Los conejos de Sabana Grande

Por Maythe Morales • @maythe_morales / Ilustración Justo blanco

Cuando era pequeña tenía una relación muy estrecha con mi abuela materna. Cuando íbamos a los mercados populares, ella tenía el hábito de “regalarle pollitos de colores a sus nietos”, al final, ella los terminaba criando para alimentación, pues tenía más aves de corral y otros animales de consumo.

Desde entonces los hábitos populares no han cambiado, la gente sigue comprando pollitos, y ahora de moda, y para su desgracia, los gazapos (crías de conejo).

Cuando vamos por zonas de alto tránsito peatonal, como el bulevar de Sabana Grande, podemos ver a plena luz del día mercaderes de animales con canastos abarrotados de conejitos, sin las condiciones y consideraciones mínimas de bienestar animal. Los animales son sometidos a intenso calor, poca o ninguna ingesta de agua o alimentos de calidad, durante muchísimas horas a lo largo del caluroso día, sin contar que la venta de animales vivos, tanto de consumo como de compañía de manera ambulante, está prohibida por ley en la Ordenanza Municipal de Libertador y en la Ley de Fauna Doméstica Libre y en Cautiverio.

Estos vendedores muestran estos animales directamente a los niños, los estimulan de manera invasiva, delante de sus padres, para que de alguna u otra forma se vean obligados a comprar uno de estos animalitos.

Cuando esta transacción ocurre nos hacemos cómplices de esta ilegalidad, pero además, nos hacemos parte de la cadena de maltrato animal, pues, para llevar un animal a nuestra casa debemos prepararnos, formarnos y tener recursos para todo lo que se necesita. Cuando le compramos un conejito a un niño pequeño exponemos al animal, porque por lo regular, a los niños muy chiquitos no se les ha educado, sensibilizado a cómo tocar, manipular, atender y alimentar a animales tan frágiles desde el punto de vista físico. Por lo regular, estos animales entran en las casas sin ser considerados vidas; son vistos como juguetes, como cosas que no sienten dolor, frío, hambre y es cuando la vida de estos animalitos entra en riesgo, pues no son cuidados como se debe.

Mi recomendación es, primero, no comprarlos, para así cortar esta cadena de sobreproducción y maltrato animal.

Segundo, educa a los niños y niñas a que tengan un enfoque amoroso y de respeto por el resto de los seres vivos y nuestra Pachamama, así en unos años, tendremos esa sociedad del cuidado y humanista que siempre soñamos.

ÉPALE CCS N°476