La Santísima Matrinidad

                  Por Nebai Zavala Guevara@nebalun • feminismosartes@gmail.com                     Ilustración Solángel Roccocuchi @ocseneba

Tres generaciones de madres llevando la gran responsabilidad: Ser mamá y no sucumbir ante ello , es algo inevitable. Suponemos que es la mayor alegría del universo, o así nos lo enseñaron. Lo que pienso es que cada experiencia de la maternidad es distinta y me atrevo a decir que trasciende a las mamás por las que biológicamente nos colocaron el nombre.

Ternura, amor, paciencia, entrega incondicional, perdón perpetuo y responsabilidad total en la crianza, son “cualidades” adjudicadas a estas señoras en las que sociedad indica se debe mantener de manera “normal” las bases de una familia y formación de sujetos “civilizados”. Cuestionable visión si miramos la historia de la humanidad.

Las experiencias propias y compartidas dicen otras cosas; incluso en la actualidad podemos observar esos calificativos otorgados a las madres en los diversos integrantes de la sociedad; nada tienen que ver con los orfanatos, escuelas de internados o retenes de menores. Me atrevo a decir que hoy tanto hombres como mujeres pueden asumir los atributos de una madre, hasta la comunidad.

En la época de mi abuela ser madre era una obligación social para toda mujer, aunque varias desde fines del siglo dieciocho sin ser monjas decidieron arriesgarse a no procrear y ¿qué pasó con ello? nada malo pasó. Mi abuela, casada, embarazada y divorciada compartió su maternidad con su mamá (la abuelita); señoras de cuido (matronas o nanas). Cuando ya no pudo más buscó los internados. Ella debía trabajar y mantener un status quo como una mujer profesional destacada, muchas por el contrario, no tuvieron hijos.

Con mi mamá las experiencias fueron algo diferentes, es de la generación que combina lo hippie con Alí Primera y aunque repitió patrones de crianza, hubo cierta rebeldía al dedicarse casi en su totalidad a la tarea, sin muchas herramientas para sobrellevar el peso de personalidades diferentes (las de mis hermanas y la mía) bajo una sola mirada.

Hoy hacia la tercera década del siglo XXI, luego de 100 años de historias puedo decir que heredé todas las formas de maternidad de mis ancestras. Madres al borde de un ataque de nervios porque sus hijos no entraban por el carril. Yo como madre viví once años en ese interín, aunque la globalización de la información y la pandemia determinan el cambio, así me llegó la noticia de que el cordón umbilical en las prácticas de la maternidad heredada puede cortarse, asumirse como un rol social, donde no hay moldes.

ÉPALE 412