Los niños avanzan sobre la ciudad

Una ciudad recogida y triste parece despertar de su letargo, luego de casi año y medio de confinamiento. Los más pequeños parecen llamados a la reconquista desde su ecosistema natural: los parques

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano Michael Mata @realmonto

Como piquetes facciosos que poco a poco avanzan sobre Caracas, hordas de chamos y chamas utilizan la semana de flexibilización para retomar los espacios arrebatados por la cuarentena.

La vanguardia se ha atrevido, incluso, a marchar con paso precavido sobre los días radicales en su fórmula de 7+7, aprovechando que cada vez suena con más insistencia la hipótesis de la inmunización de rebaño y los efectos de la vacunación a escala nacional que lleva adelante el gobierno revolucionario.

Hordas de chamos y chamas utilizan la semana de flexibilización para retomar los espacios arrebatados por la cuarentena.

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Conquistan palmos de territorio ataviados con sus clásicos pertrechos de guerra: shorts y franelas, zapatos deportivos, bicis, patines y patinetas, y unos co-mplementos extraídos de la prehistoria por los más atrevidos cerebros de la ingeniería militar: peloticas de goma, metras, trompos y yoyos, que han regresado desde las ruinas del pasado por un milagro pandémico.

Ya quisieran Mark Twain, Aquiles Nazoa, Julio Verne y el resto de los poetas que soñaron con los niños alzados, ser testigos presenciales de este inaudito momento histórico en el que los muchachos se posaron sobre la ciudad con espíritu heroico, exigiendo la reconquista pero no a sangre y fuego, sino a juego y golosina.

Escribió Andrés Eloy, hablándole a los chiquitos:

Que no duerma nadie,

porque no los dejas,

que la misma Virgen

se quede despierta

Los espacios cercanos a las casa siempre son la opción más factible              Foto Enrique Hernandez

y que se trasnochen

hasta las estrellas

y las pille el día

toditas afuera…

No cierres los ojos

porque me ennochezco,

no cierres los labios

porque me ensilencio;

gritando de día,

de noche, gritando,

que yo tenga siempre

tu grito en mis brazos…

La diversión y la alegría no saben de pandemias

Veinte parques a escoger

Es un rescate que ha costado litros y litros de juguitos para fabricar chupis y tetas, consumidos a granel durante la dura espera del avistamiento de cualquier resquicio libre para asaltar, con la esperanza cifrada siempre en que las acciones sobre el campo de batalla dejen la menor cantidad de bajas posibles, sobre todo de carajitos retenidos en casa por órdenes expresas de papá y mamá.

Alguien soltó por WhatsApp y TikTok que existen, al menos, veinte parques naturales en Caracas, además de un sinfín de parquecitos de bolsillo, y la especie se convirtió en un clamor popular que ha enardecido a las masas infantiles, desesperadas por estos 16 meses de confinamiento obligado, a expensas del estrés de sus padres y de un novísimo mecanismo de tortura jamás visto, incluso peor que la famosa “tortura china”: las tareas online, un sistema urdido para asesinar el espíritu revoltoso de los estudiantes que tienen derecho a respirar luego de 18 horas de quehaceres escolares.

“¡Hay parques por montón!” advirtió un pequeño teniente coronel, y dibujó un mapa que dejó colar como meme en los muros de Facebook, trazando una telaraña de colores sobre toda la ciudad, con ornamentos de confites y serpentinas.

Alguien soltó por WhatsApp y TikTok que existen, al menos, veinte parques naturales en Caracas.

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Se trata de un prometedor campo de acciones que se embellece al norte con el Waraira Repano, verdecito como nunca, invitando a las acciones rápidas como escaparse para experimentar un chapuzón en la quebrada Chacaíto.

El Waraira se yergue como una opción natural en la semana flexible. Foto Mairelys Gonzalez

Seducidos por la cercanía del triunfo, los muchachos perfilaron acciones estratégicas en el parque Ezequiel Zamora, también llamado paseo Guzmán Blanco, paseo Independencia o parque El Calvario, tantos nombres para una colina que podría simplemente denominarse El Mirador de los Niños, territorio conquistado para avistar desde las alturas el perfil rugoso del municipio Libertador.

Más al oeste, se habla de un territorio táctico, necesario para cubrir todos los flancos de la ciudad: es el parque Alí Primera o parque del Oeste, para el que fue comisionado un destacamento que ya lleva varias escaramuzas, paseandito felizmente, mientras siguen en paralelo las jornadas de vacunación, el uso obligatorio del tapaboca y el metro y medio de distanciamiento social.

El Laguito y Los Próceres son plazas complicadas, que están siendo evaluadas por el alto mando de insurgentes que quieren aprovechar la operación Gran Cacique Indio Guaicaipuro para hacerlas definitivamente suyas. Mientras, se perpetran acciones sigilosas de chamitos que aprovechan sus anchas aceras para comer cotufas y corretear sin rumbo.

La contrainteligencia infantil, infiltrada entre los adultos, advirtió que Los Caobos está pagando, liberado desde hace un tiempo, esperando la avanzada de escuadrones de la risa dispuestos a inmolarse a carcajadas entre el teatro Teresa Carreño y la Casa del Artista, chapuzando las aguas de la fuente Venezuela o tratando de trepar sobre las anchas espaldas del elefante dorado a escala real.

Los Caobos es uno de los parques más concurridos de la capital

Armados de chucherías

Hacia el este se calcula una inmensa ofensiva operacional de partisanos de la torta de chocolate y la Nutella. Saben que es territorio habitualmente enemigo, por lo que la cruzada tiene prevista la suma de varios frentes conjuntos en la llamada –desde ya– reconquista del parque Generalísimo Francisco de Miranda o parque del Este, donde está previsto instalar un comando general de muchachitos realengos armados hasta los dientes de caramelos de jengibre, zanahorias, para repartir entre los monos titíes y jugo de papelón con limón para el calor que reina en plenas vacaciones de julio a septiembre, lo que antes se conocía como vacaciones escolares, que desde marzo del año pasado se hicieron insoportablemente infinitas.

Como Bolívar y sus tácticas distractoras en las postrimerías de la Batalla de Carabobo, hace 200 años, se sabe que los chamos y chamas se disponen a desplegarse en puntos estratégicos de la geografía capitalina como un aporte a las doctrinas de la seguridad nacional, a fin de cerrarle el paso al coronavirus y a todo lo que atente contra su propia placidez. Por ello avanzan en unidades especiales, como carros particulares y camioneticas por puesto, varios destacamentos de fusileros que piensan hacerse fuertes en los parques Vinicio Adames de Hoyo de la Puerta, el parque Nacional Macarao, el parque Caballito en Chacao y el parque Galindo en La Urbina, donde se están construyendo trincheras amorosas que parecen vientres.

Es la hora 0 de la Covid-19, dicen esperanzados los niños, amenazando con que ya está bueno ya. Proponen llevarle la contraria a quienes dicen que Caracas es una ciudad inhóspita y virulenta, por lo que exigen, en su pliego de peticiones, acabar con el déficit de espacios públicos para el uso y disfrute de los más pequeños de la casa, objetivo que casi se cumple con los “parques de bolsillo” distribuidos en toda la ciudad desde antes de la ampliación de la cuarentena.

Por eso marchan con paso marcial sobre las esquinas gordas y los ángulos muertos de la capital donde haya espacio para correr, gritar, jugar, ensuciarse y joderle la paciencia a cualquier desprevenido, en alianza con algunos padres díscolos y bajo la mirada torva y amenazante de las madres más escrupulosas.

Si algo identifica a Caracas es su vocación juguetona y caribeña. Dicen los muchachos que tanta luz, tanto verdor, tanto azul, tantas aves tropicales sobrevolando los cielos diáfanos, no pueden estar ahí para que uno los mire desde un balcón, detrás de los cristales y las ventanas. Por eso, todo parece indicar que esta es la madre de todas las redenciones y la felicidad de los niños escandalosos y desatados volverá a imponer la fraternidad sobre la tierra.

El parque Miranda o del Este, bastión de la alegría infantil

ÉPALE 422