Los corredores instagramer (II)

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Yulia Pino@arte_moon88

La semana pasada comencé un recorrido por el mundo de los corredores y trotadores que se aplican a las redes sociales. Lo hice con los instagramer, pero me quedaron  pendientes unos subgrupos.

Uno de esos es el de los que usan Instagram como su “querido diario”. En lugar de escribir sus narraciones, descripciones y reflexiones en un cuaderno o en la computadora, estas personas las ponen en su cuenta IG, acompañadas de fotos o de planos de la ruta cumplida.

Los corredores y trotadores siempre han escrito diarios. Antes del diluvio digital, muchos usaban (yo lo hice) unas pequeñas agendas que solían regalarse en diciembre. Ahora, los corredores instagramer tienen la posibilidad de hacer lo mismo, pero que la información no se quede encerrada en una gaveta, sino que alguien la vea.

Claro que esto tiene un peligro inherente a todas las redes sociales: “la tentación de embellecer”. Consiste, dicho sin atenuantes, en mentirle a tus seguidores diciendo que corriste 5K y solo medio trotaste 2. ¡Cobero! Pero, no te enrolles, pues en las redes todo el mundo tiene vidas perfectas. Es parte de su encanto.

El otro subgrupo es el de los instagramer que te quieren vender algo. Montan una página en esta red social sobre el arte y la pasión de correr, le aportan contenido (como mandan los coach, gurúes y community managers) y cuando tienen un cierto número de seguidores, se vuelcan al lado comercial y te ofrecen zapatos y ropa, relojes, lentes, bolsos y cuanta cosa se ha inventado para llevar, ingerir o consumir a la hora de correr. También hay quien se ofrece como entrenador personal, masajista o consejero especializado.

Siguiendo las reglas del negocio digital, no faltan los corredores instagramer que están engordando sus cuentas para luego vendérselas a alguien que no quiera empezar desde cero en eso de los seguidores y los “me gusta”. ¡Qué gente tan avispada!

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