LGTBIQ+

                          Por María Eugenia Acero Colomine • @mariacolomine                                    Ilustración Astrid Arnaude • @loloentinta

Me monto en una buseta y diviso a dos muchachas abrazadas mientras conversan amenamente. Cuando me doy cuenta, se trata de una amiga muy apreciada y su pareja. Nos saludamos con cariño y conversamos de lo humano y lo divino a lo largo del recorrido. Verlas abiertamente afectuosas, y poder conversar entre amigas en una unidad pública delante de todo el mundo, lo sentí como una pequeña victoria. Mi amiga Chea Rodríguez es una brillante abogada y profesora universitaria transgénero que logró ser admitida y reconocida en su identidad de género en la Universidad Bolivariana de Venezuela. Este caso fue el primero en su estilo, mucho antes de que Tamara Adrián se catapultara en la Asamblea Nacional. Stayfree fue en los años noventa el ícono de la modernidad al derrochar autenticidad y estilo en la nocturnidad caraqueña. Su carisma no se limitó a ser un afamado socialite de la movida underground de la ciudad, ya que su columna Te lo juro por Madonna se caracterizó por una voz literaria muy definida. El personaje gay de Stayfree en el programa de televisión Noche de perros no fue solo un marico contoneándose y haciendo escándalo. En cada performance, Julian Eduardo (Stayfree) exorcizaba los tabúes conservadores del macho vernáculo venezolano. Paul Pelao es un chico trans que se las jugó a por todas, y dejó su identidad como mujer para irse transformando paulatinamente en un tipo bien parecido que inspira con sus rutinas Sandra Méndez un buen día entendió que nunca había sido mujer, y empezó a hacerse llamar Sasa. Ahora, él aboga por los derechos trans en Dresden,
Alemania y escribe poesía gay.

Todos estos ejemplos, son casos reales de gente cercana a mí que quiero, aprecio y admiro. Son personas que un buen día decidieron hacerle caso a su corazón, y se aventuraron en la travesía de ser ellas y ellos mismos en una sociedad machista, conservadora y llena de fobias, complejos y tabúes.
Estas personas son una pequeña muestra de la gran cruzada mundial que viene batallando la comunidad sexodiversa para que sus derechos humanos sean reconocidos, y puedan vivir con dignidad como cualquier ser humano.

Historia de una causa

A pesar de que la homosexualidad acompaña a la humanidad desde los tiempos de María Castaños, en el siglo XX existían fuertes prejuicios en contra de todos aquellos que no eran heterosexuales. Tanto es así, que no es sino hasta el 17 de mayo de 1990 que la asamblea general de la Organización Mundial de la Salud elimina la homosexualidad de su lista de enfermedades psiquiátricas. La represión en contra de las personas homosexuales, bisexuales, transexuales y transgéneros llegaba al punto de fustigarles con la satanización, la tortura y la muerte.

Todo habría continuado así de no ser porque un grupo de homosexuales un buen día dijo “Basta”. El origen de la fecha del Día del Orgullo LGBTIQ+ se remonta al 28 de junio de 1969 cuando en un bar de Nueva York llamado Stonewall, gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, intersexuales, queers (LGBTIQ+) cansados de los continuos hostigamientos de la policía, decidieron enfrentarla, rebelándose contra un sistema político que avalaba la discriminación, la persecución, el hostigamiento y la violencia sistemática contra la comunidad.

Aquel acontecimiento bisagra en la historia del movimiento de la diversidad sexual internacional, fue el primer paso en el camino hacia el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTTIQ+ y la primera manifestación pública de reivindicación gay. En conmemoración a aquel día, cada año se realizan actos, concentraciones y marchas tanto en Nueva York como en casi todas las ciudades del mundo.

Esta movilización social fue el punto de partida para que la comunidad no heterosexual del mundo empezara a unirse y organizarse para exigir reivindicaciones sociales a sus derechos humanos. La lucha por la aceptación de la comunidad LGTBIQ+ en la sociedad ha sido sostenida y sin descanso, ya que el estigma de la sociedad sigue siendo artero y amenazante de la integridad física y moral de las personas no heterosexuales. El orgullo gay no es un mero capricho para mostrar personas extravagantes y pervertir a la gente con muestras de sexualidad desenfrenada. Es una victoria de los sobrevivientes del odio y el clamor porque las personas no heterosexuales puedan vivir plenamente, sin miedo, sin asedio y sin segregación.

ÉPALE 465