Legado del saber hacer en la mirada del comandante

“Yo también soy una sujeto político, le dije a modo de advertencia, a ver si caía en cuenta de a quien estaba timando”

Por Aracelis García Reyes / Fotografía Mairelys González@mairelyscg27

Bajando la cuesta de donde habita, al norte de la ciudad de Caracas, a Chiquinquirá le va creciendo la indignación y los dedos de los pies le sudan entre aquellas botas para andar en la lluvia que suele ponerse, por si acaso. Nos topamos, nos damos el saludo bioseguro, con abrazo incorporado. La siento incómoda y le pregunto qué le pasa.

Desde hace días cargo una arrecherita –dice apenada-, como si estuviera diciendo una gran grosería. Me la quedo mirando queriendo descubrir lo que se niega a comentarme.  Insisto. Dice: “Te invito una malta y te cuento“. Cruzamos la plaza Candelaria, entramos en una panadería en la que otrora me comiera las mejores milhojas con fresa. Allí entre las burbujas de la malta, me soltó: “Creo que me estafaron”. Le pregunto: ¿cómo así?

Nuestra amiga la diputada, la invitó a una actividad y previamente le había hecho un pedido de orfebrería, “unas piezas caladas con los ojos del Comandante”. Durante seis  días trabajó día y noche para cumplir con el encargo. Buscó plata prestada para comprar la materia prima.

Llegó el día del evento, fue a entregar el pedido y tímidamente se sentó entre el público, desde donde escuchó su nombre. La diputada le pedía públicamente que colocara los collares de Chávez a la concurrencia. Ella muy emocionada se percataba de la contentura de las mujeres por el regalo. Una vez terminada la actividad la diputada se acercó a ella, conversaron unos minutos. Chiquinquirá le contó de su trabajo y de las durezas que le impuso la pandemia, pero de lo feliz que se sentía cuando realizaba estas piezas. “Chávez sigue en mi, sale por mis manos y hasta me da de comer” dice, mientras ríe. Se abrazan.

Chiquinquirá, se percata que aun no le han dicho cómo, ni cuándo le van a pagar, y modestamente le pregunta. Ésta, un poco apenada también, le hace señas a un joven que se aproxima rápidamente, quedando entre ambas, como ejemplo de una “generación que entiende estos tiempos”. La diputada lo encarga de realizar los trámites para el pago. “Diligente” comparte números telefónicos con quien hasta ahora ha dicho orgullosamente que es artesana. Le promete cancelar el día siguiente y se despiden.

Chiquinquirá emprende el regreso a su casa. Recuerda que ese día iba tarareando la Fiesta de Joan Manuel Serrat “Vamos subiendo la cuesta… Hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha…” satisfecha,  no podía ser de otra manera, va planificando el baño de oro que le aplicará a una obra que ha preparado para participar en el concurso Bicentenario de la Batalla de Carabobo.

Lo que Chiquinquirá ha vivido, desde ese momento de reconocimiento público a su oficio y a ella, ha sido lo más cercano a un vía crucis, “Vente mañana, nos vemos en media hora, estoy en Táchira y al llegar te llamo, te espero a las seis en la base de misiones”…  A la fecha, el pago nada que se concreta y Chiquinquirá obstinada y en pleno conocimiento de que el tipo está vulnerando sus derechos económicos, decide iniciar una serie de acciones, entre las que se cuentan, no quedarse callada. Ya al final de nuestra conversa, me dice: “Estoy indignada chica, porque las piezas eran alegóricas a la mirada de Chávez y porque el tipo me hace esta vaina, por mujer”

No es la primera vez que una artesana o artesano es engañado en su buena voluntad y entusiasmo por mostrar su trabajo y por ser reconocido en su proceso creativo y productivo. La producción de artesanía permite la subsistencia sin convertirse necesariamente en una mercancia, lo que no quiere decir que se realice solo para complacencia espiritual.

A quienes como el joven, de quien omitimos su nombre “por ahora” a petición de Chiquinquirá, piensen que timar un artesano o artesana es una afrenta individual, se equivovan grandemente. Le recordamos una de nuestras premisas del escrito anterior publicado por este mismo medio: La artesanía es memoria colectiva, histórica e identitaria y colectivamente se defiende.

ÉPALE 433

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