La pareja está sobrevalorada

                                      Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                       Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Así como los niños son el mejor negocio – porque todo lo que se ofrece a los chamos vende- la pareja pareciera ser la droga más dura para narcotizar los vacíos existenciales de la vida adulta. Esto viene de muy larga data, ya que las sociedades tribales antiguas solían casar muy jóvenes a los miembros de su comunidad para garantizar el nacimiento de nuevos guerreros y mujeres que fortalecieran a la tribu.

El tema de la sexualidad y todas sus vertientes vende siempre como pan caliente. No más basta con poner un título erótico para que el texto en cuestión dispare la cantidad de visitas y lectores. La publicidad tiene esto súper claro, de ahí que el principal mensaje del que se vale para vender sea siempre el sexo, y si no recurre directamente al sexo, echa mano de mensajes subliminales para captar incautos.

La industria del cine y de la música, al igual que la televisión hacen lo propio, y de ahí que tengamos música pornográfica destacándose en las carteleras al tiempo de que prácticamente todas las historias de ficción deben tener un polvazo en el guión para que el relato sea redondo.

El erotismo, sin embargo, no solo se vende como un producto aislado. La promoción exacerbada de imágenes sexys por lo general va acompañada de la sobrevaloración de la pareja. Así, muchas generaciones de jovencitas crecieron creyendo que la felicidad era amarrar a un tipo para que las completara como personas.

¿Es una necesidad natural?

Si nos ponemos a indagar en el conocimiento de otras sociedades, es posible ver que la pareja monógama no existe como institución social. Así, podemos ver que los yanomamis son poliamorosos: los caciques suelen tener varias parejas, y en la comunidad se comparte el lecho abiertamente y sin reproches. En África, es común que exista la poligamia: un hombre puede tener varias esposas, siempre que pueda mantenerlas. En la tribu Wodaabe, las mujeres dominan sobre los hombres. Se trata de una comunidad islámica nómada gobernada por mujeres. Ellas tienen el derecho a tener más de un marido y, además, las que están solteras pueden tener relaciones sexuales cuando quieran y con quien quieran, según relata el Daily Mail.

Estos tipos de códigos sociales nos pueden llevar a preguntarnos, si la necesidad de un compañero o compañera de vida en realidad obedece a un impulso natural o si responde a un condicionamiento social y cultural.

Es bien sabido que el matrimonio es un negocio. En el pasado, se consolidó como estrategia de guerra y para que las familias preservaran el capital y sus tierras mediante alianzas íntimas. Sin embargo, si este concepto se transmitiera tal cual es hoy en día, tal vez no sería visto de una manera tan idealizada.

En el pasado fueron los cuentos de caballería los que se encargaron de inocular en el inconsciente una idea romántica y edulcorada de la unión en pareja. Este concepto se ha mantenido vigente, a pesar de que la sociedad actual pareciera haberse liberado de un montón de tabúes retrógrados, y de estar luchando por códigos más sensatos para relacionarse.

La satanización de la soledad

En contraposición con el bombardeo mediático y social en torno a la necesidad de tener pareja, la soledad pareciera constituir un tema prohibido. Sin embargo, el alza en la tasa de divorcios todos los años más bien parece indicar que la cantidad de corazones solitarios es mucho mayor que la de parejas y familias constituidas y estables.

El hecho de que la cantidad de familias disfuncionales es grande y creciente es un factor importante para afirmar que hoy en día la gente sola sea más abundante que las parejas. Muchas personas crecen y se desarrollan con carencias afectivas de base que les impiden desarrollar vínculos sanos de pareja. Esto trae como consecuencia que las personas al final decidan construir su felicidad en solitario.

Sin embargo, la soledad parece no vender. La publicidad y los medios insisten en pintar que la realización personal debe llevarse a cabo en compañía, de la mano de la frase “y vivieron felices para siempre”.

El malquerer

Por otro lado, otros han caído presa de la trampa de las telenovelas y la publicidad. De ahí, que existan tantas mujeres y hombres tóxicos que hacen de la experiencia de la pareja una cárcel. Están las mujeres que son capaces de cualquier cosa con tal de amarrar a un tipo: embarazarse, entablar juegos de poder y manipulaciones con tal de que no las dejen. Algunos hombres también se prestan para esta serie de vínculos enfermos, sentando relaciones en las que el afecto está contaminado por altas dosis de abandono y desidia.

Hay vida más allá de la pareja

Sin embargo, son cada vez más las personas que estamos encontrando un sentido a nuestras existencias sin la necesidad de incluir a un compañero de camino. Los psicólogos incluso apuntan a que los adultos desarrollemos una identidad sin necesidad de que un segundo nos defina.

A los niños y los jóvenes sería bueno formarlos para que desarrollen una inteligencia emocional que los lleve a perseguir su plenitud personal y su realización de cara al crecimiento profesional, familiar y personal de cada quien. Si en la sociedad se difundiera que la experiencia de la pareja es una alegría complementaria, tal vez muchas y muchos ser ahorrarían frustraciones innecesarias.

ÉPALE 410