Loro viejo no aprende a hablar

Por María Alejandra Martín@maylaroja / Ilustración Erasmo Sánchez

“La vejez es un tirano que prohíbe,
bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.

Francois de la Rochefoucauld

Lidiar con el paso de los años no es tarea psicológica fácil, existe una creencia generalizada en la que con el paso de los calendarios se van nuestras capacidades de intentar cosas nuevas, este mito contribuye a que la vejez se mire desde el cristal de la resignación, y en dicha etapa es mucha de por sí, la frustración que puede significar ir aceptando el fin natural de nuestros días y más con la diversidad de formas en la que se puede ser un adulto mayor y con toda la vulnerabilidad que eso implica en nuestra sociedad.

Contraria a esta opinión subyacen en mí vivos ejemplos de lucha, que saltan a la vista, en donde la actualización no es más que un proceso, en el cual si pones el YO SI PUEDO por delante la disciplina, creatividad y la constancia aportan frutos.

He tenido amigos mayores que al estudiar un nuevo idioma, realizar un curso, actualizarse digitalmente, atreverse a enamorarse, haciendo ejercicio y hasta asumiendo errores e ideas equivocadas al clamor de lo que va cambiando con el paso de los años consiguen no cerrarse a aprender.

Tengo una tía que vivió la transición del proceso de creación de un periódico desde su orígen en la rotativa y a una edad entradita en años; con empeño logró ser el referente de la digitalización periodística. La actualización de mi madre ante el uso de las redes sociales y la tecnología, la falta de resistencia al aceptar nuevas ideas inclusivas me han hecho sentir agradecida y profundamente apoyada e inspirada. Entendiendo que así como se aprende de esos loros de larga data también los loros aprenden de sus loritos.

Nunca es tarde para ponerle empeño a algo que te apasiona, ojalá la vejez me consiga lúcida y con camino por recorrer, más feliz que algunos viejitos amargados, no contribuir al auto saboteo y al saboteo generacional de quien crítica como un boomer a las nuevas generaciones y sus modismos desde el juicio de superioridad moral de que “eso no se veía en mis tiempos”. Rompamos con los prejuicios y así como cambian las generaciones, entendamos que podemos cambiar nosotros y nuestras mentalidades, asumir creencias obsoletas y deslastrarlas de nuestro imaginario colectivo. Como el vivo ejemplo de esos viejitos de la plaza El Venezolano que lejos de la queja van a echar un pie cada viernes y que con alegría se actualizan y ahora tienen WhatsApp e ideas siempre frescas ya que el aprendizaje revitaliza, y este es un llamado a la vida.

ÉPALE 444

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