¿La pandemia destruyó tus planes de correr?

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Yulia Pino@arte_moon88

Me encontré –vía WhatsApp, faltaría más– a un amigo con quien, hace ya años, solía cruzarme en mis trotes por Los Caobos. Me preguntó si seguía en esas andanzas porque él no, a él la pandemia le había destruido sus planes de llegar a viejo corriendo hasta quince kilómetros de un solo tiro y ejercitándose al menos cuatro veces por semana.

Al parecer, su historia es bastante común. Mucha gente que antes de la covid trotaba de manera más o menos disciplinada, perdió el ritmo con los confinamientos y ahora no encuentra las ganas para empezar de nuevo.

En contrapartida, conozco casos de personas que antes de la pandemia eran sedentarias y, a raíz del encierro (y de la misma enfermedad) han dado un giro hacia eso que llaman “la vida saludable”.

En fin, que como dicen que dijo un torero-filósofo: “en el mundo hay gente pa’to”.

Las personas que perdieron el hábito, encontraron excusas muy bien fundamentadas: La recomendación inicial de suspender casi todas las actividades públicas; el fastidio de correr con mascarilla; el cierre de los parques y otros espacios usados por los trotadores; el aplazamiento de las carreras; el riesgo de contraer el mal… En fin, sobraban las “razones” para cancelar los planes.

Los que vienen en la dirección contraria fueron aquellos que comenzaron en plena cuarentena a practicar actividades físicas dentro de casa con máquinas trotadoras, bicicletas fijas, bailando, haciendo aerobics y tantas otras opciones que abundan en YouTube. Lo hicieron para evadirse un rato de la terrible rutina del encierro, pero muchos terminaron por engancharse y ahora están canalizando su nueva afición (o adicción) hacia el trote en las calles y parques, cada vez que esto es posible.

El otro día escuché un testimonio que puede considerarse, incluso, poético. Una corredora reveló que había sufrido la enfermedad con síntomas leves pero con gran angustia. Al superar la situación tomó conciencia del invalorable don de respirar con libertad, a todo pulmón: “¿Y qué mejor que correr para obligarse a respirar como debe ser?”, dijo.

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