Los hijos de la pandemia

Cham@s que acceden a toda la información y a cualquier tecnología, pero que no se tocan ni se comunican. La prole que crece en medio del coronavirus presagia un quiebre generacional

                                      Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                          Fotografías Mairelys González@mairelyscg27

Ansiedad y depresión son dos emociones que no debieran de experimentar nuestros niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, son las expresiones más utilizadas para definir la salud mental de nuestros muchachos en este largo año y medio de pandemia.

No han sido necesarios los informes de la Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) para darnos cuenta de que algo raro estaba pasando en casa, más allá de la adopción de las medidas de bioseguridad. Desazón, aislamiento, tristeza, han detectado los padres observadores en sus hijos durante este complejo trance inconcluso al que nos ha sometido la covid-19.

El cambio de una gran cantidad de mecanismos de socialización, han obligado a los niños y niñas a modificar el molde con el que se cuece el arrebato infantil: esa manera deslumbrada de aprehender las cosas, de asirse al mundo, de abordar la fantasía de existir hasta que finalmente te haces adulto y te apresan las obligaciones.

Por ahora van ganando las tecnologías, que llegaron para sustituir el roce de piel y el intercambio de alientos por los algoritmos, en una distopía previsible que se creía mucho más distante de nuestra cotidianidad.

La Unicef estableció que los efectos de la pandemia sobre 169 millones de niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe son devastadores, tanto en asuntos de estabilidad emocional como en otra circunstancia igual de apremiante: los embates socioeconómicos. Se calcula que en este período se redujo en un 7% el PIB, lo que implica, en palabras de Jean Gough, su directora regional, un “decrecimiento económico que va a tener un impacto social muy grande en la región”.

Los mecanismos de socialización han cambiado con la cuarentena

Quizás un renacer

“Para mí, que me crié nadando en el mar, trepando árboles, corriendo, jugando fútbol, etcétera, es como muy extraño este nuevo mundo de aislamientos. Creo que la virtualidad llegó para quedarse. Dentro de muy poco se borrarán las fronteras físicas y políticas. Quizás, la diferencia ya no será motivo de escándalo” asegura el educador chileno-venezolano Marcelo Seguel Bon.

El escenario más común lo describe la artista plástica Adriana Herrera, al referir la experiencia de su hijo: “No más clases de música, Jaime Altozano (youtuber), y el teclado que le regaló otro tío antes de irse a España, lo mantuvieron activo en lo que nos ha salvado la vida desde antes de nacer. La escuela en casa se volvió tareas de la tarde, el horario de sueño se corrió unas horas y sé que fue general porque otras mamás me lo comentaron en la escuela cuando iba a entregar las actividades en el cuaderno y él me preguntaba: ¿mamá, por qué ahora yo no voy a la escuela pero tú sí? No recuerda a sus compañer@s de clases… Poco a poco va socializando más y le estamos haciendo regular ir al estadio por las tardes o tras la lluvia, cuando hay menos personas y se suelta a correr ganándole a los más grandes. Explora y colecciona palos, piedras y hojas y se parece a Peppa cuando ve algún charco. ¡Ah! Por cierto, dice que la pandemia se terminará realmente en el 2024, su fuente para mí es más valedera que la OMS: su intuición”.

Ahora están teniendo mucho más tiempo libre y están volviendo a ser niños verdaderos, a pesar de parecer contradictorio

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El universo on line ha pervertido el confinamiento

Otra madre apremiada, la ilustradora y artista Sol Roccocuchi, nos ofrece su versión: “En todo el planeta ha habido como un renacer: se está poniendo verde, está lloviendo más, los animales están recuperando su espacio. Los niños también, porque antes estaban en el colegio, tareas dirigidas, actividades extracurriculares, y ahora están teniendo mucho más tiempo libre y están volviendo a ser niños verdaderos, a pesar de parecer contradictorio. Me parece que esta situación los está haciendo más maduros que nosotros que éramos tan infantiles. Pienso que esto sí va a ser más duradero, y así como nosotros somos hijos del Caracazo y por eso inventamos qué comer, los niños de ahora son más creativos porque además tienen acceso a más herramientas y acceso a la información y a todo”.

Los niños sin límites

Detenidos en casa o autorizados para ensayar breves escarceos callejeros en la semana flexible, a diferencia de cuando eran “casi” enteramente libres y afrontaban el mundo exterior con toda naturalidad, nuestros niños, niñas y adolescentes están sometidos a una lista de condicionamientos que muchas veces logran sortear osadamente, como quien arriesga la vida. Muchos, con familiares caídos en batalla por causa del coronavirus, se vuelven kamikazes y viven la cotidianidad bajo el yugo de la sospecha, pues casi cualquier contacto humano viene cargado de peligros.

Según Mercedes Reyes, psicopedagoga y orientadora de la conducta, “el papel del maestro también fue afectado al pasar a impartir la educación a distancia y adaptarse al cambio. En el caso de los educandos, la incidencia del efecto emocional-social ha sufrido un impacto significativo, primero por la separación imprevista de las experiencias significativas tan importantes en su desarrollo psicoeducativo, dejando secuelas de apatía y desmotivación al logro. El aislamiento en casa los enfrentó a la confusión de roles, de ver a los padres como maestros, de reorientar sus hábitos de estudios. Esto sin mencionar si viven en condiciones de hacinamiento, riesgo de posibles abusos psicológicos, físicos o sexuales”.

Liliana Cubillos piensa parecido. Psicóloga escolar, docente y miembro del gremio de Psicólogos por el socialismo, considera que la otra pandemia que se aproxima es la de la salud mental de nuestros chamos, una vez tengamos control del covid como virus.

Hay distanciamiento social cuando los chicos están diez o doce horas frente a una computadora jugando, pero también se está reforzando una adicción terrible

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Explica que uno de los efectos de la pandemia sobre nuestra manera de relacionarnos, tiene que ver con el quiebre de la intimidad en nuestros espacios. Sobre todo si conviven dos grupos etarios tan distintos como niños y adolescentes, cuando estos últimos demandan su aislamiento.

Las hostilidades y contradicciones también se ponen de manifiesto en la flexibilización, en los límites de horarios, uso de los recursos tecnológicos, acceso a la información, etcétera, para darle paso a “un niño sin límites” que se ha vuelto cada vez más adicto a las redes y los juegos interactivos desde más temprana edad.

“Si, hay distanciamiento social cuando los chicos están diez o doce horas frente a una computadora jugando, pero también se está reforzando una adicción terrible hacia las tecnologías así hablemos de las tareas escolares. Yo particularmente le digo, lo de la educación on line fue un fracaso. Al final las maestras terminaron enviando una cantidad de tareas y actividades por wasap desde el niño más pequeño hasta el universitario, y ellos lo que hacían era copiarse, sin garantizar aprendizaje significativo ni reflexión lógica” enfatiza.

Cubillos, miembro del grupo EON de atención sicológica a niños en situaciones vulnerables (Fasac-Alcaldía de Caracas), también denuncia el temible efecto de todo este cuadro sobre la adquisición del habla de los pequeños, cada vez más aislados en su entorno íntimo debido a la particularidad de que si bien sus padres están en casa, en la mayoría de los casos se mantienen cargados de trabajo virtual que triplicó las responsabilidades, sobre todo de la mujer, con la atención del hogar, las clases virtuales y la propia atención de los hijos.

Ni hablar de la inteligencia preverbal, concluye, al señalar que el niño pequeño necesita de la practicidad y el movimiento, al contrario del chamo cautivo en casa que tenemos hoy, inmovilizado por las circunstancias.

Uno de los más singulares indicadores detectados por Cubillos, es el incremento de asistencia a consulta de adolescentes, muchos presentando problemas con el consumo de drogas, lo que ahondó los conflictos de familia con padres también consumidores.

Niños sin límite con acceso a toda la información, aunque no al roce

ÉPALE 429