxido que debe sus orígenes a Plinio el Viejo, escritor y jurista romano, en el siglo I de nuestra Era.

Fue a partir del ensayo y el error, que el oficio del farmacéutico evolucionó hasta la creación de medicamentos que mejoraron cuánticamente la vida de los pacientes.

Tenemos así, que el Paracetamol fue descubierto por casualidad en 1899. De manera similar se crearon la aspirina, los barbitúricos, los antibióticos y un sinfín de tratamientos que hoy en día erigen una de las industrias más acaudaladas y exitosas del mundo: la farmacéutica.

¿La cura o el problema?

El problema surge, cuando estos medicamentos en vez de curar, dañan otra parte de nuestro cuerpo. Así, si eres paciente psiquiátrico y estás medicado, es muy probable que ganes veinte kilos de un golpe, que tu ciclo menstrual se detenga (si eres mujer) y que la tiroides se vuelva un desastre. Lo mismo pasa con el exceso de pastillas que recetan a los pacientes, incluyendo Omeprazol para que la ingesta no afecte al estómago. La quimioterapia combate el cáncer, pero acaba con un montón de funciones naturales, aparte de tumbar el cabello, y así sucesivamente.

Lo macabro de todo este asunto es que enfermarse es un negocio muy jugoso, por lo que la medicina actual suele proceder con fármacos en lugar de optar por otras soluciones. Hoy en día, se invierten miles de millones de dólares en patentar químicos, y las ganancias son muy lucrativas. A veces, incluso, se recetan medicamentos que no hacen falta.

El peligro de los efectos secundarios de los fármacos ha hecho a muchos reconsiderar su relación con la salud, haciendo que recurran a alternativas más naturales y menos agresivas contra el cuerpo humano. Valdría la pena reflexionar si en verdad necesitamos tantas pepas, y si tal vez con cambiar de estilo de vida nos curamos en salud y evitamos envenenarnos tanto.

ÉPALE CCS N°477

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