La primavera empieza en abril

En Venezuela el equinoccio no arranca el 21 de marzo. Gestas independentistas y libertarias de todos los tiempos han hecho florecer al pueblo como paridor de utopías que resuenan en el mundo entero

                                       Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                      Fotografías Angel Corao / Ernesto Morgado / Archivo

“Dios santo, que bello abril”

El periodista y dramaturgo Armando Carías irrumpió en el chat de la gran familia de la Fundación para la Comunicación Popular CCS con la lapidaria frase: “Les agradezco encarecidamente, que no me roben el mes de abril”. Todos al unísono reaccionamos con una alegría que parecía como si nos estuviéramos dando el feliz año. ¿Las razones? Muy simples. Para todo aquel que esté identificado con los profundos procesos de transformación histórica, social y política de Venezuela, abril tiene el sello de la lucha por la soberanía, su autodeterminación y la voluntad de construir mañanas en sus propios términos.

La fuerza con que abril ha ganado peso semántico y afectivo en los corazones revolucionarios se hizo tangible gracias al hecho de que el pueblo derrotó el golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez el 13 de abril de 2002.

Sin embargo, haciendo revisión de nuestra historia, nuestros ancestros también libraron fuertes batallas por la libertad de nuestro pueblo, precisamente en abril. Hagamos un pequeño recorrido alrededor de los hechos que marcaron un hito en nuestro inconsciente colectivo, y que nos recuerdan que abril en Venezuela es sinónimo de revolución.

En la historia de Venezuela, abril es una primavera revolucionaria.

Todo empezó con Madariaga

Vicente Emparan prendió la mecha
libertaria

Si creíamos que en nuestras tierras el desbarajuste viene desde 1998, nos equivocamos. En 1810 las cosas no estaban muy benditas por estos lares. Resulta que el Jueves Santo del 19 de abril de 1810 se reúne un Cabildo extraordinario como respuesta inmediata a la disolución de la Junta Suprema de España y la renuncia del Rey Fernando VII. Surgió un movimiento popular en la ciudad de Caracas el Jueves Santo del 19 de abril de 1810, iniciando con ello la lucha por la independencia de Venezuela. El movimiento se originó por el rechazo de los caraqueños al nuevo gobernador Vicente Emparan, quien había sido nombrado por la Junta Suprema de España, disuelta en ese entonces por orden judicial.

El 19 de abril, mientras el capitán general Vicente Emparan se dirigía a misa, un grupo perteneciente a la aristocracia criolla (hijos de españoles pero nacidos en América), miembros del Cabildo de Caracas, desconocen entonces al Capitán General de Venezuela, quien desde la ventana del ayuntamiento le preguntó al pueblo que se había reunido en la plaza mayor (hoy Plaza Bolívar) si quería que él siguiera mandando El presbítero José Cortés de Madariaga, le hizo señas a la multitud para que contestaran que “NO”. Emparan dijo que entonces él tampoco quería el mando, renunció y se fue a España. Se firma también el Acta del 19 de abril de 1810.

Se establece entonces una Junta de Gobierno que toma las siguientes iniciativas: establecer juntas similares en las provincias de Cumaná, Margarita, Barinas, Barcelona, Trujillo y Mérida; además de liberar el comercio exterior, prohibir el comercio de esclavos negros, crear la Sociedad Patriótica (para fomentar la agricultura y la industria), así como la Academia de Matemáticas. Se envían delegaciones diplomáticas a los países que podían apoyar la insurrección: Inglaterra, Estados Unidos y Nueva Granada. Tres provincias permanecen leales al gobierno establecido en España: Maracaibo, Coro y Guayana.

Este desconocimiento a la autoridad del Capitán General de Venezuela es un paso al 5 de julio de 1811, con la firma del Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela, en la que Venezuela declara formalmente su independencia.

La batalla de San Félix

Pero indagando más en nuestros eventos pasados, resulta que no fue el curita Madariaga quien inició la mecha libertaria. Un 11 de abril, pero de 1817, se llevó a cabo la Batalla de San Félix.

La Batalla de San Félix fue un enfrentamiento armado en la mesa de Chirica, en la Provincia de Guayana.

Manuel Piar y su legión apabullaron
a los realistas en 1817.

En esta batalla, Manuel Piar dirigía una fuerza de 500 fusileros, 800 lanceros de a pie, 500 indios flecheros y 400 jinetes. Esta legión apabulla al General La Torre y a los realistas, en Angostura, expulsando a los españoles el 17 de ese mes.

En abril de 1817, Manuel Piar expulsó a los españoles de Angostura

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Gracias a la batalla de San Félix los patriotas obtuvieron no sólo el rico territorio de Guayana sino el inmenso camino, tan útil como hermoso, del Orinoco. César Zumeta, al referirse a Piar y a San Félix, dice: «Formó ejército (Piar), venció por la previsión y el denuedo y fue él quien por primera vez asentó sobre fundamento indestructible la patria e hizo posible la organización de la República. Todo cuanto aconteció después data de San Félix. La campaña de Guayana fue la más trascendental y una de las más bellas de nuestro ciclo histórico”.

A cada 11 le llega su 13

Ya llevábamos rato sintiendo el florecer patrio en abril gracias a nuestros próceres. Sin embargo, el pueblo se vistió de lucha aquel 11 de abril de 2002, cuando salió al rescate de su presidente, Hugo Chávez, quien había sido secuestrado por la derecha en el golpe de estado más breve de la historia.

Desde su llegada a la presidencia, Chávez no paró de batallar contra los molinos de las trabas históricas que se resistían a morir. Una nueva constitución, un referendo y muchas medidas políticas lejos de calmar las aguas, avivaban la polarización y odios racistas ancestrales.

El imperio fraguó un golpe de Estado contra Chávez el 11 de abril de 2002.

Ese 11 de abril, la oposición había convocado a una marcha saliendo desde el CCCT, convocada por la Coordinadora Democrática y sus secuaces. El chavismo también convocó una contramarcha hacia Miraflores, y los ánimos se percibían muy caldeados. De pronto, la oposición decidió cambiar el rumbo de la marcha, y se enfilaron hacia Miraflores.

«Estamos arrechos porque dieron un golpe de estado y no nos la vamos a calar».

Mauricio Vilas

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Mientras tanto, Chávez buscaba llamar a la unidad nacional en una cadena de radio y TV, y las estaciones de televisión decidieron picar en dos la pantalla para mostrar la marcha opositora. Al llegar al centro, ahí los esperaban unos francotiradores, listos para llenarse de muertos y de excusas que sacaran del poder al presidente. En horas de la tarde, empezó la pesadilla.

“Yo estaba debajo de las escaleras de Puente Llaguno, y nos resguardábamos de los disparos. La gente estaba desesperada. Ahí entendí que lo que decían los medios entonces era mentira”, rememora Jesús Márquez, quien por infortunio fue testigo de excepción del fuego cruzado que se detonó en el centro.

Mónica Yesenia recuerda: “Mi mamá era ultra chavista, y se fue a Miraflores a exigir que le devolvieran a Chávez. De pronto prendí el televisor, y ahí estaba mi mamá encadenada a las rejas de Miraflores (risas)”.

Mauricio Vilas nos comparte: “Fuimos a ver qué pasaba. En Parque Carabobo la gente hablaba en las esquinas”. “Dieron un golpe, van a matar a Chávez”. Todos desconfiaban de todos. Algunos comenzaron a hablar en voz alta y a reunirse. Se fue formando una masa. Al principio eran pocos. Se fueron para la acera de la fiscalía general de la República. Gente de a pie, enojada y con miedo. Alguien tenía un banquito, otro se subió y dio un discurso breve. “Yo no voté por ellos, ¿Tú votaste por ellos?”; son cuatro gatos sifrinos decidiendo por todos; ¿Dónde está Chávez?, ¡Queremos ver a Chávez!”. “Esto es un golpe y no lo aceptamos, en la televisión ponen comiquitas mientras la policía nos reprime”. La masa comenzó a cantar consignas. Llegó un círculo bolivariano a organizar, pero se quedaron locos: la gente ya estaba organizada.

Abril por siempre

Para todos sigue siendo sorprendente ver cómo la determinación de un pueblo acabó con un macabro plan que pudo haber desaparecido a Chávez y a la Revolución Bolivariana de un plumazo. Cada abril, los revolucionarios no solo celebramos, sino que nos reafirmamos en el compromiso de mantener activo este proyecto de humanidad que les devolvió la dignidad a quienes no teníamos voz. Abril es una primavera eterna, pintada con tintes de revolución.

El 13 de abril de 2002 aún resuena en nuestras calles, recordándo a nuestro Comandante

ÉPALE 408